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viernes, 27 de noviembre de 2009

Ágora: más luces que sombras


Entro a la sala a ver Ágora con un saco de prejuicios cargado a mi espalda. Desde que la película se estrenara hace unas semanas he tenido tiempo de visionar en televisión un buen puñado de fragmentos, no he podido evitar tragarme algún pedazo de 'making off' y, por supuesto he escuchado los más diversos comentarios por parte de espectadores y críticos. Con ese bagaje a cuestas me siento en la sala casi vacía (a pesar de que la peli está siendo un éxito de taquilla, la afluencia en lunes a los cines es verdaderamente exigua) preparado para ver un filme tildado a la vez, según la particular exégesis de cada uno, de “correcto pero frío”, “pretencioso”, “emocionante hasta las lágrimas”, “parte de una campaña ideológica orquestada por la izquierda” (sic), “aburrido”, “impropio de la talla de su autor”, “obra maestra” y otra serie de calificaciones y descripciones que, aisladas o combinadas a veces hasta de modo contradictorio, han conseguido anular cualquier juicio anticipado de valor por mi parte, pero que de algún modo han ido acrecentado mis deseos de ver el resultado hasta el punto de arrancarme del sofá (y esto es lo más que se pudiera decir para alguien que hace tiempo cambió la sala por la salita) para ir a verla en la gran pantalla.

Durante los primeros minutos todavía procuro encajar algunas de las críticas que espumean en mi mente y así intento formarme una idea de conjunto a través de la lectura separada de cada una de las primeras secuencias. Así me voy diciendo alternativamente “qué bien rodada está”, “esto tiene pinta de bodrio”, “la fotografía, espectacular”, “para mí que ésta es de ésas lentas”, “¿sería Alejandría realmente así?”, “mucha pasta y pocas nueces” … Hasta que llega un momento en el que, de modo inconsciente, aparto todas esas inútiles conjeturas y simplemente me dejo llevar. A partir de entonces –e insisto, la sensación es prácticamente imperceptible- me convierto en cautivo de la historia que Amenábar quiere contar.

Y menuda historia.

Porque hay que ser un tipo como Amenábar, un tipo capaz de debutar con una de las mejores películas de la historia del cine español, un tipo capaz de componer sus propias bandas sonoras (aunque no es el caso), un tipo capaz de camelarse a Tom Cruise y Nicole Kidman para rodar una película de fantasmas, un tipo que ha ganado un Óscar a los treinta y pocos años, un genio, en definitiva, para atreverse a recrear la Alejandría del siglo IV y contar la historia de la primera mujer filósofa de la historia.

Y hay que ser Amenábar, un maestro consorte del guión (junto a Mateo Gil son como los Furthman-Brackett del cine contemporáneo) para poner en imágenes uno de los mayores atentados contra la Cultura de Occidente (la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, más concretamente del Serapeo que conservaba los documentos que no habían sido aniquilados en los atentados anteriores); para narrar la peripecia vital de la infeliz Hipatia –así la describía Antonio Escotado en lo que me supuso mi primera referencia sobre el personaje- conociendo de antemano el espectador su funesto sino, y encima salir airoso.

Desde el primer momento, el director/narrador nos demuestra que juega con un material altamente sensible, que navega por un mar gélido que en cualquier momento puede cerrarse ante él y dejarlo atrapado en el hielo. Es tal la fuerza icónica del personaje central que cargar las tintas a base de pergeñar grandes trazos dramáticos en torno a su figura podría suponer convertirlo en caricatura. Por otra parte, corre el riesgo de perderse en la abstracción y dejarse seducir por el reino de las ideas puras en el que se mueve quien al fin y al cabo es por encima de todo una filósofa, una científica, y a fin de cuentas, lo que está haciendo es una película. En ese difícil equilibrio entre los dramáticos hechos históricos (modificados a conveniencia de acuerdo a las necesidades narrativas, a veces de modo poco justificable como ocurre con el personaje de Silesio de Cirene), el carácter paradigmático de la pensadora (su condición de intelectual, de mujer, de mujer intelectual) y el deseo de contar una historia que sea a la vez reflejo de un tiempo y denuncia universal de la barbarie, que emocione y entretenga, pero sin concesiones a la frivolidad, se mueve el director.

La Historia entrevista con pasión, pero bañada con luz fría. La obsesión por el tempo narrativo. La perfección formal. El dibujo detallado de unos personajes a menudo arquetípicos pero a los que se les ha tocado en muchos casos con la varita de la incertidumbre, son las herramientas de las que se vale Amenábar para situar la lucha entre las tinieblas de la ignorancia, el dogmatismo y la barbarie (que representan los cristianos sí, pero también los judíos que se preparan para una nueva diáspora e incluso los propios paganos idólatras que han levantado la Biblioteca pero también estatuas a las que adorar de hinojos); y las luces de la inteligencia y el conocimiento que representa Hipatia.

