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lunes, 17 de octubre de 2011

Las mejores frases de Antonio Gasset en 'Días de cine'

La semana pasada el programa ‘Días de cine’ cumplía 20 años, un hito incluso para un espacio producido por la televisión pública. Hito, sí, pues a pesar de la acreditada calidad demostrada con los años, siempre en permanente evolución, que le ha permitido mantener en estos tiempos de fragmentación una audiencia más o menos fiel, parece que ‘Días de cine’ esté condenado a estar permanentemente justificándose. Prueba de ello es el tener que verse sometido al incomprensible hostigamiento del que dan cuenta los continuos recortes al que es sometido el programa (felizmente sin que se resienta el producto) y cuyo ejemplo más visible -algo endémico y que sólo la opción “a la carta” ha venido a paliar- es su ninguneo a la hora de ser colocado en parrilla.

Con todo, ‘Días de cine’ sigue siendo el programa de cine de referencia en nuestro país y no sólo porque a casi todos los demás se los hayan ido cargando con los años. Además de ser visualmente atractivo, e informativamente prolijo es, last but not least, tremendamente útil para sus espectadores, al menos para éste que suscribe y que encuentra en sus reportajes un casi siempre fiable punto de referencia a la hora de seleccionar las películas de mayor interés.
Ajeno tanto a pretenciosas exquisiteces vanguardistas autohinflapagadas, al tiempo que implacable con aquellos que pretenden hacer del arte de masas por antonomasia una simple repetición recaudatoria de lo mismo, la crítica practicada por los redactores del programa –heterodoxa dentro de ciertos parámetros que permiten observar una cierta unidad de fondo- se recrea en las bondades de los filmes a abordar, sin cebarse en los desaciertos que más bien tienden a ser fácilmente localizados, para proceder después a su posterior desactivación, algo a lo que contribuye generosamente el espectador implícito que frecuenta el programa. Aunque, en fin, de todo esto ya se habrá dado cuenta por sí mismo el lector.

El caso es que reivindicaciones y felicitaciones aparte, me parece esta efeméride una buena excusa para sumarme de forma nada original al recuerdo de quien fuera director y mítico presentador del programa, Antonio Gasset Dubois (quien, por cierto, aparece estelarmente en el especial ofrecido con motivo del aniversario
). Decir que se trata de una persona que contribuyó decisivamente en la tarea de fidelizar espectadores (y que provocó también injustas deserciones tras su traumática marcha, como la de éste que más tarde y por pura lógica regresaría a su butaca) no es pasar del lugar común. Tampoco descubro nada al afirmar que su nombre aparece indudablemente ligado (en ocasiones llegando a ensombrecer su labor estrictamente periodística) a una forma muy especial de conducción que ha pasado a la posteridad en forma de frases y momentos impagables que le han valido incluso hacerse merecedor de la etiqueta de “maestro del humor”. Si Hugh Laurie bebió de sus fuentes para construir su personaje de genial médico airado, es algo que probablemente nunca sabremos. Como sea, de entre todo el caudal de frases que se le atribuyen (solo de una parte de las seleccionadas puedo dar fe como auténticas, pues recuerdo habérselas escuchado salir por boca del protagonista) he escogido una cincuentena que presento, por puro entretenimiento personal, en forma de lista. Muchas las conoceréis y activarán en vuestra memoria, como a mí me sucedió, olvidadas conexiones neuronales. Otras quizá os fuesen extrañas, en cuyo caso no me cabe duda de que estaréis encantados de haberlas conocido.

1.- “Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.”

2.- “...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli toxicómanos insomnes.”

3.- “Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo.”

4.- “Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno.”

5.- “Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de nazareno autoflagelante.”

6.- “Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.”

7.- “Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere.”

8.- “...Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro.”

9. -“Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro".

10.- “Llegó la pausa. Estupenda para reflexionar sobre el verano y sus posibilidades lúdicas: sorprender a nuestras parejas con un tatuaje, un piercing en zona íntima, o simplemente un tanga de pedrería para hacer el ridículo en alguna piscina municipal. Como podéis comprobar no puedo evitar decir sandeces.

11.- “Tan guapa actriz como mala la película que ha venido a promocionar.”

12.- “Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador.”

13.- “Servidor se confiesa seguidor de Philip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado.”

