Mostrando entradas con la etiqueta personajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personajes. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de agosto de 2012

Una última broma



“Al aproximarse mi último suspiro, imagino con frecuencia una última broma. Hago llamar a aquellos de mis viejos amigos que son ateos convencidos como yo. Entristecidos, se colocan alrededor de mi lecho. Llega entonces un sacerdote al que yo he mandado llamar. Con gran escándalo de mis amigos, me confieso, pido la absolución de todos mis pecados y recibo la Extremaunción. Después de lo cual, me vuelvo de lado y muero.
Pero, ¿se tendrán fuerzas para bromear en ese momento?
Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba”.
(Final de 'El último suspiro' de Luis Buñuel)

miércoles, 30 de noviembre de 2011

De no ser Alejandro habría deseado ser Diógenes

Cuentan que Diógenes divisó un día a una mujer prosternada ante los dioses de una manera inconveniente. Queriendo arrancarla a la superstición, se acercó a ella y le dijo: "¿No temes, hija mía, que un dios venga a colocarse por azar detrás de ti –pues todo está lleno con su presencia-, en cuyo caso tu postura será inadecuada?"

jueves, 24 de noviembre de 2011

Dalí, el despistado

Resulta proverbial la condición de excéntrico y estrafalario de Dalí. Tan "especial" era el de Figueras que, a pesar de destacar por su inteligencia -nos cuenta Pepín Bello recordando aquellos años de la Residencia de Estudiantes-, era sobre todo conocido por su "enciclopédica ignorancia", especialmente aquella que tenía que ver con las cosas más sencillas de la vida.

"No sabía -cuenta Bello- que cinco duros eran veinticinco pesetas, no sabía tomar un billete para un espectáculo, no sabía leer la hora del reloj...". Sin embargo, pocas anécdotas ilustran mejor este rasgo que aquella que le refirió Federico García Lorca después de haber sido invitado por el catalán (Pepín, que también fue convocado, no pudo asistir por estar haciendo el servicio militar) a pasar unos días en Cadaqués aprovechando la fiesta de Semana Santa. Federico se había dado cuenta nada más llegar de que el padre de Dalí se había casado con su cuñada, a la que el pintor sólía aludir con frecuencia en la Residencia como la 'tieta'. Esa misma noche, Lorca aprovechó un descuido para decirle a su amigo Salvador: "Oye, no nos habías dicho que tu padre se había casado con la tieta". A lo que éste respondió impasible: "Ah, no sé, pregunta mañana a mi hermana Ana Mari que como ella está por aquí ella lo sabrá".

En fin, que como decía divertido Bello, aquel longevo personaje de la generación (falleció en 2008) célebre, entre otras cosas, por no haber dejado escrita obra alguna pese a haber compartido amistad (en condición de aglutinador y, dicen también, de 'paganini' dada su condición de adinerado y encantador señorito) con la más brillante nómina de intelectuales del siglo XX, "Dalí no sabía nada de nada, excepto de pintura". Y cómo pintaba aquel despistado genial, aquel que pasó de la Revolución a Holywood como quien se engomina el bigote y que sintió una fascinación por la física cuántica tan excesiva como todo en su desmesurado carácter.

Abajo, una reinterpretación de Millet -en este caso de su célebre 'Angelus', un motivo que le obsesionó y al que dedicó numerosas versiones hasta el punto de que se convirtió en uno de los temas fundamentales para el desarrollo de su método paranoico-crítico- muy anterior a la revisitación de Banksy a la que aludíamos hace unos días. El resultado, estremecedor.

lunes, 21 de noviembre de 2011

El Progreso según Baudelaire

"¿Hay algo más absurdo que el Progreso, puesto que el hombre, como lo demuestra la vida diaria, es siempre semejante e igual al hombre, es decir, siempre está en estado salvaje? ¡Qué son los peligros del bosque y del campo comparados a los choques y conflictos diarios de la civilización! Aun cuando el hombre arme su trampa en el bulevar o traspase su caza en los bosques desconocidos, ¿no sigue siendo acaso el hombre eterno, es decir, el más perfecto animal de presa?"
CHARLES BAUDELAIRE, Cohetes.

