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viernes, 28 de septiembre de 2012

'Acción: parados', en FronteraD

"Acción: parados", artículo publicado el 13 de septiembre dentro de la sección "Pantallas" de Frontera D.
Una de las alegrías que me ha proporcionado el mes de septiembre ha sido la aparición de mi primer artículo en FronteraD, una estupenda revista digital que tengo la suerte de conocer desde sus inicios y que de la mano de un fantástico equipo de profesionales, entre los que se integra Alfonso Armada, sin cuya generosa intervención esta participación no hubiera sido posible, se ha convertido en una verdadera referencia dentro del periodismo digital en España.

Puedes leer el artículo entero aquí.



domingo, 5 de agosto de 2012

Una última broma



“Al aproximarse mi último suspiro, imagino con frecuencia una última broma. Hago llamar a aquellos de mis viejos amigos que son ateos convencidos como yo. Entristecidos, se colocan alrededor de mi lecho. Llega entonces un sacerdote al que yo he mandado llamar. Con gran escándalo de mis amigos, me confieso, pido la absolución de todos mis pecados y recibo la Extremaunción. Después de lo cual, me vuelvo de lado y muero.
Pero, ¿se tendrán fuerzas para bromear en ese momento?
Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba”.
(Final de 'El último suspiro' de Luis Buñuel)

martes, 22 de noviembre de 2011

Curso acelerado sobre el sistema financiero



Antes de que el sistema financiero se colapsara (sic) y de que tuviéramos que refundar el capitalismo (resic), Rodrigo Cortés (el de la estupenda Buried) nos daba de forma premonitoria unas lecciones básicas sobre los bancos. No previó que solo meses más tarde inauguraríamos una nueva era en la que si algo salía mal, ahí estarían de nuevo los arruinados prestatarios para, a través de sus gobiernos (de sus "representantes democráticamente elegidos"), cubrir además las pérdidas. No falla, tarde o temprano, el oro, el interés y la propiedad.

lunes, 17 de octubre de 2011

Las mejores frases de Antonio Gasset en 'Días de cine'

La semana pasada el programa ‘Días de cine’ cumplía 20 años, un hito incluso para un espacio producido por la televisión pública. Hito, sí, pues a pesar de la acreditada calidad demostrada con los años, siempre en permanente evolución, que le ha permitido mantener en estos tiempos de fragmentación una audiencia más o menos fiel, parece que ‘Días de cine’ esté condenado a estar permanentemente justificándose. Prueba de ello es el tener que verse sometido al incomprensible hostigamiento del que dan cuenta los continuos recortes al que es sometido el programa (felizmente sin que se resienta el producto) y cuyo ejemplo más visible -algo endémico y que sólo la opción “a la carta” ha venido a paliar- es su ninguneo a la hora de ser colocado en parrilla.

Con todo, ‘Días de cine’ sigue siendo el programa de cine de referencia en nuestro país y no sólo porque a casi todos los demás se los hayan ido cargando con los años. Además de ser visualmente atractivo, e informativamente prolijo es, last but not least, tremendamente útil para sus espectadores, al menos para éste que suscribe y que encuentra en sus reportajes un casi siempre fiable punto de referencia a la hora de seleccionar las películas de mayor interés.
Ajeno tanto a pretenciosas exquisiteces vanguardistas autohinflapagadas, al tiempo que implacable con aquellos que pretenden hacer del arte de masas por antonomasia una simple repetición recaudatoria de lo mismo, la crítica practicada por los redactores del programa –heterodoxa dentro de ciertos parámetros que permiten observar una cierta unidad de fondo- se recrea en las bondades de los filmes a abordar, sin cebarse en los desaciertos que más bien tienden a ser fácilmente localizados, para proceder después a su posterior desactivación, algo a lo que contribuye generosamente el espectador implícito que frecuenta el programa. Aunque, en fin, de todo esto ya se habrá dado cuenta por sí mismo el lector.