14.- “Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”

15.- “Es incuestionable que ‘Kill Bill’ es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más.”

16.- “¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?”

17.- Cierto interés despierta la película ‘Thirteen’, ópera prima de la directora Catherine Hardwick. Una adolescente, su madre, sexo, drogas y piercing en la lengua, algo, por cierto, con lo que todavía no he contactado, pero no pierdo la esperanza.

18.- “Llego la hora de la pausa. Espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de sus parejas... Si no puede ser, no puede ser... En cualquier caso, volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia.”

19.- “Ahora vamos con ‘El señor de los anillos’, película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de ‘El señor de los anillos’.”

20.- “Esto ha sido todo, la próxima semana más. Id pensando en las vacaciones y en el Europeo de fútbol; más adelante Atenas se convertirá en capital mundial de la droga con la presencia de los maravillosos atletas olímpicos.”

21.- “Comenzamos con una película de las llamadas polémicas, que quiere decir que a unos les gusta y a otros no, como todas.”

22.- “Y cómo no, el DVD y sus ofertas, el mejor invento hasta el momento para gozar del cine en la intimidad de hogares, geriátricos o prisiones, lugares donde los humanos consumimos nuestro irreversible devenir.”

23.- “Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina.”

24.- “Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise.”

25.- “Llegó la pausa, alejaros del mando a distancia, cualquier tentación podría conduciros a algún infierno, incluidos espacios electorales.”

26.- “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones.”

27.- “Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima.”

28.- “Hola, buenas noches. Hoy les hablo desde Torrespaña en Madrid, más conocido como el pirulí, que con su forma fálica es un símbolo de la modernidad de esta ciudad. Como modernas también son las vidrieras de la Catedral de la Almudena y las pinturas del altar de un tal Kiko no sé qué. Por cierto, igual de horribles que algunas películas.”

29.- “Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar (en Cannes)”. A la vuelta de la publicidad dio su explicación: "Era un patético intento por mantener la audiencia.....”

30.- “Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.”

31.- "Bruce Willis, la persona a la que más he odiado en este mundo; Bruce Willis, ese actor a cuyo club de fans tengo el placer de no pertenecer"

32.- “Llegó la pausa, meditad sobre las vacaciones, compañía, siempre mejor las malas, viajes, con seres queridos mucho mejor, y gastos, la generosidad siempre embellece. Y sobre todo no pertenezcáis nunca a ningún grupo mediático sea del signo que sea.”

33.- “Punto final del programa y como siempre las novedades del DVD. Un regalo magnifico si queréis quedar bien, por ejemplo conmigo este próximo domingo, día de San Antonio.”

34.- “Sed buenos, evitad los tríos amorosos, que aunque tengan su morbo son peligrosos, y bebed mucha agua para el calor.”

35.- “Continuamos con tres estrenos que hemos considerado de interés y de un nivel digno de nuestro programa, tres películas que representan el cine actual. Hay lo que hay y lo demás son sueños deliroides que sólo conducen al autoengaño.”

36.- “Llegó la pausa. Tomaos con filosofía y paciencia las pasiones futbolísticas, sexuales y políticas. Las primeras, porque se trata de un juego; las segundas, porque suelen ser efímeras; y las terceras, las políticas, porque el oscuro objeto del deseo suele ser un mentecato.”

37.- “Comenzamos esta segunda parte hablando de una película de la que me gustaría no hablar. Este es un caso en el que siento un profundo asco y me siento un cobarde por no negarme a hablar de esta cosa. Se trata del último trabajo de Quentin Tarantino, del que soporté los 45 primeros minutos a pesar de la secuencia de arranque, una de las más despreciables de la historia del cine. Un asesinato gratuito y sádico delante de la hija de la víctima. Con esfuerzo soporto que haya en el programa gente que le guste.

38.- “Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.”

39.- “Buenas noches, una semana más ‘Días de cine’ interrumpe vuestra intimidad para informaros sobre esto que algún insensato calificó como arte, pero que hay que reconocer que en algunas ocasiones es maravilloso.

40.- “Seguimos con otros temas, la película ‘Carne viva’ de la directora Jane Campion, un thriller gozosamente sexualón, con la estupenda Meg Ryan a la búsqueda de verdades y algún que otro orgasmo. Temas por cierto nada desagradables.”