lunes, 17 de octubre de 2011

Las mejores frases de Antonio Gasset en 'Días de cine'

La semana pasada el programa ‘Días de cine’ cumplía 20 años, un hito incluso para un espacio producido por la televisión pública. Hito, sí, pues a pesar de la acreditada calidad demostrada con los años, siempre en permanente evolución, que le ha permitido mantener en estos tiempos de fragmentación una audiencia más o menos fiel, parece que ‘Días de cine’ esté condenado a estar permanentemente justificándose. Prueba de ello es el tener que verse sometido al incomprensible hostigamiento del que dan cuenta los continuos recortes al que es sometido el programa (felizmente sin que se resienta el producto) y cuyo ejemplo más visible -algo endémico y que sólo la opción “a la carta” ha venido a paliar- es su ninguneo a la hora de ser colocado en parrilla.

Con todo, ‘Días de cine’ sigue siendo el programa de cine de referencia en nuestro país y no sólo porque a casi todos los demás se los hayan ido cargando con los años. Además de ser visualmente atractivo, e informativamente prolijo es, last but not least, tremendamente útil para sus espectadores, al menos para éste que suscribe y que encuentra en sus reportajes un casi siempre fiable punto de referencia a la hora de seleccionar las películas de mayor interés.
Ajeno tanto a pretenciosas exquisiteces vanguardistas autohinflapagadas, al tiempo que implacable con aquellos que pretenden hacer del arte de masas por antonomasia una simple repetición recaudatoria de lo mismo, la crítica practicada por los redactores del programa –heterodoxa dentro de ciertos parámetros que permiten observar una cierta unidad de fondo- se recrea en las bondades de los filmes a abordar, sin cebarse en los desaciertos que más bien tienden a ser fácilmente localizados, para proceder después a su posterior desactivación, algo a lo que contribuye generosamente el espectador implícito que frecuenta el programa. Aunque, en fin, de todo esto ya se habrá dado cuenta por sí mismo el lector.

El caso es que reivindicaciones y felicitaciones aparte, me parece esta efeméride una buena excusa para sumarme de forma nada original al recuerdo de quien fuera director y mítico presentador del programa, Antonio Gasset Dubois (quien, por cierto, aparece estelarmente en el especial ofrecido con motivo del aniversario
). Decir que se trata de una persona que contribuyó decisivamente en la tarea de fidelizar espectadores (y que provocó también injustas deserciones tras su traumática marcha, como la de éste que más tarde y por pura lógica regresaría a su butaca) no es pasar del lugar común. Tampoco descubro nada al afirmar que su nombre aparece indudablemente ligado (en ocasiones llegando a ensombrecer su labor estrictamente periodística) a una forma muy especial de conducción que ha pasado a la posteridad en forma de frases y momentos impagables que le han valido incluso hacerse merecedor de la etiqueta de “maestro del humor”. Si Hugh Laurie bebió de sus fuentes para construir su personaje de genial médico airado, es algo que probablemente nunca sabremos. Como sea, de entre todo el caudal de frases que se le atribuyen (solo de una parte de las seleccionadas puedo dar fe como auténticas, pues recuerdo habérselas escuchado salir por boca del protagonista) he escogido una cincuentena que presento, por puro entretenimiento personal, en forma de lista. Muchas las conoceréis y activarán en vuestra memoria, como a mí me sucedió, olvidadas conexiones neuronales. Otras quizá os fuesen extrañas, en cuyo caso no me cabe duda de que estaréis encantados de haberlas conocido.

1.- “Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.”

2.- “...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli toxicómanos insomnes.”

3.- “Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo.”

4.- “Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno.”

5.- “Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de nazareno autoflagelante.”

6.- “Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.”

7.- “Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere.”

8.- “...Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro.”

9. -“Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro".

10.- “Llegó la pausa. Estupenda para reflexionar sobre el verano y sus posibilidades lúdicas: sorprender a nuestras parejas con un tatuaje, un piercing en zona íntima, o simplemente un tanga de pedrería para hacer el ridículo en alguna piscina municipal. Como podéis comprobar no puedo evitar decir sandeces.

11.- “Tan guapa actriz como mala la película que ha venido a promocionar.”

12.- “Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador.”