El caso es que reivindicaciones y felicitaciones aparte, me parece esta efeméride una buena excusa para sumarme de forma nada original al recuerdo de quien fuera director y mítico presentador del programa, Antonio Gasset Dubois (quien, por cierto, aparece estelarmente en el especial ofrecido con motivo del aniversario
). Decir que se trata de una persona que contribuyó decisivamente en la tarea de fidelizar espectadores (y que provocó también injustas deserciones tras su traumática marcha, como la de éste que más tarde y por pura lógica regresaría a su butaca) no es pasar del lugar común. Tampoco descubro nada al afirmar que su nombre aparece indudablemente ligado (en ocasiones llegando a ensombrecer su labor estrictamente periodística) a una forma muy especial de conducción que ha pasado a la posteridad en forma de frases y momentos impagables que le han valido incluso hacerse merecedor de la etiqueta de “maestro del humor”. Si Hugh Laurie bebió de sus fuentes para construir su personaje de genial médico airado, es algo que probablemente nunca sabremos. Como sea, de entre todo el caudal de frases que se le atribuyen (solo de una parte de las seleccionadas puedo dar fe como auténticas, pues recuerdo habérselas escuchado salir por boca del protagonista) he escogido una cincuentena que presento, por puro entretenimiento personal, en forma de lista. Muchas las conoceréis y activarán en vuestra memoria, como a mí me sucedió, olvidadas conexiones neuronales. Otras quizá os fuesen extrañas, en cuyo caso no me cabe duda de que estaréis encantados de haberlas conocido.

1.- “Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.”

2.- “...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli toxicómanos insomnes.”

3.- “Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo.”

4.- “Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno.”

5.- “Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de nazareno autoflagelante.”

6.- “Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.”

7.- “Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere.”

8.- “...Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro.”

9. -“Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro".

10.- “Llegó la pausa. Estupenda para reflexionar sobre el verano y sus posibilidades lúdicas: sorprender a nuestras parejas con un tatuaje, un piercing en zona íntima, o simplemente un tanga de pedrería para hacer el ridículo en alguna piscina municipal. Como podéis comprobar no puedo evitar decir sandeces.

11.- “Tan guapa actriz como mala la película que ha venido a promocionar.”

12.- “Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador.”

13.- “Servidor se confiesa seguidor de Philip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado.”

14.- “Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”

15.- “Es incuestionable que ‘Kill Bill’ es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más.”

16.- “¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?”

17.- Cierto interés despierta la película ‘Thirteen’, ópera prima de la directora Catherine Hardwick. Una adolescente, su madre, sexo, drogas y piercing en la lengua, algo, por cierto, con lo que todavía no he contactado, pero no pierdo la esperanza.

18.- “Llego la hora de la pausa. Espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de sus parejas... Si no puede ser, no puede ser... En cualquier caso, volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia.”

19.- “Ahora vamos con ‘El señor de los anillos’, película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de ‘El señor de los anillos’.”

20.- “Esto ha sido todo, la próxima semana más. Id pensando en las vacaciones y en el Europeo de fútbol; más adelante Atenas se convertirá en capital mundial de la droga con la presencia de los maravillosos atletas olímpicos.”

21.- “Comenzamos con una película de las llamadas polémicas, que quiere decir que a unos les gusta y a otros no, como todas.”

22.- “Y cómo no, el DVD y sus ofertas, el mejor invento hasta el momento para gozar del cine en la intimidad de hogares, geriátricos o prisiones, lugares donde los humanos consumimos nuestro irreversible devenir.”

23.- “Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina.”

24.- “Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise.”

25.- “Llegó la pausa, alejaros del mando a distancia, cualquier tentación podría conduciros a algún infierno, incluidos espacios electorales.”

26.- “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones.”

27.- “Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima.”

28.- “Hola, buenas noches. Hoy les hablo desde Torrespaña en Madrid, más conocido como el pirulí, que con su forma fálica es un símbolo de la modernidad de esta ciudad. Como modernas también son las vidrieras de la Catedral de la Almudena y las pinturas del altar de un tal Kiko no sé qué. Por cierto, igual de horribles que algunas películas.”

29.- “Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar (en Cannes)”. A la vuelta de la publicidad dio su explicación: "Era un patético intento por mantener la audiencia.....”

30.- “Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.”

31.- "Bruce Willis, la persona a la que más he odiado en este mundo; Bruce Willis, ese actor a cuyo club de fans tengo el placer de no pertenecer"

32.- “Llegó la pausa, meditad sobre las vacaciones, compañía, siempre mejor las malas, viajes, con seres queridos mucho mejor, y gastos, la generosidad siempre embellece. Y sobre todo no pertenezcáis nunca a ningún grupo mediático sea del signo que sea.”