Es en este sentido que la película consigue no sucumbir en la trampa del maniqueísmo, incluso del legítimo resentimiento hacia quienes se convierten, en nombre del Dios Único, en artífices de la destrucción de lo que de sublime aún conserva el mundo antiguo. Por eso, aunque ciertamente resulte exagerado el considerar el capítulo que desarrolla Amenábar como el final de una era esplendorosa que cede el testigo al empuje de la superstición la intolerancia) al mundo pagano al que somos invitados a asomarnos, no le son escamoteados sus tintes más sombríos, como el fanatismo religioso que también se encuentra instalado, o la perpetuación de una esclavitud física y moral que sirve al mismo tiempo de caldo de cultivo para movimientos insurgentes que, como el propio cristianismo, beben del rencor hacia un gobierno despótico e hipócrita que como el que representa el Imperio Romano los mantuvo durante siglos en la pobreza, en la semiclandestinidad, sojuzgados.

Amenábar se eleva así sobre la contingencia histórica y apunta directamente al fanatismo como categoría, sabedor de que allí donde una vez los cristianos fueron instrumento de destrucción –aunque hay que reconocer que prolongarán durante mucho tiempo su reinado de oscuridad-, más tarde podrán ser otros –los propios árabes que siglos después reducirán a cenizas cualquier volumen que hubiera podido escapar al ansia liberticida del patriarca de Alejandria, Teófilo y de otro santo de la Iglesia, su sobrino Cirilo- los encargados de consumar la purga (porque “Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”)

Quizá por este motivo donde la película, a mi juicio, brilla con más luz es en la representación de la Razón abriéndose camino a través de los estudios de Hipatia. Éste es verdaderamente el eje en torno al que orbita –y nunca mejor dicho- el filme. Podrán quemar buena parte del conocimiento acumulado, podrán reducir la espiritualidad a un sucedáneo de fe, estrecho, ridículo, obsceno, pero allá donde una mente libre se abra paso, donde unos ojos intenten escrutar en las estrellas la dinámica celeste, donde un alma se interrogue sin cerrojos sobre el destino de los humanos, podrá haber esperanza.

Éste es el mensaje, si tuviera alguno, de Ágora. Ésta es la lectura que sus responsables y, sobremanera la protagonista, Rachel Weisz (de la que no diré que me ha sorprendido, pues ya en El jardinero fiel nos demostró de lo que es capaz delante de una cámara) consiguen trasladar en las algo más de dos horas que dura la cinta. El que mientras el mundo se desangra, Roma cede el testigo a un nuevo imperio, y los predicadores se disputan las almas, con el libro único en una mano y la espada en la otra, sobre el tablero de la ignorancia, el hombre –en este caso una mujer investida de una sobria dignidad (sofrosine) que trascenderá la furia de sus perseguidores- será capaz de elevarse sobre su propia podredumbre para aspirar a rozar siquiera un trozo de absoluto.

Hipatia, alcanza así la categoría de símbolo y se inscribe en la lista mártires laicos que, como antes Anaxágoras y Sócrates, o más adelante Galileo, Spinoza, Bruno.., tendrán que sufrir las acusaciones de incitación al desorden, impiedad o herejía, siendo obligados a retractarse, condenados al exilio, asesinados o amablemente conducidos al suicidio. La imagen de los siniestros parabolanos, la facción más extremista del cristianismo imperante, su voluntad homicida, sus gritos desesperados de “Dios es uno” hace que resuenen en nuestra memoria los “mueras a la inteligencia” que, entonados en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, un día de octubre del 36 trataron de acorralar a una de las mentes más lúcidas del siglo XX español.También nuestro Miguel de Unamuno ("venceréis pero no convenceréis"), como aquella sabia alejandrina mil quinientos años antes, se negó a abjurar de sus ideas.

Éste es el mensaje, si tuviera alguno, de Ágora. No el cerril anticatolicismo del que se le acusa. Ésta es la póstuma victoria de la hija de Teón. De Hipatia, la más grande.

martes, 21 de julio de 2009

Cobertura lunar: ¿y si hubiésemos llegado hoy?

jueves, 16 de julio de 2009

Falsos recuerdos


Un nuevo estudio científico ha vuelto a arrojar luz sobre algo que ya sabíamos: que los seres humanos podemos acabar generando falsos recuerdos, esto es, “recordar” como reales cosas que nunca sucedieron o distorsionar hechos que, efectivamente, sí se produjeron, pero que nosotros terminamos edulcorando hasta el punto de terminar aboliendo con nuestra nueva versión la verdad que los originales encerraban.

Puede que a usted también le haya sucedido descubrir que un hecho que había quedado impreso en su memoria, que aún hoy es capaz de percibir con sus sentidos vívidamente, jamás tuvo lugar. Simplemente, se había producido un desajuste en la sustancia blanca en la que se encuentran las fibras nerviosas que conectan las diferentes regiones del cerebro.

Inquietante, ¿verdad?

Sabemos que los sentidos nos engañan, pero la posibilidad de que nuestro disco duro termine alterando los datos que creíamos tener a buen recaudo, nos llena de desconcierto. Una cosa es no poder rememorar algo y otra, muy diferente, es que nuestras percepciones sobre el pasado sean meras ficciones.

Dicen los responsables del estudio, realizado por el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y la Universidad de Barcelona, que para generar el recuerdo falso utilizamos información que ya tenemos, pero que parece tan real y creíble que el individuo acaba creyéndoselo. Algo que puede arrojar sombras tremendamente alargadas en según qué ámbitos de la vida, como al afrontar un juicio.