13.- “Servidor se confiesa seguidor de Philip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado.”

14.- “Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”

15.- “Es incuestionable que ‘Kill Bill’ es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más.”

16.- “¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?”

17.- Cierto interés despierta la película ‘Thirteen’, ópera prima de la directora Catherine Hardwick. Una adolescente, su madre, sexo, drogas y piercing en la lengua, algo, por cierto, con lo que todavía no he contactado, pero no pierdo la esperanza.

18.- “Llego la hora de la pausa. Espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de sus parejas... Si no puede ser, no puede ser... En cualquier caso, volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia.”

19.- “Ahora vamos con ‘El señor de los anillos’, película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de ‘El señor de los anillos’.”

20.- “Esto ha sido todo, la próxima semana más. Id pensando en las vacaciones y en el Europeo de fútbol; más adelante Atenas se convertirá en capital mundial de la droga con la presencia de los maravillosos atletas olímpicos.”

21.- “Comenzamos con una película de las llamadas polémicas, que quiere decir que a unos les gusta y a otros no, como todas.”

22.- “Y cómo no, el DVD y sus ofertas, el mejor invento hasta el momento para gozar del cine en la intimidad de hogares, geriátricos o prisiones, lugares donde los humanos consumimos nuestro irreversible devenir.”

23.- “Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina.”

24.- “Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise.”

25.- “Llegó la pausa, alejaros del mando a distancia, cualquier tentación podría conduciros a algún infierno, incluidos espacios electorales.”

26.- “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones.”

27.- “Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima.”

28.- “Hola, buenas noches. Hoy les hablo desde Torrespaña en Madrid, más conocido como el pirulí, que con su forma fálica es un símbolo de la modernidad de esta ciudad. Como modernas también son las vidrieras de la Catedral de la Almudena y las pinturas del altar de un tal Kiko no sé qué. Por cierto, igual de horribles que algunas películas.”

29.- “Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar (en Cannes)”. A la vuelta de la publicidad dio su explicación: "Era un patético intento por mantener la audiencia.....”

30.- “Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.”

31.- "Bruce Willis, la persona a la que más he odiado en este mundo; Bruce Willis, ese actor a cuyo club de fans tengo el placer de no pertenecer"

32.- “Llegó la pausa, meditad sobre las vacaciones, compañía, siempre mejor las malas, viajes, con seres queridos mucho mejor, y gastos, la generosidad siempre embellece. Y sobre todo no pertenezcáis nunca a ningún grupo mediático sea del signo que sea.”

33.- “Punto final del programa y como siempre las novedades del DVD. Un regalo magnifico si queréis quedar bien, por ejemplo conmigo este próximo domingo, día de San Antonio.”

34.- “Sed buenos, evitad los tríos amorosos, que aunque tengan su morbo son peligrosos, y bebed mucha agua para el calor.”

35.- “Continuamos con tres estrenos que hemos considerado de interés y de un nivel digno de nuestro programa, tres películas que representan el cine actual. Hay lo que hay y lo demás son sueños deliroides que sólo conducen al autoengaño.”

36.- “Llegó la pausa. Tomaos con filosofía y paciencia las pasiones futbolísticas, sexuales y políticas. Las primeras, porque se trata de un juego; las segundas, porque suelen ser efímeras; y las terceras, las políticas, porque el oscuro objeto del deseo suele ser un mentecato.”

37.- “Comenzamos esta segunda parte hablando de una película de la que me gustaría no hablar. Este es un caso en el que siento un profundo asco y me siento un cobarde por no negarme a hablar de esta cosa. Se trata del último trabajo de Quentin Tarantino, del que soporté los 45 primeros minutos a pesar de la secuencia de arranque, una de las más despreciables de la historia del cine. Un asesinato gratuito y sádico delante de la hija de la víctima. Con esfuerzo soporto que haya en el programa gente que le guste.

38.- “Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.”

39.- “Buenas noches, una semana más ‘Días de cine’ interrumpe vuestra intimidad para informaros sobre esto que algún insensato calificó como arte, pero que hay que reconocer que en algunas ocasiones es maravilloso.