33.- “Punto final del programa y como siempre las novedades del DVD. Un regalo magnifico si queréis quedar bien, por ejemplo conmigo este próximo domingo, día de San Antonio.”

34.- “Sed buenos, evitad los tríos amorosos, que aunque tengan su morbo son peligrosos, y bebed mucha agua para el calor.”

35.- “Continuamos con tres estrenos que hemos considerado de interés y de un nivel digno de nuestro programa, tres películas que representan el cine actual. Hay lo que hay y lo demás son sueños deliroides que sólo conducen al autoengaño.”

36.- “Llegó la pausa. Tomaos con filosofía y paciencia las pasiones futbolísticas, sexuales y políticas. Las primeras, porque se trata de un juego; las segundas, porque suelen ser efímeras; y las terceras, las políticas, porque el oscuro objeto del deseo suele ser un mentecato.”

37.- “Comenzamos esta segunda parte hablando de una película de la que me gustaría no hablar. Este es un caso en el que siento un profundo asco y me siento un cobarde por no negarme a hablar de esta cosa. Se trata del último trabajo de Quentin Tarantino, del que soporté los 45 primeros minutos a pesar de la secuencia de arranque, una de las más despreciables de la historia del cine. Un asesinato gratuito y sádico delante de la hija de la víctima. Con esfuerzo soporto que haya en el programa gente que le guste.

38.- “Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.”

39.- “Buenas noches, una semana más ‘Días de cine’ interrumpe vuestra intimidad para informaros sobre esto que algún insensato calificó como arte, pero que hay que reconocer que en algunas ocasiones es maravilloso.

40.- “Seguimos con otros temas, la película ‘Carne viva’ de la directora Jane Campion, un thriller gozosamente sexualón, con la estupenda Meg Ryan a la búsqueda de verdades y algún que otro orgasmo. Temas por cierto nada desagradables.”

41.- “Llegó la pausa, recordad la necesidad de hacer la declaración de la renta y tened en cuenta que casi todo lo que hace feliz no desgrava, pero siempre queda el consuelo de comportarse como buenos ciudadanos. No sigo porque comenzará a crecerme la nariz.”

42.- “Buenas noches, de nuevo en Madrid con sus zanjas, obras y taladradoras ensordecedoras y también hay que reconocerlo, con cosas buenas, como alguna zona todavía del barrio de Salamanca. A continuación la actualidad en esto del cine, tan lleno de obras maestras según escuchamos, pero que nosotros no vemos por ninguna parte. Tras el sumario con los contenidos comenzamos.

43.- “Sé que aguantarán a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona.”

44.- “Quiero aprovechar, como amante de la Fórmula 1, para felicitar al corredor alemán Michael Schumacher por su triunfo en el Gran Premio de San Marino. Da gusto ver en lo más alto del podium a personas ni fatuas, ni engreídas, ni desagradecidas. Espero que continúe la racha.”

45.- “Esto ha sido todo, este fin de semana serán los Oscar, premios por los que no siento el más mínimo interés. Aunque son buenos para descubrir el índice de estupidez de algunos informadores en función del número de veces que utilizan la palabra “glamour". Palabra que por cierto nunca he conocido bien su significado. Por supuesto, interpretaciones tan ridículas y lamentables como la de Charlize Theron y Renée Zellweger serán premiadas, no tengáis ninguna duda.”

46.- “Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados), ladrillo para otros (estábamos en lo cierto) que fue Amelie.”

47.- “Llega a nuestras pantallas con cierto retraso la película ‘Full frontal’ del director Steven Sorderberg, autor desigual y en ocasiones magnífico. Esta película pertenece al grupo de sus rarezas, pero la verdad es que engancha bastante una vez que hemos renunciado a entenderla en su totalidad.”

48.- “Veamos el reportaje de ‘Mar adentro’ que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película.”

49.- “La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente.”

50.- “Buenas noches en esta nueva edición del programa ‘Días de cine’, un clásico en esta isla de buen gusto que es la 2 de TVE. Como no tengo muchas ganas de hablar pasamos directamente al sumario con los contenidos de esta semana y comenzamos.”