El maestro del suspense, Alfred Hitchcok, que nunca tuvo miedo de asomarse a los abismos de la mente y que se sirvió en sus tramas de todo un abanico de filias, fobias y desarreglos varios (voyeurismo, vértigo, trastorno bipolar, histeria, megalomanía, paranoia...), nos mostró hasta qué punto una serie de sujetos y sujetas es capaz de identificar como culpable de un crimen a un tipo totalmente inocente. Y todo porque el personaje interpretado magistralmente por Henry Fonda guardaba algún parecido con el verdadero criminal.

Así, ¿quién nos dice, por ejemplo, que Felipe González no puede recordar que él siempre defendió a capa y espada la energía nuclear; o que otro ex presidente, en este caso José María Aznar, también podría almacenar el recuerdo de que en verdad su nombre es Fernando y está casado con una tal Isabel, reina de Castilla? Incluso no es improbable que Francisco Camps pudiera albergar también este tipo de recuerdos falsos y pensara que él se pagó de sus bolsillo los famosos trajes (por mucho que olvidara, vaya por Dios, dónde guardó las facturas).

Para Magritte la memoria era un bello y sereno busto clásico del que manaba sangre a la altura de uno de sus ojos. Pocas imágenes evocan con mayor fidelidad su ambigua condición, ésa que hace que olvidemos lo que no nos interesa y a veces recordemos incluso lo que nunca ha sucedido.

viernes, 24 de abril de 2009

La culpa de todo

Al final va a resultar que la culpa de que el sistema económico haya hecho catacrack es de los trabajadores, o lo que más eufemísticamente se denomina como el sistema laboral, pero por la base. Insolidarios como pocos, los asalariados y sus representantes no están dispuestos a aceptar que les rebajen la cantidad que deberían percibir en caso de despido, se muestran recelosos a la hora de afrontar las regulaciones de empleo que acometen las empresas y, en definitiva, se obcecan con sus caprichos y fruslerías de progres pijos -aunque la mitad de ellos vote al PP- en frenar el despegue económico del país.

Desde luego, la actitud de los sindicatos exigiendo subidas salariales para los funcionarios mientras el IPC se desploma, no es precisamente un ejemplo de solidaridad a la hora de afrontar el problema. Pero, no me negarán tampoco que bancos y empresarios (los grandes en concreto) han hecho bastante poco por asumir parte de su culpa en este entuerto y que resulta bastante más fácil apelar a la solidaridad mientras se conduce un Audi A-8 camino del chalecito en la costa, que cuando se cobran 900 euros mensuales y tu jefe ya te ha dicho nada subliminalmente que va a haber que recortar el presupuesto.

Glup.

No se ha cansado de decir Rajoy desde que se desató el ruido y la furia, que el problema del Gobierno español era que no había sabido diagnosticar el problema. No le faltaba razón al galleguito feliz. Pero, esta ceguera no es exclusiva del presidente español, ni de la clase política en su conjunto. Todavía a nivel macroeconómico se sigue especulando sobre las causas y autoría intelectual del actual caos financiero. La última moda es echarle la culpa a los llamados ‘quants’, esos físicos teóricos y matemáticos pasados al mundo de la economía, y a su funesta influencia sobre el orden mundial.

Los ‘quants’ pensaban que la estructura de los sistemas financieros no era muy distinta a la física que controla un sólido o un gas. Así, se dedicaron a aplicar sus conocimientos desarrollando modelos destinados, por ejemplo, a transformar productos contaminados de hipotecas basura en otros aparentemente limpios. Estos productos, considerados por algunos como verdaderas “armas financieras de destrucción masiva”, terminaron colocados en el mercado con las sabidas consecuencias. El sistema se había intoxicado hasta el punto de que incluso dos ilustres defensores de las teorías “científicas”, los premios Nobel Robert Merton y Myron Acholes, hicieron bueno aquello de llevar en el pecado la penitencia al ver cómo su fondo de inversión colapsaba el pasado año. Vaya por Dios.

Eso de aplicar el método científico a los fenómenos sociales no es nuevo. Hace más de un siglo, Comte contribuyó a fundar lo que en un inicio se llamó “física social”, y otro eminente sociólogo, Emile Durkheim, analizó desde esta perspectiva algunos de los hechos sociales fundamentales de su tiempo. Creía que en toda sociedad se da una solidaridad básica, que en las modernas se funda en la división del trabajo, en la complementación para la obtención de los medios de subsistencia.

Las redes que teje el dinero suelen amortiguar la pérdida de solidaridad que en momentos como los actuales se produce. Pero no siempre. Ahí tienen a David Kellerman, director financiero de la empresa hipotecaria Freddie Mac, intervenida por el Gobierno estadounidense, y al que la policía ha encontrado muerto esta semana, posiblemente debido a un suicidio.

¿Le pudo la presión social? ¿Se sintió un fracasado? ¿Acaso culpable?

Puede que la Ciencia no lo explique todo. Y el comportamiento de los hombres menos que cualquier otra cosa. A lo mejor, qué se yo, Kierkegaard, Dostoievski o Freud sigan siéndonos más útiles para desentrañar la madeja humana que todos los 'quants' y sus parientes (vivos y muertos) juntos.