40.- “Seguimos con otros temas, la película ‘Carne viva’ de la directora Jane Campion, un thriller gozosamente sexualón, con la estupenda Meg Ryan a la búsqueda de verdades y algún que otro orgasmo. Temas por cierto nada desagradables.”

41.- “Llegó la pausa, recordad la necesidad de hacer la declaración de la renta y tened en cuenta que casi todo lo que hace feliz no desgrava, pero siempre queda el consuelo de comportarse como buenos ciudadanos. No sigo porque comenzará a crecerme la nariz.”

42.- “Buenas noches, de nuevo en Madrid con sus zanjas, obras y taladradoras ensordecedoras y también hay que reconocerlo, con cosas buenas, como alguna zona todavía del barrio de Salamanca. A continuación la actualidad en esto del cine, tan lleno de obras maestras según escuchamos, pero que nosotros no vemos por ninguna parte. Tras el sumario con los contenidos comenzamos.

43.- “Sé que aguantarán a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona.”

44.- “Quiero aprovechar, como amante de la Fórmula 1, para felicitar al corredor alemán Michael Schumacher por su triunfo en el Gran Premio de San Marino. Da gusto ver en lo más alto del podium a personas ni fatuas, ni engreídas, ni desagradecidas. Espero que continúe la racha.”

45.- “Esto ha sido todo, este fin de semana serán los Oscar, premios por los que no siento el más mínimo interés. Aunque son buenos para descubrir el índice de estupidez de algunos informadores en función del número de veces que utilizan la palabra “glamour". Palabra que por cierto nunca he conocido bien su significado. Por supuesto, interpretaciones tan ridículas y lamentables como la de Charlize Theron y Renée Zellweger serán premiadas, no tengáis ninguna duda.”

46.- “Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados), ladrillo para otros (estábamos en lo cierto) que fue Amelie.”

47.- “Llega a nuestras pantallas con cierto retraso la película ‘Full frontal’ del director Steven Sorderberg, autor desigual y en ocasiones magnífico. Esta película pertenece al grupo de sus rarezas, pero la verdad es que engancha bastante una vez que hemos renunciado a entenderla en su totalidad.”

48.- “Veamos el reportaje de ‘Mar adentro’ que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película.”

49.- “La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente.”

50.- “Buenas noches en esta nueva edición del programa ‘Días de cine’, un clásico en esta isla de buen gusto que es la 2 de TVE. Como no tengo muchas ganas de hablar pasamos directamente al sumario con los contenidos de esta semana y comenzamos.”

domingo, 9 de octubre de 2011

Hambre (¿y empacho?) de Jobs


Steve Jobs ha muerto. Y desde hace días no consigo escabullirme de esa nube de consternación y desconsuelo que se ha formado en torno a su figura. Los medios de comunicación no dejan de inundarnos con informaciones acerca de su biografía (cómo fue su infancia, qué le inspiraba, por qué se vestía de tal modo, cómo forjó un imperio, lo perdió y lo volvió a conquistar…) mientras que las redes sociales distribuyen miles de comentarios por segundo sobre su persona a lo largo y ancho de todo el mundo civilizado. Veo alrededor a cantidad de gente sensible, culta e inteligente afectada y no puedo evitar preguntarme: ¿por qué yo no me conmuevo? ¿Por qué no siento su pérdida como mía?

¿Me he vuelto insensible? ¿Es por no haber tenido un mac, un iphone, un ipad?

Steve Jobs era un genio en su campo. Dotó de realidad a lo que otros simplemente imaginaron. Cómo negar que su aportación en la evolución del ordenador personal, la creación del ‘mouse’ o aplicaciones como la pantalla táctil (entre las más de 300 patentes que llegó a registrar) han transformado nuestra cotidianeidad. Pero, sobre todo, Jobs fue un genio del marketing. Un tipo capaz de mantener en ascuas a millones de amantes de lo ‘último’, de dejar horas y horas a un montón de japoneses estampados contra un cristal esperando a que abrieran la tienda.