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cainitas

["La última cena", según Buñuel]

Oyendo hablar a un hombre fácil es/acertar dónde vio la luz del sol,/si habla bien de Inglaterra será inglés, /si habla mal del alemán es un francés,/y si habla mal de España es español”. El célebre pasaje lo firmaba el poeta Joaquín Bartrina, aunque le debemos su puesta al día a Sánchez Dragó, quien utilizó el último verso como título para uno de sus últimos libros.

Pero, ¿podemos dar por buena esta lúgubre afirmación? ¿Tan poco respeto nos tenemos los españoles? Le daba vueltas yo a esta idea mientras observaba algunos debates generados en la red sobre cuestiones candentes de la actualidad. Las descargas en internet, la cumbre sobre el calentamiento global, la gestión del caso ‘Haidar’ por parte del Gobierno, el editorial de los periódicos catalanes... Allí donde centraba mi atención, podía percibir, por un lado, una cruda polarización, una especie de actualización de la dialéctica de las dos Españas; y por el otro, un subterráneo desprecio hacia nuestro país, que desembocaba en una especie de resignación colectiva.

Escarbando un poco en la cuestión, y con el recuerdo reciente de mi última visita a la extraordinaria Viridiana de Buñuel, me puse a pensar en el estigma que ha acompañado al cine español a lo largo de su historia. Al que llenaba las salas durante la época oscura de la dictadura, no tardamos en tildarlo de “casposo”, de “españolada”, cuando conquistamos las libertades civiles. Y el siguiente, el de las últimas décadas (pese al reconocimiento internacional de directores como Almodóvar o Amenábar) casi ha sido obligado a pedir perdón por su mera existencia.

¿No será acaso que existen motivos extra artísticos que justifiquen el juicio sumarísimo al que tiene que hacer frente, la permanente chanza de la que es objeto, la ridiculización permanente a la que es sometido por parte del gran público. En definitiva, ¿no será que el cine español en su conjunto, es malo, principalmente, porque es español?

De no ser así, cómo explicar que una filmografía que ha dado directores como Buñuel, Berlanga o Bardem, entre los clásicos, y películas como Tesis, El día de la bestia, Los sin nombre, Solas, Hable con ella, Nadie hablará de nosotras, En la ciudad sin límites, Los lunes al sol, La lengua de las mariposas, Azul oscuro, casi negro o El laberinto del Fauno, en los últimos años, sea tan maltratada en su propio país.

Está claro que nuestro cine es modesto. Se producen pocas películas y éstas gozan de escasa distribución. Pero, parece injusto que mientras industrias como la estadounidense (de la que me reconozco devoto deudor) infestan el mercado con cientos de títulos mediocres por cada filme de valía, abominemos de un cine en el caben más cosas que Yo soy la Juani o Mentiras y gordas.

El odio al colectivo de “la ceja” (por el que no siento especial simpatía), ha hecho el resto, dejándonos caer de nuevo en nuestro adorado maniqueísmo. Y pudiendo elegir bando, entiendo a los que prefieran estar en frente del que engrosa Willy Toledo. Pero, ¿qué hay al otro lado? ¿La última versión del Apocalipsis made in Hollywood?

Seamos serios. Desterremos la demagogia roja y la demagogia blanca, que diría Castelar. Juzguemos las obras por lo que encierran. Por su valor per se. Eso, siempre que no queramos vernos reflejados en los tullidos cainitas que con gran clarividencia retrató Buñuel.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Ágora: más luces que sombras


Entro a la sala a ver Ágora con un saco de prejuicios cargado a mi espalda. Desde que la película se estrenara hace unas semanas he tenido tiempo de visionar en televisión un buen puñado de fragmentos, no he podido evitar tragarme algún pedazo de 'making off' y, por supuesto he escuchado los más diversos comentarios por parte de espectadores y críticos. Con ese bagaje a cuestas me siento en la sala casi vacía (a pesar de que la peli está siendo un éxito de taquilla, la afluencia en lunes a los cines es verdaderamente exigua) preparado para ver un filme tildado a la vez, según la particular exégesis de cada uno, de “correcto pero frío”, “pretencioso”, “emocionante hasta las lágrimas”, “parte de una campaña ideológica orquestada por la izquierda” (sic), “aburrido”, “impropio de la talla de su autor”, “obra maestra” y otra serie de calificaciones y descripciones que, aisladas o combinadas a veces hasta de modo contradictorio, han conseguido anular cualquier juicio anticipado de valor por mi parte, pero que de algún modo han ido acrecentado mis deseos de ver el resultado hasta el punto de arrancarme del sofá (y esto es lo más que se pudiera decir para alguien que hace tiempo cambió la sala por la salita) para ir a verla en la gran pantalla.

