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miércoles, 1 de agosto de 2012

Borges, "El amenazado"


A propósito de Borges, ese autor frío e intelectual, este poema sospechosamente ausente de sus últimas Obras Completas.

Es el amor. Tendré que ocultarme o huir.

Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado,
pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes:
el ejercicio de las letras,
la vaga erudición
el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte
para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad,
las galerías de las bibliotecas
las cosas comunes,
los hábitos
el joven amor de mi madre,
la sombra militar de mis muertos,
la noche intemporal,
el sabor del sueño?

Estar contigo o no estar contigo,
es la medida de mi tiempo.

Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente,
ya el hombre se levanta a la voz del ave,
ya se han oscurecido los que miran por la ventana,
pero la sombra no ha traído la paz.

Es, ya lo sé, el amor:
la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria,
el horror de vivir en lo sucesivo.

Es el amor con sus mitologías,
con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)

El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

miércoles, 11 de julio de 2012

Wislawa Szymborska: "Vietnam"



Mujer, ¿cómo te llamas? -No sé.
¿Cuándo naciste, de dónde eres? -No sé.
¿Por qué cavaste esta madriguera? -No sé.
¿Desde cuándo te escondes? -No sé.
¿Por qué me mordiste el dedo cordial? -No sé.
¿Sabes que no te vamos a hacer nada? -No sé.
¿A favor de quién estás? -No sé.
Estamos en guerra, tienes que elegir. -No sé.
¿Existe todavía tu aldea? -No sé.
¿Éstos son tus hijos? -Sí.


De Mil alegrías, un encanto (1967)
Traducción de Gerardo Beltrán.


lunes, 22 de junio de 2009

'Descomprender'

Pablo Neruda contaba en sus memorias un episodio conmovedor que le había ocurrido al poeta medio andaluz Pedro Garfias cuando, terminada la guerra civil, hubo de marchar al exilio. Relata el chileno de qué modo Garfias fue a parar durante su destierro al castillo de un Lord en Escocia. Abrumado tal vez por el peso de las piedras inmortales y la sensación de profunda soledad que sentía en su improvisada residencia, el poeta se desplazaba cada día a la taberna del condado y, sin hablar con nadie -pues no dominaba el idioma del país sino, adereza Neruda, “apenas un español gitano que yo mismo no le entendía”- se bebía su cerveza seguramente, pienso yo, recreando una y otra vez en su mente el triste destino de su pueblo.

El caso es que, sigue contándonos el autor del Canto general, una noche, cuando todos los parroquianos abandonaban el local, el tabernero le rogó que no se marchara, y así los dos siguieron bebiendo solos en el local, en silencio.

Este ceremonial se repitió a partir de aquel instante cada noche. Sólo que poco a poco, a medida que el tiempo pasaba y su confianza se iba agrandando, el mutismo de los primeros días fue quebrado y cada cual se lanzó a contarle a su compañero el relato de su propia vida. Garfias le hablaba al escocés de mil historias de la guerra de España, mientras éste le escuchaba con el máximo respeto. Y al revés, el poeta andaluz seguía con la misma entrega las batallas del tabernero a pesar de que tampoco entendía ni una palabra de lo que le estaba contando.

Como no podía ser de otra forma, se hicieron amigos y cuando tuvieron que separarse se dieron un abrazo emocionado.

Ninguno de los dos había entendido nada de lo que el otro le decía, pero a pesar de todo, escribía Neruda que le había asegurado Garfias, siempre tenían la imprensión de comprenderse.

Cuento esto porque esta franca comunión de soledades me parece la perfecta antítesis de lo que suele suceder casi siempre. Nuestras vidas discurren sobre el legado común de la lengua, en este caso el español, un potentísimo vehículo de cultura y conocimiento. Sin embargo, a pesar de compartir este patrimonio, nos empeñamos en hacer como que no entendemos a nuestros semejantes. Esto lo vemos cada día en el discurso político a través de la obstinación de líderes de distintos partidos que hacen todo lo posible para descomprender lo que su rival ha querido o podido decir.