41.- “Llegó la pausa, recordad la necesidad de hacer la declaración de la renta y tened en cuenta que casi todo lo que hace feliz no desgrava, pero siempre queda el consuelo de comportarse como buenos ciudadanos. No sigo porque comenzará a crecerme la nariz.”

42.- “Buenas noches, de nuevo en Madrid con sus zanjas, obras y taladradoras ensordecedoras y también hay que reconocerlo, con cosas buenas, como alguna zona todavía del barrio de Salamanca. A continuación la actualidad en esto del cine, tan lleno de obras maestras según escuchamos, pero que nosotros no vemos por ninguna parte. Tras el sumario con los contenidos comenzamos.

43.- “Sé que aguantarán a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona.”

44.- “Quiero aprovechar, como amante de la Fórmula 1, para felicitar al corredor alemán Michael Schumacher por su triunfo en el Gran Premio de San Marino. Da gusto ver en lo más alto del podium a personas ni fatuas, ni engreídas, ni desagradecidas. Espero que continúe la racha.”

45.- “Esto ha sido todo, este fin de semana serán los Oscar, premios por los que no siento el más mínimo interés. Aunque son buenos para descubrir el índice de estupidez de algunos informadores en función del número de veces que utilizan la palabra “glamour". Palabra que por cierto nunca he conocido bien su significado. Por supuesto, interpretaciones tan ridículas y lamentables como la de Charlize Theron y Renée Zellweger serán premiadas, no tengáis ninguna duda.”

46.- “Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados), ladrillo para otros (estábamos en lo cierto) que fue Amelie.”

47.- “Llega a nuestras pantallas con cierto retraso la película ‘Full frontal’ del director Steven Sorderberg, autor desigual y en ocasiones magnífico. Esta película pertenece al grupo de sus rarezas, pero la verdad es que engancha bastante una vez que hemos renunciado a entenderla en su totalidad.”

48.- “Veamos el reportaje de ‘Mar adentro’ que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película.”

49.- “La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente.”

50.- “Buenas noches en esta nueva edición del programa ‘Días de cine’, un clásico en esta isla de buen gusto que es la 2 de TVE. Como no tengo muchas ganas de hablar pasamos directamente al sumario con los contenidos de esta semana y comenzamos.”

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ser Iñaki Gabilondo


Once upon a time in my life que quise ser Iñaki Gabilondo. No como Iñaki Gabilondo, sino el mismo Iñaki. Hubo otras veces en que quise alternativamente convertirme en Butragueño, García Márquez o el zapatero de Kim Bassinger, pero mejor dejaremos esto para otra ocasión.

Quería ser Gabilondo porque representaba para mí toda la pureza de un oficio que ya por entonces barruntaba no había de ser fácil, que te obligaba a mantener un inestable equilibrio entre diversos poderes que no siempre se presentaban de forma clara, fuerzas oscuras y malévolas que atentaban contra la neutralidad, la independencia, la imparcialidad o como queramos llamarlo de aquel que estaba llamado a contar las cosas únicamente tal y como son, ni siquiera como deberían ser. Huelga decir que en aquel tiempo soñaba con ser periodista, no sólo eso, sino periodista de la Sociedad Española de Radiodifusión, salir de mi casa cada día, radicada no importa dónde, encaminando mis pasos, eso era lo importante, hacia el mágico número 32 de la Gran Vía madrileña.

Por aquel tiempo Gabilondo era la más rutilante estrella en el firmamento de la radio y su luz cegaba ya a astros como Antonio Herrero o Luis del Olmo, voces imprescindibles de mi infancia. ‘Hoy por hoy’ se había convertido en la sintonía matinal de un país que había apostado por ser europeo, abierto y avanzado sin perder por tal motivo ese aire de cierta circunspección que acompaña a aquel cuyos pasos hollan una tierra tan largamente castigada y que seguía sumida en el trauma de sus infaustos episodios recientes. Y Gabilondo, ese donostiarra enamorado de Sevilla y de la música clásica, de voz profunda, enérgica y pausada, representaba como nadie el espíritu de los nuevos tiempos.