Durante los primeros minutos todavía procuro encajar algunas de las críticas que espumean en mi mente y así intento formarme una idea de conjunto a través de la lectura separada de cada una de las primeras secuencias. Así me voy diciendo alternativamente “qué bien rodada está”, “esto tiene pinta de bodrio”, “la fotografía, espectacular”, “para mí que ésta es de ésas lentas”, “¿sería Alejandría realmente así?”, “mucha pasta y pocas nueces” … Hasta que llega un momento en el que, de modo inconsciente, aparto todas esas inútiles conjeturas y simplemente me dejo llevar. A partir de entonces –e insisto, la sensación es prácticamente imperceptible- me convierto en cautivo de la historia que Amenábar quiere contar.

Y menuda historia.

Porque hay que ser un tipo como Amenábar, un tipo capaz de debutar con una de las mejores películas de la historia del cine español, un tipo capaz de componer sus propias bandas sonoras (aunque no es el caso), un tipo capaz de camelarse a Tom Cruise y Nicole Kidman para rodar una película de fantasmas, un tipo que ha ganado un Óscar a los treinta y pocos años, un genio, en definitiva, para atreverse a recrear la Alejandría del siglo IV y contar la historia de la primera mujer filósofa de la historia.

Y hay que ser Amenábar, un maestro consorte del guión (junto a Mateo Gil son como los Furthman-Brackett del cine contemporáneo) para poner en imágenes uno de los mayores atentados contra la Cultura de Occidente (la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, más concretamente del Serapeo que conservaba los documentos que no habían sido aniquilados en los atentados anteriores); para narrar la peripecia vital de la infeliz Hipatia –así la describía Antonio Escotado en lo que me supuso mi primera referencia sobre el personaje- conociendo de antemano el espectador su funesto sino, y encima salir airoso.

Desde el primer momento, el director/narrador nos demuestra que juega con un material altamente sensible, que navega por un mar gélido que en cualquier momento puede cerrarse ante él y dejarlo atrapado en el hielo. Es tal la fuerza icónica del personaje central que cargar las tintas a base de pergeñar grandes trazos dramáticos en torno a su figura podría suponer convertirlo en caricatura. Por otra parte, corre el riesgo de perderse en la abstracción y dejarse seducir por el reino de las ideas puras en el que se mueve quien al fin y al cabo es por encima de todo una filósofa, una científica, y a fin de cuentas, lo que está haciendo es una película. En ese difícil equilibrio entre los dramáticos hechos históricos (modificados a conveniencia de acuerdo a las necesidades narrativas, a veces de modo poco justificable como ocurre con el personaje de Silesio de Cirene), el carácter paradigmático de la pensadora (su condición de intelectual, de mujer, de mujer intelectual) y el deseo de contar una historia que sea a la vez reflejo de un tiempo y denuncia universal de la barbarie, que emocione y entretenga, pero sin concesiones a la frivolidad, se mueve el director.

La Historia entrevista con pasión, pero bañada con luz fría. La obsesión por el tempo narrativo. La perfección formal. El dibujo detallado de unos personajes a menudo arquetípicos pero a los que se les ha tocado en muchos casos con la varita de la incertidumbre, son las herramientas de las que se vale Amenábar para situar la lucha entre las tinieblas de la ignorancia, el dogmatismo y la barbarie (que representan los cristianos sí, pero también los judíos que se preparan para una nueva diáspora e incluso los propios paganos idólatras que han levantado la Biblioteca pero también estatuas a las que adorar de hinojos); y las luces de la inteligencia y el conocimiento que representa Hipatia.