[artículo recomendado por soitu]

jueves, 2 de octubre de 2008

Pensamiento fósil

El mundo está lleno de iluminados, de personas que pretenden revelarnos una Verdad en medio de este caos de confusión, tinieblas y volatilidad en el que vivimos. Adnan Oktar es uno de estos autoerigidos. En su caso su Verdad trata de desmontar una gran Mentira, la que han concebido Darwin y sus epígonos evolucionistas para convencernos de que las especies no fueron arrojadas al planeta ahí, porque sí, con todos sus complementos ya de serie, sino que se han ido transformando lentamente librando su particular lucha por la vida durante millones de años. Menuda chorrada.

Oktar, toda una celebridad en su Turquía natal, no está dispuesto a dar su brazo a torcer. Como cualquier iluminado, no se mueve en el mundo de lo racional, si siquiera de lo razonable. Sabe que los caminos del Señor son inescrutables pero que al final todos parten o conducen a Él. Así, ha lanzado un órdago a los científicos de todo el mundo. Al primer darwinista que le presente un fósil de la etapa intermedia en el proceso evolucionario le ofrecerá un premio de diez billones de liras turcas (6,2 billones de euros o 7,3 billones de dólares). Una bagatela al lado de lo que supone desmontar uno de los grandes timos de la Historia, comparable a afirmar que la tierra es redonda, que el sol no gira alrededor del planeta azul o que el hombre tiene algo que ver en las causas del calentamiento global.

Para este creacionista musulmán, famoso por haber lanzado a nivel mundial y de manera gratuita un lujoso “Atlas de la Creación”, no existen fósiles que sirvan para apoyar las teorías de Charles Darwin. Vamos, que durante millones de años las formas de los organismos vivos no han evolucionado. En todo caso, hemos asistido a un gran Montaje, una especie de prueba divina que un puñado de ateos sin escrúpulos no han superado. A ellos, no cabe duda, les están reservadas las penas del Infierno.

Quizá todo esto no pasara de ser la excentricidad de un lunático si no viniera acompañada de hechos como los que recientemente acontecieron en Turquía, cuando un tribunal obligó a cerrar el acceso en este país a la web del científico Richard Dawkins a causa una demanda interpuesta por el mismo Oktar – que escribía bajo el pseudónimo de Harun Yahya-, en la que se quejaba de que Dawkins - divulgador científico con numerosas contribuciones a la teoría evolutiva, como “El gen egoísta” o “El fenotipo extendido”- le había insultado al permitir ciertos comentarios realizados en los foros y blogs de su web.

Dawkins, que ya había calificado en su web el “Atlas” de Okar- de “ridículo” y su contenido de “inane”, ha visto así cómo la corte criminal segunda de Estambul ha ordenado a Turk Telekom a bloquear el acceso a su página, no fuera a ser que cualquier internauta distraído terminara intoxicado a causa de las emanaciones de azufre.

No es, sin embargo, la primera vez que algo así sucede. De hecho, Oktar y los suyos consiguieron cerrar el 2007 el acceso a WordPress.com, alegando que los blogs ahí alojados contenían material insultante y algo parecido lograron con Google.

Sobrevuela así la pregunta de si estas sentencias vienen a salvaguardar el derecho al honor de algunos o a cercenar la libertad de expresión de otros, teniendo en cuenta el intenso debate en torno a la religión que la presuntamente laica Turquía está protagonizando en los últimos años. La eterna candidata a entrar en la Unión Europea está gobernada por un partido musulmán moderado y se debate entre quienes apuestan por propiciar un mayor acercamiento a Occidente (como el Premio Nobel Orhan Pahmuk) y quienes intentan convertir al país de setenta millones de habitantes en un nuevo bastión del fundamentalismo islámico. Todo, ante la atenta mirada de los militares, tradicionales vigías –curiosa inversión- de la normalidad laica y democrática del Estado.

Desde luego, noticias como las anteriores no hacen sino acrecentar los recelos de la ya repelosa Europa de cara a una posible integración. Aunque tampoco se trata de sembrar el pánico, o al menos de focalizar el problema en una región concreta. Todos recordaremos el papel que en los últimos tiempos han jugado a la hora de intentar imponer la enseñanza de sus creencias los creacionistas cristianos de Estados Unidos, el país más “libre” del mundo.

Los errores de unos, claro está, no enjuagan los de los otros. Todo lo más nos avisan de las amenazas de involución –nunca mejor dicho- que asoman aquí o allá. El próximo 12 de febrero se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin. Su celebración puede ser una buena oportunidad para seguir levantando un muro de razón y conocimiento frente a las abatidas del pensamiento mágico.

Aunque, bien pensado, supongo que tal perspectiva resulta bastante ingenua. Como escribía Amos Oz: “el fanatismo es extremadamente pegajoso, más contagioso que cualquier virus. Se puede contraer fanatismo fácilmente, incluso al intentar vencerlo o combatirlo”.

miércoles, 30 de abril de 2008

Clasistas, equitativos y predeciblemente irracionales

El cerebro. Ese gran misterio. Un trozo de materia del tamaño de una manzana y a la vez tan complejo como el vasto universo. En las últimas décadas los científicos andan, y nunca mejor dicho, devanándose los sesos, para intentar comprender por qué actuamos los seres humanos como los hacemos. Está claro que aún quedan infinidad de incógnitas por resolver y que buena parte de las conclusiones alcanzadas hasta ahora pueden considerarse como tanteos iniciales que con toda probabilidad en muchos casos aguardan –como suele ocurrir en toda ciencia joven- a ser superadas. Pero, desde luego, la importancia de los avances en neurociencia resultan incuestionables y están ayudando ya a arrojar luz sobre muchos de nuestros comportamientos de un modo hasta hace casi nada inimaginable.