Su biografía personal, le confería además, sin él perseguirlo, un aura de legitimidad que lo convertían en un guía natural para millones de personas, pues por mucho que él se refiriera a la radio como una “segunda voz” la gente habría pagado por escucharlo solo a él en primer término. Seducido por el personaje, yo leía sobre él todo lo que me caía en las manos. A través de entrevistas, artículos y perfiles más o menos desarrollados (incluyendo aquella biografía, Ciudadano en Gran Vía, que devoré con fruición) supe así de su vida y sus obras. Descubrí que era de familia numerosa, que había perdido a su primera esposa en trágicas circunstancias, que había sido un testigo privilegiado de la Transición, que a pesar de su temprana vocación periodística se había puesto frente al micro casi sin pretenderlo.

Uno de los momentos álgidos de esta relación de admiración que sostuve durante años se produjo cierto día en el que mandé un e-mail al programa dentro de una sección dedicada a la participación de los oyentes. Creo recordar que el motivo era la celebración del 75º aniversario de la radio. Pues bien, Gabilondo no sólo leyó íntegro mi escrito, una pequeña reflexión sobre la importancia del medio sonoro en nuestras vidas, sino que añadió al final: “Siento lo mismo, joven colega”.

Yo daba por entonces mis primeros pasos en la comunicación iniciando un camino azaroso que no sabía adónde debía llevarme o si me llevaría a algún sitio. Lo hacía además en la emisora local de la SER en Vélez-Málaga, y las palabras del maestro refrendado mi opinión –que yo profería en calidad de recién llegado a la profesión, aunque por entonces no cobrara un duro por el trabajo- representaban algo así como la confirmación de que mi esfuerzo no era en vano, de que aunque me había visto obligado a desviarme por algún tiempo de mi primera vocación, aún estaba a tiempo de reconducir mis pasos y lograr mi sueño. Ser Iñaki Gabilondo.

Todavía habría de pasar un tiempo hasta que comprendiera que nunca lo sería. Que si bien alguna vez podría llegar a adulto, ya jamás nacería vasco, ni sería testigo y protagonista de un momento capital de nuestra historia ni, lo que resultaba más amargo, reuniría las condiciones necesarias para unir a millones de personas en torno a mi mesa camilla particular.

Sin embargo, no tardaría demasiado en descubrir que tampoco Gabilondo era Gabilondo, al menos el que yo había pensado que era. Mientras permaneció en la radio fue más fácil seguir manteniendo mi fe en él. Incluso cuando libró su particular cruzada contra Aznar (vale que instado por su contrincante) no dudé en defenderlo ante quien fuera. No había tenido más opción. Al enemigo, ni agua. Es más, su posterior arrepentimiento, al revelar que se había dejado llevar por el calor del momento, no hacían más que engrandecerlo. Pero a partir del nacimiento y de su desembarco en Cuatro, todo empezó a cambiar.

Y eso que aún recuerdo nítidamente cómo Mari Carmen y yo esperamos sentados frente al televisor a que él mismo cortara la cinta de la cadena. Qué felices nos las prometíamos entonces y qué idiota habríamos juzgado a aquel que hubiera osado vaticinar semejante fin para el nuevo canal, nada menos que incorporado por Telecinco al imperio Berlusconi. Cuatro había nacido para redimirnos de tanto “tomate”, “Gran Hermano” y demás zafiedad televisiva. Por fin nacía un medio verdaderamente progresista, amante de la cultura, valedor de un periodismo que apostara de manera decidida por la investigación. Repito, qué lejos estaban en nuestra mente los Fama, Manolos y demás productos que no tardarían en arrasar con nuestras desmedidas expectativas.

Por eso le perdonamos a Iñaki que dejara su programa en la radio y lo pusiera en manos, ay, me voy a callar. Por eso no quisimos prestarle atención a aquellos titubeos ante la cámara de los primeros meses que nos hacían mirarnos consternados a veces, ante el espectáculo de ver al pez fuera del agua y a punto de morir asfixiado. A la postre, las frases que utilizábamos eran del tipo “Esto es un telediario de verdad”, “Eso es, más análisis y menos sucesos”, “Espera, cenamos después del informativo” y cosas por el estilo. Si la ministra de Fomento hacía de reportera, micro en ristre, para darnos la última hora no pasaba nada; si al poco tiempo había que “agilizar” el espacio, acortando las entrevistas, no importaba; a fin de cuentas la audiencia es la audiencia y es la que nos da de comer (sic), y solo por escuchar esos editoriales en prime time y por asistir esporádicamente a esos especiales de análisis electoral merecía la pena todo lo demás.