Es en este sentido que la película consigue no sucumbir en la trampa del maniqueísmo, incluso del legítimo resentimiento hacia quienes se convierten, en nombre del Dios Único, en artífices de la destrucción de lo que de sublime aún conserva el mundo antiguo. Por eso, aunque ciertamente resulte exagerado el considerar el capítulo que desarrolla Amenábar como el final de una era esplendorosa que cede el testigo al empuje de la superstición la intolerancia) al mundo pagano al que somos invitados a asomarnos, no le son escamoteados sus tintes más sombríos, como el fanatismo religioso que también se encuentra instalado, o la perpetuación de una esclavitud física y moral que sirve al mismo tiempo de caldo de cultivo para movimientos insurgentes que, como el propio cristianismo, beben del rencor hacia un gobierno despótico e hipócrita que como el que representa el Imperio Romano los mantuvo durante siglos en la pobreza, en la semiclandestinidad, sojuzgados.

Amenábar se eleva así sobre la contingencia histórica y apunta directamente al fanatismo como categoría, sabedor de que allí donde una vez los cristianos fueron instrumento de destrucción –aunque hay que reconocer que prolongarán durante mucho tiempo su reinado de oscuridad-, más tarde podrán ser otros –los propios árabes que siglos después reducirán a cenizas cualquier volumen que hubiera podido escapar al ansia liberticida del patriarca de Alejandria, Teófilo y de otro santo de la Iglesia, su sobrino Cirilo- los encargados de consumar la purga (porque “Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”)

Quizá por este motivo donde la película, a mi juicio, brilla con más luz es en la representación de la Razón abriéndose camino a través de los estudios de Hipatia. Éste es verdaderamente el eje en torno al que orbita –y nunca mejor dicho- el filme. Podrán quemar buena parte del conocimiento acumulado, podrán reducir la espiritualidad a un sucedáneo de fe, estrecho, ridículo, obsceno, pero allá donde una mente libre se abra paso, donde unos ojos intenten escrutar en las estrellas la dinámica celeste, donde un alma se interrogue sin cerrojos sobre el destino de los humanos, podrá haber esperanza.

Éste es el mensaje, si tuviera alguno, de Ágora. Ésta es la lectura que sus responsables y, sobremanera la protagonista, Rachel Weisz (de la que no diré que me ha sorprendido, pues ya en El jardinero fiel nos demostró de lo que es capaz delante de una cámara) consiguen trasladar en las algo más de dos horas que dura la cinta. El que mientras el mundo se desangra, Roma cede el testigo a un nuevo imperio, y los predicadores se disputan las almas, con el libro único en una mano y la espada en la otra, sobre el tablero de la ignorancia, el hombre –en este caso una mujer investida de una sobria dignidad (sofrosine) que trascenderá la furia de sus perseguidores- será capaz de elevarse sobre su propia podredumbre para aspirar a rozar siquiera un trozo de absoluto.

Hipatia, alcanza así la categoría de símbolo y se inscribe en la lista mártires laicos que, como antes Anaxágoras y Sócrates, o más adelante Galileo, Spinoza, Bruno.., tendrán que sufrir las acusaciones de incitación al desorden, impiedad o herejía, siendo obligados a retractarse, condenados al exilio, asesinados o amablemente conducidos al suicidio. La imagen de los siniestros parabolanos, la facción más extremista del cristianismo imperante, su voluntad homicida, sus gritos desesperados de “Dios es uno” hace que resuenen en nuestra memoria los “mueras a la inteligencia” que, entonados en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, un día de octubre del 36 trataron de acorralar a una de las mentes más lúcidas del siglo XX español.También nuestro Miguel de Unamuno ("venceréis pero no convenceréis"), como aquella sabia alejandrina mil quinientos años antes, se negó a abjurar de sus ideas.

Éste es el mensaje, si tuviera alguno, de Ágora. No el cerril anticatolicismo del que se le acusa. Ésta es la póstuma victoria de la hija de Teón. De Hipatia, la más grande.

jueves, 16 de julio de 2009

Falsos recuerdos


Un nuevo estudio científico ha vuelto a arrojar luz sobre algo que ya sabíamos: que los seres humanos podemos acabar generando falsos recuerdos, esto es, “recordar” como reales cosas que nunca sucedieron o distorsionar hechos que, efectivamente, sí se produjeron, pero que nosotros terminamos edulcorando hasta el punto de terminar aboliendo con nuestra nueva versión la verdad que los originales encerraban.