Lo hemos comprobado con el reciente caso de los chiringuitos, donde el común deseo de que pudieran seguir abiertos ha degenerado en una lucha a nivel provincial por ver quién quería más a Málaga y los malagueños.

En el fondo, Garfias y su tabernero hablaban idiomas distintos pero una misma lengua. Ésa que no se aprende, que se lleva por dentro.

jueves, 24 de abril de 2008

Gelman y la memoria

(Juan Gelman dedicó 23 años de su vida a buscar a su nieta Macarena. Lo logró en 2000, cuando ésta contaba ya 24 años. Por una perversa devolución de favores, los represores argentinos dejaron a las autoridades de Uruguay llevarse a ese país a dos prisioneras embarazadas: una era su nuera María Claudia, que voló a Montevideo acompañada por los oficiales José Gavazzo y Manuel Cordero. Según ha contado el propio poeta: "esperaron el nacimiento de la beba y dos meses después se la arrebataron, asesinando a María Claudia en Uruguay". No se sabe aún dónde escondieron el cadáver, aunque por el asesinato está acusado el policía militar Ricardo 'Conejo' Medina, quien habría entregado a María Macarena, a su tío, el comisario Angel Tauriño, como un "obsequio", ya su esposa sufría de esterilidad. Foto: Diego Sinova)

"Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. "¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!", exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular."

(Fragmento del discurso de agradecimiento realizado en el acto de entrega del Premio Cervantes de 2007. Para leer el texto íntegro en pdf, pulse aquí)


martes, 15 de abril de 2008

Hoy ha muerto hace setenta años César Vallejo

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...

"Piedra negra sobre una piedra blanca" (de Poemas humanos)

domingo, 20 de enero de 2008

Poemas del ocaso

Decía el poeta alemán Gottfried Benn, que la poesía debía ser “exorbitante” o no ser. También afirmó alguna vez que un gran poeta, a lo largo de su vida, raramente podía llegar a componer cinco o seis poemas realmente logrados, “exorbitantes”.

Desde luego, puede decirse que el autor de Morgue y otros poemas–su primer e impactante libro-, a pesar del desconocimiento general que de su obra existe en países como el nuestro, alcanzó esa cuota a lo largo de más de 40 años de trayectoria, en la que la poesía y su obra en prosa convivieron con el ensayo, dentro del cual la reflexión estética alcanzó un altísimo nivel.

En 1956 Benn, poco antes de morir, escribía su último poema, “Nadie puede estar triste”, que el brillante hispanista colombiano Rafael Gutiérrez Girardot traducía al español- dentro de la que sería una de sus últimas colaboraciones-, para el cuarto número de la desaparecida revista La Pluma y el Tiempo. Leemos un fragmento:

“Llevamos en nosotros semillas de todos los dioses,
El gen de la muerte y el gen del placer:
quién los separó: las palabras y las cosas,
quién las mezcló: los tormentos y el lugar,
en el que concluyen, madera con quebradas de lágrimas,
por breves horas un lamentable hogar.

Nadie puede estar triste. Demasiado lejos, demasiado amplio.
Demasiado intocables cama y lágrimas,
ni un no, ni un sí,
nacimiento y dolor corporal y fe,
un ondular, sin nombre, un deslizarse,
un celestial, moviéndose en sueño,
movidas cama y lágrimas,
duerme."

Poema del ocaso, de despedida, como crepusculares fueron los textos incluidos en el primer libro de un poeta que en ese mismo año, en 1956, iniciaba su carrera, y que hace sólo unos días que nos ha abandonado: Ángel González. El poemario en cuestión se llamaba Áspero mundo. De ahí extraemos “Eso no es nada”, un poema que como la lírica de Benn estaba atravesada –más allá de las evidentes desemejanzas de orden estético- por un mismo temblor, el que emana de una feroz melancolía.

ESO NO ES NADA

Si tuviésemos la fuerza suficiente
para apretar como es debido un trozo de madera,
sólo nos quedaría entre las manos
un poco de tierra.
Y si tuviésemos más fuerza todavía
para presionar con toda la dureza
esa tierra, sólo nos quedaría
entre las manos un poco de agua.
Y si fuese posible aún
oprimir el agua,
ya no nos quedaría entre las manos
nada.
 
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