Pero, más allá de una serie de innovaciones tecnológicas deliciosamente empaquetadas, sigo sin descubrir qué nuevos caminos abrió Jobs a la raza humana. A cuántos de sus congéneres salvó de la zozobra. Qué preguntas trascendentales trató de responder. Cuántos audaces interrogantes dejó planteados. No, por mucho que me esfuerzo no veo en él a un Leonardo o un Einstein, puede que ni siquiera a un Edison, en todo caso un Bill Gates con más clase, a un Zuckerberg con más talento, un rey Midas, en definitiva, de los tiempos modernos, un gran héroe post.

Si tuviera una tienda de móviles, supongo que lo admiraría. Si tuviera un blog de tecnología lo admiraría. Si quisiera entrar en la lista Forbes lo admiraría. Incluso si fuera un simple autónomo lo admiraría. Qué demonios, no soy un geek, ni un nerd (y no sé si entiendo aún muy bien qué carajo sea un gadget) y no puedo evitar caer rendido ante lo que un solo hombre ha sido capaz de construir partiendo prácticamente desde cero. Pero, ya está.

Steve Jobs ha muerto y no consigo ver en el inventor, en el mago de las finanzas, en el maestro de la mercadotecnia, en la encarnación del sueño global/americano, en el para algunos verdadero "padre de mi generación", al genio redentor que a cada paso me encuentro reflejado. Mi dolor se dirige al hombre que murió joven después de luchar siete años con la muerte, a aquel de pensar sereno que ofreció una lección de vida en la célebre conferencia de Stanford y que ha dejado huérfanos a tantas millones de personas hambrientas. ¿De qué? Él lo supo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ser Iñaki Gabilondo


Once upon a time in my life que quise ser Iñaki Gabilondo. No como Iñaki Gabilondo, sino el mismo Iñaki. Hubo otras veces en que quise alternativamente convertirme en Butragueño, García Márquez o el zapatero de Kim Bassinger, pero mejor dejaremos esto para otra ocasión.

Quería ser Gabilondo porque representaba para mí toda la pureza de un oficio que ya por entonces barruntaba no había de ser fácil, que te obligaba a mantener un inestable equilibrio entre diversos poderes que no siempre se presentaban de forma clara, fuerzas oscuras y malévolas que atentaban contra la neutralidad, la independencia, la imparcialidad o como queramos llamarlo de aquel que estaba llamado a contar las cosas únicamente tal y como son, ni siquiera como deberían ser. Huelga decir que en aquel tiempo soñaba con ser periodista, no sólo eso, sino periodista de la Sociedad Española de Radiodifusión, salir de mi casa cada día, radicada no importa dónde, encaminando mis pasos, eso era lo importante, hacia el mágico número 32 de la Gran Vía madrileña.

Por aquel tiempo Gabilondo era la más rutilante estrella en el firmamento de la radio y su luz cegaba ya a astros como Antonio Herrero o Luis del Olmo, voces imprescindibles de mi infancia. ‘Hoy por hoy’ se había convertido en la sintonía matinal de un país que había apostado por ser europeo, abierto y avanzado sin perder por tal motivo ese aire de cierta circunspección que acompaña a aquel cuyos pasos hollan una tierra tan largamente castigada y que seguía sumida en el trauma de sus infaustos episodios recientes. Y Gabilondo, ese donostiarra enamorado de Sevilla y de la música clásica, de voz profunda, enérgica y pausada, representaba como nadie el espíritu de los nuevos tiempos.

Su biografía personal, le confería además, sin él perseguirlo, un aura de legitimidad que lo convertían en un guía natural para millones de personas, pues por mucho que él se refiriera a la radio como una “segunda voz” la gente habría pagado por escucharlo solo a él en primer término. Seducido por el personaje, yo leía sobre él todo lo que me caía en las manos. A través de entrevistas, artículos y perfiles más o menos desarrollados (incluyendo aquella biografía, Ciudadano en Gran Vía, que devoré con fruición) supe así de su vida y sus obras. Descubrí que era de familia numerosa, que había perdido a su primera esposa en trágicas circunstancias, que había sido un testigo privilegiado de la Transición, que a pesar de su temprana vocación periodística se había puesto frente al micro casi sin pretenderlo.