Puede que a usted también le haya sucedido descubrir que un hecho que había quedado impreso en su memoria, que aún hoy es capaz de percibir con sus sentidos vívidamente, jamás tuvo lugar. Simplemente, se había producido un desajuste en la sustancia blanca en la que se encuentran las fibras nerviosas que conectan las diferentes regiones del cerebro.

Inquietante, ¿verdad?

Sabemos que los sentidos nos engañan, pero la posibilidad de que nuestro disco duro termine alterando los datos que creíamos tener a buen recaudo, nos llena de desconcierto. Una cosa es no poder rememorar algo y otra, muy diferente, es que nuestras percepciones sobre el pasado sean meras ficciones.

Dicen los responsables del estudio, realizado por el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y la Universidad de Barcelona, que para generar el recuerdo falso utilizamos información que ya tenemos, pero que parece tan real y creíble que el individuo acaba creyéndoselo. Algo que puede arrojar sombras tremendamente alargadas en según qué ámbitos de la vida, como al afrontar un juicio.

El maestro del suspense, Alfred Hitchcok, que nunca tuvo miedo de asomarse a los abismos de la mente y que se sirvió en sus tramas de todo un abanico de filias, fobias y desarreglos varios (voyeurismo, vértigo, trastorno bipolar, histeria, megalomanía, paranoia...), nos mostró hasta qué punto una serie de sujetos y sujetas es capaz de identificar como culpable de un crimen a un tipo totalmente inocente. Y todo porque el personaje interpretado magistralmente por Henry Fonda guardaba algún parecido con el verdadero criminal.

Así, ¿quién nos dice, por ejemplo, que Felipe González no puede recordar que él siempre defendió a capa y espada la energía nuclear; o que otro ex presidente, en este caso José María Aznar, también podría almacenar el recuerdo de que en verdad su nombre es Fernando y está casado con una tal Isabel, reina de Castilla? Incluso no es improbable que Francisco Camps pudiera albergar también este tipo de recuerdos falsos y pensara que él se pagó de sus bolsillo los famosos trajes (por mucho que olvidara, vaya por Dios, dónde guardó las facturas).

Para Magritte la memoria era un bello y sereno busto clásico del que manaba sangre a la altura de uno de sus ojos. Pocas imágenes evocan con mayor fidelidad su ambigua condición, ésa que hace que olvidemos lo que no nos interesa y a veces recordemos incluso lo que nunca ha sucedido.

domingo, 8 de marzo de 2009

Mujeres protagonistas en el cine: una selección heterodoxa


Mujeres fuertes, sofisticadas, vulnerables, aventureras, resignadas. Mujeres fatales, inteligentes, transgresoras, sumisas, legendarias. Mujeres sencillas, elegantes, frías, protectoras, obstinadas. Mujeres capaces de superar barreras, defensoras de la igualdad, orgullosas de su diferencia, mujeres, en definitiva, a las que poder reivindicar también a través de los papeles que el cine, desde una óptica, es verdad, mayoritariamente masculina al otro lado de la cámara, a través de la historia les ha reservado. Me he permitido escoger diez películas sin más principio rector que el de recoger parte del universo femenino visto a través de la mirada de un hombre, servidor, que de algún modo pretende rendir un pequeño tributo a la capacidad de la mujer –la de ficción y la real- para sobreponerse a las contracorrientes de los tiempos. La lista, repito -en la que la numeración no presupone ningún tipo de jerarquía-, es por tanto abiertamente heterodoxa, fruto de mis preferencias cinéfilas. Así, puede que existan innumerables que reúnan más méritos que las aquí presentes pero creo modestamente que ver cualquiera de éstas puede ser también, por qué no, una manera de celebrar este día.