Pero, entonces llegó aquel ‘pillado’, sí, el de la entrevista a Zapatero. Vale, ya sabíamos que Cuatro había sido un regalo del Gobierno, anterior a aquel otro regalo que le hizo a Mediapro y, demonios, no éramos tan idiotas para ignorar lo que el PSOE y PRISA se debían mutuamente. Hasta Iñaki, pensábamos aunque no lo decíamos, debía de estar enterado. Pero, el que se pusiera en evidencia de manera tan clara, chirriante y obscena resultó definitivo. Gabilondo siendo cogido asesorando al presidente en su campaña después de una entrevista era demasiado. A cualquier otro se lo habría perdonado. A él no. En ese momento no supe si me molestó más la inmoralidad o la torpeza pero el caso es que dejé de verlo. Después de más de veinte años siguiéndolo me desprendí de un magisterio que ya no necesitaba. Y lo más extraño de todo, es que lo hice sin dolor.

Por aquella época mi aventura en el mundo de la comunicación no atravesaba por su mejor momento. En la SER no pude hacer carrera y entré en una de esas empresas multimedia que afloraron en muchas ciudades medias y pueblos con pretensiones de nuestro país en los primeros años de la década favorecidas por la bonanza económica general. El desarrollo tecnológico (que abarataba tremendamente los costes), sumado al creciente interés por los partidos políticos en el ámbito de la comunicación local (donde podían jugar a sentirse importantes haciendo como que influían en una opinión pública bastante menos estúpida de lo que ellos se figuraban), propiciaron el crecimiento de grupos liderados en su mayoría por mercenarios que podían aspirar a aglutinar radio, televisión y prensa escrita, siempre que dispusieran de un buen respaldo oficial.

Hoy, muchos de aquellos emprendedores subvencionados duermen el sueño de los justos o son acuciados por las deudas, amparados por un sistema legal garantista hasta la grosería para aquellos que se lo pueden permitir. El caso es que ahí me vi, sin comerlo, ni beberlo, asumiendo cada vez mayores responsabilidades, que ni había pedido ni deseaba, distanciándome a cada paso de todo aquello que había sido un día mi ideal, al socaire de los vientos partidistas de turno, a años luz de cualquier forma de periodismo conocida, siendo víctima y cómplice de una situación inimaginable para mí sólo hacía unos años antes y que no podría describir sin sonrojo. En definitiva, ahí me vi, a mi minúscula escala, dándole la mano a Zapatero y haciéndole el caldo gordo. Fíjate tú por dónde, me decía, sí que tenía algo que ver con Iñaki.

Reconozco que este pensamiento, que hasta hace poco no me ha abandonado, no es justo en absoluto, que nacía del resentimiento hacia una profesión que puede ser tremendamente ingrata pero capaz también de proporcionar impagables momentos. El rencor, fruto de la decepción que produce el quedarse con el dorado entre los dedos, hacia aquel que había idolatrado se mezclaba con mi propia penitencia personal. Me sentía estafado por los demás pero, especialmente, burlado por una parte de mí mismo, por la mano derecha que había pretendido que nada supiera lo que estaba haciendo la izquierda, todo para no reconocer que había sido un iluso pretendiendo que la vida era un cuento y que podría sentirme mejor diciéndome a mí mismo que todo era una porquería, es más, que mi ventaja respecto a Gabilondo y lo que me convertía no sólo en mejor persona sino incluso en un periodista menos perjudicial para la salud pública es que yo era un mentiroso de mucha menor enjundia.