Uno de los momentos álgidos de esta relación de admiración que sostuve durante años se produjo cierto día en el que mandé un e-mail al programa dentro de una sección dedicada a la participación de los oyentes. Creo recordar que el motivo era la celebración del 75º aniversario de la radio. Pues bien, Gabilondo no sólo leyó íntegro mi escrito, una pequeña reflexión sobre la importancia del medio sonoro en nuestras vidas, sino que añadió al final: “Siento lo mismo, joven colega”.

Yo daba por entonces mis primeros pasos en la comunicación iniciando un camino azaroso que no sabía adónde debía llevarme o si me llevaría a algún sitio. Lo hacía además en la emisora local de la SER en Vélez-Málaga, y las palabras del maestro refrendado mi opinión –que yo profería en calidad de recién llegado a la profesión, aunque por entonces no cobrara un duro por el trabajo- representaban algo así como la confirmación de que mi esfuerzo no era en vano, de que aunque me había visto obligado a desviarme por algún tiempo de mi primera vocación, aún estaba a tiempo de reconducir mis pasos y lograr mi sueño. Ser Iñaki Gabilondo.

Todavía habría de pasar un tiempo hasta que comprendiera que nunca lo sería. Que si bien alguna vez podría llegar a adulto, ya jamás nacería vasco, ni sería testigo y protagonista de un momento capital de nuestra historia ni, lo que resultaba más amargo, reuniría las condiciones necesarias para unir a millones de personas en torno a mi mesa camilla particular.

Sin embargo, no tardaría demasiado en descubrir que tampoco Gabilondo era Gabilondo, al menos el que yo había pensado que era. Mientras permaneció en la radio fue más fácil seguir manteniendo mi fe en él. Incluso cuando libró su particular cruzada contra Aznar (vale que instado por su contrincante) no dudé en defenderlo ante quien fuera. No había tenido más opción. Al enemigo, ni agua. Es más, su posterior arrepentimiento, al revelar que se había dejado llevar por el calor del momento, no hacían más que engrandecerlo. Pero a partir del nacimiento y de su desembarco en Cuatro, todo empezó a cambiar.

Y eso que aún recuerdo nítidamente cómo Mari Carmen y yo esperamos sentados frente al televisor a que él mismo cortara la cinta de la cadena. Qué felices nos las prometíamos entonces y qué idiota habríamos juzgado a aquel que hubiera osado vaticinar semejante fin para el nuevo canal, nada menos que incorporado por Telecinco al imperio Berlusconi. Cuatro había nacido para redimirnos de tanto “tomate”, “Gran Hermano” y demás zafiedad televisiva. Por fin nacía un medio verdaderamente progresista, amante de la cultura, valedor de un periodismo que apostara de manera decidida por la investigación. Repito, qué lejos estaban en nuestra mente los Fama, Manolos y demás productos que no tardarían en arrasar con nuestras desmedidas expectativas.

Por eso le perdonamos a Iñaki que dejara su programa en la radio y lo pusiera en manos, ay, me voy a callar. Por eso no quisimos prestarle atención a aquellos titubeos ante la cámara de los primeros meses que nos hacían mirarnos consternados a veces, ante el espectáculo de ver al pez fuera del agua y a punto de morir asfixiado. A la postre, las frases que utilizábamos eran del tipo “Esto es un telediario de verdad”, “Eso es, más análisis y menos sucesos”, “Espera, cenamos después del informativo” y cosas por el estilo. Si la ministra de Fomento hacía de reportera, micro en ristre, para darnos la última hora no pasaba nada; si al poco tiempo había que “agilizar” el espacio, acortando las entrevistas, no importaba; a fin de cuentas la audiencia es la audiencia y es la que nos da de comer (sic), y solo por escuchar esos editoriales en prime time y por asistir esporádicamente a esos especiales de análisis electoral merecía la pena todo lo demás.

Pero, entonces llegó aquel ‘pillado’, sí, el de la entrevista a Zapatero. Vale, ya sabíamos que Cuatro había sido un regalo del Gobierno, anterior a aquel otro regalo que le hizo a Mediapro y, demonios, no éramos tan idiotas para ignorar lo que el PSOE y PRISA se debían mutuamente. Hasta Iñaki, pensábamos aunque no lo decíamos, debía de estar enterado. Pero, el que se pusiera en evidencia de manera tan clara, chirriante y obscena resultó definitivo. Gabilondo siendo cogido asesorando al presidente en su campaña después de una entrevista era demasiado. A cualquier otro se lo habría perdonado. A él no. En ese momento no supe si me molestó más la inmoralidad o la torpeza pero el caso es que dejé de verlo. Después de más de veinte años siguiéndolo me desprendí de un magisterio que ya no necesitaba. Y lo más extraño de todo, es que lo hice sin dolor.