En las últimas semanas –me entero a través de Neofronteras- se han publicado diversos estudios encaminados a despejar diferentes cuestiones relacionadas con el funcionamiento de este órgano vital, de enorme trascendencia también desde el punto de vista de las ciencias sociales en su conjunto.

Así, por ejemplo, investigadores del National Institute of Mental Health han descubierto que la región del cerebro denominada ‘estriatum’ juega un papel fundamental a la hora de tomar decisiones. Una de las principales conclusiones que extraen es que para nuestros cerebros es tan importante el dinero como el estatus social que tenemos, y sugieren –algo que por otra parte la propia experiencia diaria de cada cual nos puede revelar- que nuestra posición social influye en nuestras motivaciones, así como en nuestra salud mental y física.

Estos científicos aseguran haber encontrado la prueba de que nuestro cerebro considera la posición jerárquica tan importante como otro tipo de recompensas y que medimos nuestros beneficios en función de los beneficios de los demás. O, dicho de otro modo, que lo que realmente nos puede llegar a molestar no es cobrar un mísero sueldo tras trabajar doce horas diarias, sino que otros compañeros ganen lo mismo o más aplicando el mínimo esfuerzo. De este modo, según el estudio, si la jerarquía es estable podemos ignorar a aquellos que están por debajo y concentrarnos en los que están por encima; y si es inestable, y podemos perder nuestro estatus, entonces aparecen las emociones y los problemas.

En definitiva, que aquellos que todavía piensan –pese a la frustrada experiencia marxista- que es posible una sociedad sin clases sociales, pueden ir olvidándose de momento, toda vez que la percepción de la jerarquía, más que una superestructura, es algo profundamente grabado en nuestros cerebros, y por tanto en nuestra naturaleza biológica.

¿Quiere decir lo anterior que no podemos más que aceptar pasivamente lo que nuestro cerebro nos dicte, mostrándonos indiferentes ante los abusos de autoridad que de tal percepción puedan derivarse? En ningún caso, entre otras razones, porque, como afirma otro estudio reciente, nuestro cerebro está condicionado por defecto para demandar un trato justo. Esto depende de la parte emocional del mismo, que en este caso se impone a la parte racional.

Según aparece publicado en el número de abril de ‘Psychological Science’, el cerebro encuentra el comportamiento egoísta –de los demás- emocionalmente desagradable, y un grupo de neuronas diferente encuentra la equidad edificante.
Es decir que, frente a la visión –cara a muchos economistas teóricos- que mantiene que los seres humanos tomamos siempre decisiones racionales encaminadas a maximizar nuestros intereses personales, el cerebro humano está configurado para percibir el sentido de la equidad.

Quizá esta conclusión esté relacionada con la tesis que defiende el libro del investigador del MIT, Dan Ariely, (“Predictably Irrational” (HarperCollins), incluido en la lista de los libros más vendidos del ‘The New York Times’ en febrero pasado) en el que relata cómo la gente es “predeciblemente irracional” en determinados tipos de situaciones. Su estudio del comportamiento económico ha demostrado que la gente frecuentemente toma decisiones que parecen desafiar toda lógica, pero lo hacen de una manera predecible y consistente, en ocasiones a causa de motivaciones morales.

Sobre el mismo proceso de toma de decisiones también han aparecido nuevos descubrimientos. Así, unos científicos han explorado recientemente un circuito cerebral relacionado con esta función. Según ellos el cerebro funciona mejor cuando se le cambia la rutina habitual. Según aseguran, este hallazgo ayudará en las investigaciones para el desarrollo de prótesis y para saber cómo se toman las decisiones “insanas”.

jueves, 24 de abril de 2008

El 'Hubble' alcanza la mayoría de edad


La NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han difundido hoy en Internet 59 fotos que son el resultado de un año de trabajo del 'Hubble', con motivo del 18º aniversario de la puesta en órbita de este supertelescopio , el 24 de abril de 1990.

La colección de fotos, que supone la mayor hecha pública de forma simultánea hasta ahora, se puede ver en la página web del Hubble, y muestra la interacción entre galaxias. Algunos lo han presentado como una verdadera “guerra de las galaxias”, aunque a mí se me antoja mejor un baile, en concreto un vals, como el que dibujan las naves interestelares de ‘2001. Una odisea del espacio’.

No me digan que si Pitágoras levantara la cabeza, al contemplar el caótico orden que estas imágenes desprenden, no pensaría que algo de razón llevaba.

miércoles, 2 de abril de 2008

La "solución" china, ¿una alternativa para frenar la sequía?

(Pantano aragonés de Mediano)

El conflicto en Tibet y las presiones diplomáticas que pueden empañar la próxima ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos en el país asiático no son ni mucho menos las únicas preocupaciones que tienen los gobernantes chinos en la actualidad.