Y entre estos pensamientos estuve consumiéndome hasta hace unos meses. Hasta que abandoné los medios. Solo entonces pude volver a Gabilondo sin sentir vergüenza propia ni ajena. De algún modo, lo había perdonado (y me había perdonado), sabiendo ya, claro, que nada volvería a ser lo mismo, o al menos no más parecido de lo que resulta un adolescente respecto a un hombre de 34 años. Reconciliado de nuevo con su forma serena de ejercer el oficio, volví a él intermitentemente en las noches de CNN+ casi para decirle adiós. El tiempo suficiente para poder anticipar lo que este país lo va a echar de menos cuando se retire y nos deje en manos únicamente de sus peores versiones, de aquéllos que en su corrupción sin mácula convierten en algo casi naïf sus indisimuladas afinidades, de quienes jamás dudan ni preguntan ni, probablemente, sientan nunca la necesidad de reconocer las propias equivocaciones, quién sabe si sentados bajo una luz tenue con la novena de Beethoven sonando en la bandeja del CD.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Banksy hasta en la sopa

Banksy hasta en la sopa. Alguien podría pensar que la subida a los altares de este graffitero británico podría suponer la viva imagen de la autodestrucción del sistema. De la serpiente que es devorada por las crías que han roto el cascarón. Nada más lejos de la realidad. El caso “Bansky” es la misma prueba de la elasticidad del capitalismo para acoger en su seno a sus hijos rebeldes, para crecer desde la crítica a sus postulados. Como un edredón reversible el orden establecido demuestra su ambivalencia, su desafío al principio de no contradicción, su ser esto y lo otro y lo de más allá en el mismo sentido, toda a la vez, todo a un tiempo, todo el tiempo o a tiempo parcial o depende. No, el sistema no se destruye, se transforma cambiándolo todo para que todo siga igual. ¿Es nuevo? No, lavado con Perlán.

Podemos mirar a Banksy como aquellos anarquistas fin de siècle que aterrorizaban a las cortes y gobiernos de Europa. Encapuchados temerarios, casi suicidas, dostoievskianos, nihilistas. Podemos mirar así a Bansky embelesados, cautivados por su lucidez e inteligencia, por su innata predisposición a escandalizar gustando. Da igual. No duele. Porque hiere siempre a los mismos y con eso ya se cuenta y esos en su acomodada afectación no se rebelarán. No lo necesitan. Podemos mirarlo con los dedos abiertos delante de los ojos fingiendo que escuece. Pero esta bomba hace mucho que está desactivada. Casi desde el principio. Desde que uno de traje un poco más listo que los demás dijo a sus compadres: “Tranquilo, está controlado”.

Banksy es un héroe a medida. Y en este sentido es todo lo contrario de un mártir. Parece parido desde las entrañas mismas de una agencia de publicidad. Es el artista sin nombre, anónimo, desconocido. Simula ser el pueblo pero vende sus cuadros por miles de libras. Cuadros firmados. Firmados por Bansky, el chico de Bristol, ¿pero seguro que es de Bristol? De treintaytantos años. Aunque quién dice que no puedan ser algunos más o menos. Desde luego lo suyo es de traca, pero no por haber abierto los museos al arte callejero, sino por el hecho de haber sido él, Bansky, y no otro cualquier: Mensky, Pransky, Tronsky o vaya usted a saber. En definitiva, es un fenómeno epocal. Inútil hacer aspavientos, decir: ¿quién lo hubiera imaginado? También Gutenberg descubrió la imprenta de tipos móviles, pero a nadie se le escapa que de no haber sido él habría sido cualquier otro. Y lo mismo la gravitación de los cuerpos, la penicilina, la relatividad.

Las leyendas en torno a Bansky se acrecientan y a cada nuevo enigma o rumor sube la cotización. Las micciones de sus soldados son chorros de oro. Pronto no habrá Museo de Arte Moderno o sala de exposiciones municipal que no quiera tener un Bansky. Greenpeace se lo disputa. La MTV se lo rifa. Cuidado con este tipo. Es superpeligroso. En su catálogo aparecen pintadas en muros de Cisjordania, en el centro de Londres, pronto millonarios kuwaitíes limpiarán sus fachadas para que el rico ácrata estampe su sello inconfundible. Aparecerán mujeres en actitud libidinosa pero eso sí, siempre con velo, faltaría más.

Lo penúltimo de Banksy es su colaboración con Matt Groening en Los Simpson. Todo un encuentro. Como el de Celan y Heidegger, Franco y Hitler, Stalin y su conciencia. Y Bansky una vez más no defraudó. El hito se produjo en el capítulo “MoneyBart” emitido pasado 10 de octubre en EE.UU cuya secuencia de apertura fue escrita y dirigida por el graffitero y que tanto está dando que hablar en todo el mundo.