Por aquella época mi aventura en el mundo de la comunicación no atravesaba por su mejor momento. En la SER no pude hacer carrera y entré en una de esas empresas multimedia que afloraron en muchas ciudades medias y pueblos con pretensiones de nuestro país en los primeros años de la década favorecidas por la bonanza económica general. El desarrollo tecnológico (que abarataba tremendamente los costes), sumado al creciente interés por los partidos políticos en el ámbito de la comunicación local (donde podían jugar a sentirse importantes haciendo como que influían en una opinión pública bastante menos estúpida de lo que ellos se figuraban), propiciaron el crecimiento de grupos liderados en su mayoría por mercenarios que podían aspirar a aglutinar radio, televisión y prensa escrita, siempre que dispusieran de un buen respaldo oficial.

Hoy, muchos de aquellos emprendedores subvencionados duermen el sueño de los justos o son acuciados por las deudas, amparados por un sistema legal garantista hasta la grosería para aquellos que se lo pueden permitir. El caso es que ahí me vi, sin comerlo, ni beberlo, asumiendo cada vez mayores responsabilidades, que ni había pedido ni deseaba, distanciándome a cada paso de todo aquello que había sido un día mi ideal, al socaire de los vientos partidistas de turno, a años luz de cualquier forma de periodismo conocida, siendo víctima y cómplice de una situación inimaginable para mí sólo hacía unos años antes y que no podría describir sin sonrojo. En definitiva, ahí me vi, a mi minúscula escala, dándole la mano a Zapatero y haciéndole el caldo gordo. Fíjate tú por dónde, me decía, sí que tenía algo que ver con Iñaki.

Reconozco que este pensamiento, que hasta hace poco no me ha abandonado, no es justo en absoluto, que nacía del resentimiento hacia una profesión que puede ser tremendamente ingrata pero capaz también de proporcionar impagables momentos. El rencor, fruto de la decepción que produce el quedarse con el dorado entre los dedos, hacia aquel que había idolatrado se mezclaba con mi propia penitencia personal. Me sentía estafado por los demás pero, especialmente, burlado por una parte de mí mismo, por la mano derecha que había pretendido que nada supiera lo que estaba haciendo la izquierda, todo para no reconocer que había sido un iluso pretendiendo que la vida era un cuento y que podría sentirme mejor diciéndome a mí mismo que todo era una porquería, es más, que mi ventaja respecto a Gabilondo y lo que me convertía no sólo en mejor persona sino incluso en un periodista menos perjudicial para la salud pública es que yo era un mentiroso de mucha menor enjundia.

Y entre estos pensamientos estuve consumiéndome hasta hace unos meses. Hasta que abandoné los medios. Solo entonces pude volver a Gabilondo sin sentir vergüenza propia ni ajena. De algún modo, lo había perdonado (y me había perdonado), sabiendo ya, claro, que nada volvería a ser lo mismo, o al menos no más parecido de lo que resulta un adolescente respecto a un hombre de 34 años. Reconciliado de nuevo con su forma serena de ejercer el oficio, volví a él intermitentemente en las noches de CNN+ casi para decirle adiós. El tiempo suficiente para poder anticipar lo que este país lo va a echar de menos cuando se retire y nos deje en manos únicamente de sus peores versiones, de aquéllos que en su corrupción sin mácula convierten en algo casi naïf sus indisimuladas afinidades, de quienes jamás dudan ni preguntan ni, probablemente, sientan nunca la necesidad de reconocer las propias equivocaciones, quién sabe si sentados bajo una luz tenue con la novena de Beethoven sonando en la bandeja del CD.

 
Copyright 2009 Apocalípticos e integrados. Powered by Blogger Blogger Templates create by Deluxe Templates. WP by Masterplan