Uno de los problemas más acuciantes que afronta el régimen comunista es el de la pertinaz sequía que sufren algunas zonas del país, especialmente las provincias septentrionales, donde ya ha causado graves problemas de escasez de agua para la población, el ganado y los cultivos.
Veinticuatro horas antes de que la antorcha olímpica llegara a la plaza de Tiananmen para emprender un viaje de 137.000 kilómetros que la llevará a una veintena de países en los cinco continentes -en lo que será el relevo más largo de la historia olímpica-, la capital del gigante asiático, así como la vecina provincia de Hebei, tuvieron que echar mano de la tecnología, en concreto usando yoduro de potasio, para poder aliviar las consecuencias de la falta de agua.
Según informó la Oficina Municipal Meteorológica de Pekín las bases de control meteorológico lanzaron cohetes y dispararon proyectiles que contienen yoduro de plata contra las nubes para desencadenar las precipitaciones, logrando de este modo la lluvia más abundante y de mayor duración de la primavera.

Como resultado de esta acción se lograron matar dos pájaros de un tiro, ya que la ceremonia de la antorcha olímpica pudo celebrarse en Pekín bajo un espléndido cielo azul, y es que la estrategia de provocar lluvia artificial con el fin de despejar los cielos encapotados y limpiar la atmósfera de las temidas tormentas de arena, es también una acción muy frecuente en grandes ceremonias al aire libre y, sin duda, será una práctica habitual durante la celebración de los Juegos.Vista la aparente eficacia del método, cabe preguntarse si dada la inquietante situación que atraviesa nuestro país, especialmente en Cataluña, este sistema no podría ser importado. Al parecer la comunidad de Madrid ya se planteó hace un par de años la posibilidad de bombardear las nubes en el embalse de El Atazar, en este caso con yoduro de plata, para incrementar las lluvias, siguiendo un método que se hace en Israel desde hace décadas y que, según decían, permitía aumentar hasta en un 19% el volumen de agua de las precipitaciones.

Este método de provocar lluvia con sustancias químicas, ­-que fue ensayado el las Islas Canarias durante los años 80 con resultados contradictorios (se llenaron las presas pero se produjo alguna inundación incontrolada)- y que los israelíes ya han exportado también a Estados y México consistiría en la utilización de aviones que arrojan sobre la parte inferior de las nubes yoduro de plata, y todo sin ningún efecto medioambiental (el método es inocuo, ya que, según sus responsables, no altera la composición del agua.)

Según la agencia oficial Xinhua, China cuenta con 6.781 cañones y 4110 lanzacohetes en su arsenal para provocar lluvia artificial, y efectuó 4231 vuelos con este objetivo entre 1995 y 2003.
Así las cosas, ya pueden generar este tipo de fenómeno meteorológico en un tercio de su territorio, concretamente, en tres millones de kilómetros cuadrados de un país que está preparando un gran centro nacional para la manipulación del tiempo atmosférico, que será operativo a partir de 2010.

Si el sistema puede ser adaptado a las necesidades de un país como España, si presenta contraindicaciones que lo alejan de esta imagen modélica que hemos visto más arriba (como la posibilidad de provocar lluvias incontroladas), y en definitiva, si podría ser una alternativa o un complemento a los trasvases o a las desaladoras en momentos de emergencia, son preguntas que algunos nos hacemos, pero que parecen estar fuera del actual debate.

lunes, 31 de marzo de 2008

Las amebas no son tontas

Cuando quieras insultar a tu jefe –por la espalda, cómo no- o a ese amigo de tu vecino que en vez de llamar al timbre prefiere ponerse a tocar frenéticamente el claxon de su coche en plena siesta, has de saber que decirle que tiene menos cerebro que una ameba no sólo está pasado de moda sino que carece de todo rigor científico. Según leo en Neofronteras, un estudio realizado por un equipo internacional encaminado a estudiar los comportamientos sociales de estos seres microscópicos sugiere que ciertos individuos están programados para usar tácticas de engaño para obtener así más posibilidades de sobrevivir.
Vamos, que las amebas no tienen ni un pelo de tontas.

Según reflejan los experimentos realizados, este tipo de ameba social (Dictyostelium discoideum) se alimenta libremente de bacterias del suelo, pero si la comida escasea se agrega con otras para formar un cuerpo fructífero de unas 100.000 células. En este punto los investigadores se centraron en el extraordinario nivel de cooperación que se da entre las células con la esperanza de entender cómo algunas (las del tallo) actuaban de este modo, llegando a la conclusión de que ese acto de generosidad no era debido al puro altruismo sino al elevado coste que supondría no cooperar, ya que sin tallo ninguna ameba podría escapar hacia otros lugares donde sobrevivir y todas perecerían.

Pero en la última investigación, los científicos han conseguido dar un paso más, al descubrir una especie de sofisticada estrategia mediante la cual algunas células –las muy cucas- engañan al sistema para darse a ellas mismas más probabilidades de sobrevivir.

Uno de los investigadores que forman parte del proyecto, Chris Thompson, profesor en la Universidad de Manchester, utiliza una analogía para comparar el comportamiento de las amebas con el humano en según qué circunstancias límite. Así –explica- cuando un barco se está hundiendo si algunas personas tramposas engañan al resto no achicando agua conservarán una energía que les será beneficiosa, pero el proceso de achique requerirá de más tiempo. Lo malo es si no hay suficiente gente achicando agua y el barco finalmente se hunde y todos se ahogan, incluyendo a los tramposos.