La célebre intro era aquí reelaborada con los tintes más sombríos. Toda la paleta de grises de su mochila emergió en prime time, frente a una audiencia de millones de espectadores para criticar ese mismo capitalismo que ha creado un producto como Banksy, ése que es su pienso vital.

En la secuencia, de un minuto aproximadamente de duración, vemos un sórdido taller de trabajadores asiático explotados que manufacturan en las peores condiciones imaginables merchandising de la serie. Pero no satisfecho con esto, la escena se cierra apuntando directamente a la 20th Century Fox por externalizar una parte de la producción a Corea del Sur. En definitiva, Bansky, “con toda su cara” acepta la invitación de Groening y de la Fox para cagarse en la Fox con ayuda de Groening. El fatal desenlace con el logo de la cadena es tan explícito y directo que parecería firmado por Naomi Klein y Chomski. Como leí a un articulista estadounidense, la visión de Banksy hace que el Londres de Dickens parezca un vídeo de Kate Perry.

Pocos ejemplos recientes demuestran más claramente cómo son de grandes las tragaderas del sistema. Traga la Fox. Traga la audiencia. Porque les conviene. Unos para aliviar las conciencias y poder seguir consumiendo minutos de televisión, gorras de Bart, parasoles con Lisa la inconformista tocando el saxo de los ángeles. Otros para seguir ganando dinero con el que masacrar a Obama por ser algo menos sanguinario y un poco más humano que sus antecesores. La doble moral de la industria se cae por su propio peso. No podría ser de otra forma. La del artista resulta bastante más cuestionable. No porque sea nueva u original (¿acaso los más grandes pintores del Barroco no fueron propagandistas de la Contrarreforma?) sino porque en esta nueva edad resulta un tanto más sutil y paradójica. Acaso igualmente nauseabunda.

¿Es entonces Banksy un hipócrita o un farsante? Casi con toda seguridad, o al menos en igual medida que un aprovechado. Y al mismo tiempo un tipo de extraordinario talento, un vendedor innato, un glorioso bufón, una marioneta y un titiritero formidables. Tal y como Groening, de lo mejor de lo peor dentro del gran bazar planetario. Tipos necesarios, poliédricos, hábiles, lúcidos, interesantes, interesados. Voces críticas harto criticables que muerden la mano que les da de comer pero flojito, sin clavar lo dientes, dejando un reguero de baba, que claman por momentos con brillantez en un desierto poblado de cuerpos ocupados en almas vacías.



miércoles, 29 de julio de 2009

¿Y tú quién eres?

En este caso, el hecho (esperemos que acompañado del deceso profesional del cretino de marras) se produjo después de una comparecencia del ministro de trabajo ofrecida el pasado martes para evaluar la ruptura del llamado (de un modo reductivista y repateante)“diálogo social”.

Tras la rueda de prensa, un periodista de Televisión Española (como lo oyen) se acercó al ministro comeletras Corbacho y le preguntó sobre la postura expresada por la CEOE en su último comité de solicitar la reanudación de las conversaciones en septiembre. Hasta ahí todo normal, si sigue siendo normal que un ministro conteste preguntas. Pero el caso es que Corbacho cumplió con su cometido de hablar mucho sin decir nada a las mil maravillas. El problema vino instantes después, justo desde la izquierda de su pantalla, cuando el responsable de prensa del Ministerio, asaltó al redactor para quejarse de su comportamiento (hacerle una pregunta incómoda al ministro en su propia cara es intolerable, y mucho menos en una democracia) y llegó a amenazarle con no permitirle la entrada al edificio: “voy a quejarme porque lo has hecho muy mal. Es más, voy a pedir quién eres para evitar que vengas a este ministerio en la medida de lo posible”.

Afortunadamente, todavía no vivimos en una dictadura. Todavía. Y la fechoría del matonzuelo de prensa de turno pudo ser captada y emitida. Y lo que es más importante. Lo hizo en la televisión pública.

Por esta vez, la decisión de alguien con integridad ha permitido desvelar cómo se las gastan este tipo de jefes de propaganda con cargo al erario público, y seguramente el plumilla de turno, que con la cabeza agachada abandonaba la sala de prensa quién sabe –pensaría- si para siempre, ha salvado su cabeza. No servirá para mucho (pues estas prácticas están tan extendidas, por mucho que se revistan frecuentemente de violentas sutilezas que forman parte de la normalidad), pero al menos supone un gozo ver cómo alguno de esos lamesuelas tocados por un inexplicable exceso de celo son puestos al descubierto.

Pero, mejor, contémplenlo ustedes mismos.


viernes, 5 de diciembre de 2008

Zoquetes



Quién dijo que la televisión no podía ser educativa. Gracias al programa ‘CQC’ que emite La Sexta, muchos espectadores -algunos incluso votamos- pudimos conocer de primera mano hasta qué punto es ignorante la clase política española.

Verbigracia: Trillo, ex ministro de Defensa y conquistador de Perejil y Soraya Sáez de Santamaría, figura emergente del nuevo PP de Rajoy, no saben ni en qué continente está Lesotho; Leire Pajín, actual número 3 del PSOE, desconoce quién es el presidente de Rusia; Gaspar Llamazares, número 1 de la IU del siglo XXI -así les ha ido- no ha escuchado hablar de Joe Biden, vicepresidente electo de Estados Unidos; Elena Espinosa, ministra de Medio Ambiente, José Antonio Alonso, ex ministro del Interior y portavoz del PSOE en el congreso y Esteban González Pons, responsable de comunicación del PP, no tienen ni idea de en cuánto está el salario mínimo, y otro diputado del PSOE, de cuyo nombre no puedo acordarme -aunque mando recuerdos a toda su familia- asegura que asciende a 800€ gracias, claro, a la buena gestión socialista.

Hasta ahora, algunos pensaban que esto era cosa de sociedades analfabetas como la estadounidense. Qué gracia nos hacían sus estudiantes pensando que España se encontraba al sur del Río Grande, o su Sarah Palin confundiendo África con un país. Para partirse. Ahora, ya nos ha quedado claro que zoquetes los hay en todas partes, pero que los nuestros son de campeonato.

Nuestra clase política representa el fracaso de toda la sociedad en su conjunto y de los planes educativos de este país desde que Franco era alférez. Aquí no vale echarle la culpa a ningún gobierno concreto, ni a la LOU, la LODE, la LOGSE, la LOCE o LAMADREQUELOSPARIOATÓS. Nuestros políticos nos devuelven nuestra propia imagen. Y ésta tira para atrás, como la que vemos en el espejo a la mañana siguiente de haber cogido una cogorza de anís seco (y sé de lo que hablo).

Nuestra mentalidad de nuevos ricos no puede ser por más tiempo disfrazada. Nos creíamos los reyes del mambo porque después de haber dejado atrás una dictadura de cuarenta años -sin pensar nunca cómo demonios pudimos mantener un régimen autoritario en Europa occidental durante décadas sin que se nos cayera literalmente la cara al suelo de vergüenza-, y tras haber chupado de la teta de la UE hasta dejarla exhausta, nos habíamos convertido en una “potencia mundial”. ¿Acaso fue gracias a nuestra sólida cultura científica y humanista? No, qué va. Fue a causa del turismo, primero, y después de un boom inmobiliario de proporciones bíblicas que nos ha hecho mundialmente célebres y nos ha situado en la zona alta de las listas de deterioro medioambiental.

Ahora, esta España campeona de la libertad, faro de Occidente, perla del Oriente -como Al Qaeda no se cansa de repetir- que surgió de la nada, “ha alcanzado las más altas cotas de la miseria”, que dijera el otro. Y todo, opinan sesudos analistas, por contar con tres millones de parados. Como si tener sólo dos millones en los mejores e idílicos tiempos -esto es, el año pasado- fuese la jodida Utopía de Moro, la Ciudad del Sol de Campanella y la República de Platón, todo en uno, pero corregido y aumentado.

No, el problema no es que España fuese un gigante con pies de barro. Es que nunca hemos sido tan grandes. Sólo nos hemos crecido porque no podíamos haber salido desde más abajo y hemos olvidado que un país que ha sido incapaz de revisar su historia reciente con dignidad; en el que no se ha consumado la separación real entre Iglesia y Estado; y en el que el terrorismo etno-izquierdista de ETA sigue resultando decisivo en el tablero político, no puede ir pavoneándose por ahí dándose aires de inflada grandeza.

Aunque, no sé de qué me quejo. Para qué queremos politicos formados si podemos ganar la Davis.

 
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