Además, para terminar de apuntalar la semejanza con nuestra especie han descubierto que el engaño sólo se produce en presencia de no tramposos, ya que si éstos se encuentran rodeados de otros tramposos todos contribuyen en grupo al esfuerzo colectivo, conscientes de que un escaqueo general terminará siendo fatal para el conjunto.

Vamos, que de aquí al “uno trabajando y los demás mirando” propio de nuestra especie sólo hay que escalar unos millones de años en la historia de la evolución.

sábado, 29 de diciembre de 2007

Bush y la Ciencia infusa

Hay cosas que no cambian. Después del sabotaje estadounidense a la Cumbre de Bali, donde los intentos de Europa y otros países de poner freno al calentamiento global adoptando una serie de medidas dirigidas a reducir drásticamente las emisiones de c02 se dieron de bruces con la postura de boicot estadounidense, ahora acabamos de conocer que la administración Bush y el Congreso de la primera potencia mundial han acordado recortar gran parte del presupuesto en ciencia básica.

Entre los proyectos que sufrirán recortes para el 2008 se encuentra el del Colisionador lineal Internacional (ILC). El nuevo presupuesto hará que unos 200 miembros del Fermilab (Fermi National Accelerator Laboratory) sean despedidos en unos días y que otros tendrán que tomarse dos días mensuales de vacaciones obligatorios sin remunerar.

Por otra parte, la contribución de EEUU al ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor) se desploma pasando de los 160 millones presupuestados a sólo 10, dejando en mano del resto de socios internacionales la continuidad de un proyecto que para algunos podría ser una solución de futuro a la hora de cubrir las necesidades energéticas del planeta, ya que supondría la obtención de energía inagotable sin la creación de residuos nucleares de larga vida.

Algunos científicos ya han manifestado que este presupuesto –que contempla, por otro lado, incrementos en campos de investigación como las energías renovables o la partida destinada a la NASA- es el peor en ciencia básica que recuerdan y que es especialmente catastrófico en Física de altas energías. De hecho esta área sufrirá un recorte de un 8,5%, mientras que la investigación en fusión nuclear se reducirá un 10,2% respecto al año pasado. Además, a esta situación hay que añadir que desde hace un tiempo muchos departamentos de Ciencia de las universidades norteamericanas están pasando apuros a causa de la falta de presupuestos federales.

En definitiva, Bush, al que recordamos recomendando la enseñanza del llamado “diseño inteligente” –nueva forma de llamar al creacionismo bíblico con pretensiones pseudo-científicas- para que así los escolares puedan disponer de todos los elementos del “debate”, vuelve a demostrar que su atención está centrada en otras cosas. Y así, mientras que a resultas de la tan sangrienta como inútil “guerra contra el terror”, la industria armamentística y el presupuesto de Defensa norteamericanos no han dejado de crecer, la Ciencia ha sufrido la ignorante suficiencia pragmática (sic) de la clase política del país.

Así y todo, los states siguen demostrando su enorme potencial en todos los ámbitos, como se demuestra echando un vistazo a la lista de los 10 mayores avances científicos de 2007 -"un año asombroso para la ciencia"- publicados por la revista Wired (y que Miguel Artime ha traducido para su maikelnai´s blog).

10. Los transistores se miniaturizan aún más
9. Científicos clonan a un mono rhesus para producir células madre
8. Descubren planeta que podría albergar vida
7. Ingenieros crean material transparente tan fuerte como el acero
6. Analizan tejidos blandos en el fémur de tiranosaurio
5. Curan el síndrome de Rett en ratones de laboratorio
4. Enzimas que convierten cualquier tipo de sangre en O
3. Desentierran y analizan dinosaurio momificado
2. Los chimpancés usan lanzas para cazar
1. Investigadores convierten células cutáneas en células madre

El top 1 del ranking ha sido indiscutible en las diferentes listas que han sido publicadas en los últimos días, como la de la revista Time, sin ir más lejos.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Monos vs. universitarios


Siempre hemos oído decir aquello de que los elefantes tienen una gran memoria y que a las personas especialmente ‘memoriosas’ -como el famoso Funes de Borges- se les decía: “tienes -o tenés- una memoria de elefante (ché)”. Al parecer, esta idea de gran implantación popular -la primera obra, de tintes autobiográficos del escritor portugués, António Lobo Antunes se llamaba precisamente Memoria de Elefante- nos viene de la Frenología, una disciplina cultivada especialmente a finales del XIX que intentaba relacionar el tamaño del cerebro con las capacidades intelectivas y cognitivas tanto del ser humano como de los animales. De este modo el gran tamaño del cerebro de los elefantes, los hacía pasar como el no va más entre esta estirpe de científicos demasiado próximos teorícamente a los valedores de los métodos eugenésicos.

Los fundamentos de la Frenología fueron puestos en tela de juicio con los años, pero la Ciencia en general sí nos ha dado con el tiempo sobradas muestras de que determinadas especies estaban más evolucionadas de lo que se sospechaba. Y no hablamos precisamente de la humana.

Esta misma semana hemos conocido los datos de un estudio realizado por un equipo de investigación sobre primates de la Universidad de Kyoto (Japón), que asegura que durante años habíamos subestimado la capacidad intelectual de los antepasados más cercanos de la raza humana. Bueno, no todos. Para mí Chita siempre fue el animal más inteligente de la película. El caso es que han sometido a una serie de pruebas a tres parejas de madres y crías de cinco años de chimpancés y los han puesto a competir con estudiantes universitarios en la realización de unos ejercicios de memoria numérica. ¿Y qué creen que ha pasado? Exacto. ¡Los monos han ganado a los universitarios! Y eso que eran japoneses, que no se van de botellón y salen muy por encima de nosotros en el célebre informe PISA.

Estudios como éste, al igual que determinadas evidencias en terrenos como la antropología o la genética nos sirven para cubrir ese salto ontológico entre nuestros antecesores y algunos primates evolucionados (las llamadas “protoculturas”, o “primotes” en términos campechanos). En realidad, y contra lo que han sostenido, muchas veces de forma interesada, biólogos, sociólogos o catequistas varios- ya no podemos hablar de “eslabón perdido”, sino de un continuun, es decir un puente recorrido a través de cientos de miles de años cuyos tramos aún no hemos llegado a recorrer por completo.

Porque al parecer, esto no acaba aquí. Los investigadores japoneses aseguran que este experimento es tan sólo “la punta del iceberg”. Vamos, que o andamos vivos o la alucinada visión de hombres sirviendo a una raza de primates, como en El planeta de los simios, puede que no sea tan descabellada. Al menos no más que la de ver a un octogenario Charlton Heston con un fusil en sus manos retando a quien tenga narices a que se lo quite.

"From my cold, dead, hands..."

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Artículo recomendado: "La memoria del chimpancé"



viernes, 30 de noviembre de 2007

España suspende en ciencias

Miguel Servet, Villanueva de Sigena (Huesca), 29 de septiembre de 1511-Ginebra, 27 de octubre de 1553


España vuelve a no salir muy bien parada en el último informe del Programa Internacional de Evaluación de estudiantes, PISA, según sus siglas en inglés, relativo al año 2006. De lo que se trataba ahora era de determinar el nivel de conocimientos científicos de los alumnos en los países desarrollados. Y los compatriotas de Servet, Ramón y Cajal o Marañón no hemos salido muy rumbosos. Y no digamos los andaluces, una vez más a la cola.

Esta ‘inferioridad’ de los españoles en el terreno científico no es nueva. Y no podemos achacársela en exclusiva a nuestro convulso siglo XX y al frenazo de la guerra y la posterior represión franquista, que terminaron provocando una diáspora no sólo de políticos o artistas, sino de lo mejor de nuestra entonces incipiente comunidad científica. Históricamente los españoles hemos dado eminentes poetas, pintores, arquitectos o dramaturgos. Pero nuestra nómina de grandes científicos resulta irrisoria si la comparamos con la de países de nuesra órbita europea como Reino Unido, Francia, Italia, Holanda o Alemania.

En este sentido, si nos fijamos, por ejemplo, en la ‘edad de oro’ del pensamiento científico moderno, la que se extiende por los siglos XVI, XVII y XVIII, resulta muy complicado encontrar a un español. Copérnico, Brahe, Galileo, Kepler, Newton, Descartes, Bacon, Leibniz... Sólo al genial Spinoza lo podemos considerar como ‘uno de los nuestros’, en la medida en que desciende de judíos expulsados en tiempos de los Reyes Católicos (por si no tuviéramos bastante).

Algunos han atribuido esta carencia al ‘carácter español’, a la predominante latina o mediterránea (el sol, el mar, el clima..., como si en León no hiciese el frío de Königsberg) que nos haría incompetentes para las tareas intelectualmente rigurosas ( El Quijote no es un producto mayúsculo de la inteligencia humana, claro), convirtiéndonos en unos negados para la ciencia y la filosofía (ramas del saber hoy escindidas, pero que no dejan de designar en origen a la misma realidad) Entonces, ¿cómo explicar la inclusión de italianos o franceses entre los hombres más luminosos de la Ciencia de su tiempo?

Está claro que el espíritu de la Contrarreforma, alentado por la monarquía española, no favoreció la creación de un clima intelectual propicio. A un lado y otro del ‘telón de acero’ religioso de la época, los cultivadores del saber se enfrentaron -en ocasiones pagando con la vida, como Bruno, en otras traicionando sus propias convicciones, como el temeroso Galileo- al poder represor de sus iglesias. Pero los aires de apertura en la esfera económica, política, social y científica ligados a la ética del protestantismo (por decirlo con Max Weber) propiciaron una verdadera revolución en el orbe cristiano que más tarde fundamentaría el nacimiento de los Estados Unidos.

España, afortunadamente, se ha desprendido de muchos lastres en los últimos treinta años, hasta el punto de que estamos en camino de acabar con nuestra inane pelea con la Ciencia. Pero la incomprensible e irresponsable tacañería de los diferentes políticos que nos han gobernado están suponiendo un fardo que nos está impidiendo dar el salto definitivo. Porque los datos del ‘Informe PISA’ tienen su correlato en las instancias ‘superiores’. Y aquí es donde se nos revela la precariedad de los investigadores, la escasez de laboratorios, la falta de medios y de recursos en este capítulo de la octava potencia mundial.

O nos ‘espabilamos’ o, a este ritmo, escuchar a un andaluz diciendo ¡eureka! va a ser más difícil que un judío llegue a presidente de Gobierno en Irán.

 
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