1) 'La loba': En cualquier lista que se precie acerca de la relación entre cine y mujer, debe figurar alguna película en cuyo reparto aparezca una de las actrices más auténticas en la historia de Hollywood. A Bette Davis le tocó en suerte el no ser una mujer de una belleza fastuosa, como la de Rita Hayworth o Ava Gardner, lo que le permitió encarnar personajes de mucha mayor complejidad que los que generalmente le caían en suerte a las estrellas del momento. Así, la Davies se convirtió en lo que se suele decir una gran drama de la interpretación que dio vida a personajes inolvidables en películas como La extraña pasajera, Jezabel, Eva al desnudo o en su última época, la inquietante Qué fue de Baby Jane, precisamente librando un asombroso duelo interpretativo con Joan Crawford. Quedarse con un solo papel de su carrera es poco menos que imposible, pero no destacar el modo en el que se mete en la piel de la perversa y avariciosa Regina Giddens de La loba sería imperdonable. Más allá de los méritos que la película amalgama, que son muchos, desde el guión de Lillian Helmann hasta la fotografía de Gregg Toland (Ciudadano Kane), la película nos descubre a un personaje femenino capaz de encarnar toda la mala baba que hasta entonces le era reservada a los hombres. Incomprensiblemente La Loba no obtuvo ninguna estatuilla. A pesar de todo, tras acabar el tortusoso rodaje del filme dirigido por el gran William Wyler, Bette Davis fue nombrada primera presidenta mujer de la Academia en los 44 años de existencia de la misma.

2) 'La costilla de Adán': Cuentan que Katharine Hepburn transmitía todavía más en su vida real, la imagen de autonomía que caracterizó a muchos de los personajes que interpretó en la gran pantalla. Basta recordar filmes absolutamente imprescindibles como La fiera de mi niña, Historias de Filadelfia o, ya en su etapa de madurez, La reina de África o Adivina quién viene a cenar esta noche, para darse cuenta de la verdad que la Hepburn sabía transmitirle a cada uno de sus personajes. Pero, dentro de la relación entre cine y mujer que es el tema que nos ocupa, no podemos dejar a un lado el inolvidable papel que realiza en la extraordinaria La costilla de Adán (del "director de mujeres" George Cukor), en la que interpreta a Amanda Bonner, una abogada feminista que tiene que defender el caso de una mujer que es acusada del intento de asesinato de su infiel marido enfrentándose en la sala a un fiscal que resulta ser el propio sr. Bonner, o lo que es lo mismo, su propio esposo, encarbado por un genial Spencer Tracy.

Vista en la actualidad, la cinta está llena de tópicos que no pueden ocultar un machismo subyacente, pero para una película de 1949 (el voto femenino no se implantó por cierto en Francia solo cinco años antes) la crítica a la doble moral patriarcal y la presencia en pantalla de un personaje femenino fuerte (que conduce y comparte las labores domésticas) como el que interpreta Hepburn, prefiguran el perfil de mujer emancipada que países como España no conocerá, prácticamente hasta finales del pasado siglo.

3) 'Johnny Guitar': Existen nombres propios en la historia del cine imposibles de olvidar: Johnny Logan, el famoso pistolero que ha cambiado su revólver por una guitarra, es uno de ellos. Pero, aún más que el primero se nos queda adherido a la memoria el de la regente de la casa de juegos hacia donde dirige sus pasos. Se llama Vienna y de la mano de Nicholas Ray consiguió algo tan difícil para una mujer como hacerse un hueco protagonista -y no meramente decorativo- en nada menos que todo un 'western'. Claro, que había que ser muy Joan Crawford para encajar en el papel. Pasiones arrebatadas, odios larvados, amores imposibles…, Johnny Guitar es un manual del amor cinematográfico, cuya esencia reside en diálogos como éste:

-Johnny: ¿A cuántos hombres has olvidado?

-Vienna: A tantos como mujeres tú recuerdas.

-Johnny: ¡No te vayas!-Vienna: No me he movido.

-Johnny: Dime algo agradable.

-Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?

-Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.

-Vienna: Te he esperado todos estos años.

-Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.

-Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.

-Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.

-Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.

-Johnny: Gracias (bebe). Muchas gracias.

El propio Almodóvar, extraordinario contador de historias de mujeres, sucumbió al hechizo de la película y del diálogo y pone al personaje de Carmen Maura a doblarlo en un momento de su Mujeres al borde de un ataque de nervios.

4) 'Una jornada particular': Olvídense de la Loren exuberante que puedan tener en mente, la de belleza salvaje y fuego en la mirada, la alegre y despampanante que se convirtió en icono de la belleza latina. Imagínensela ahora más ajada y contenida, cansada y sumisa ama de casa de familia numerosa en la Italia de Mussolini. Si están ubicados, ya podemos hablar de su compañero de reparto, Marcelo Mastroianni, pero no el seductor por excelencia, sino otro bien distinto, un maduro homosexual amargado por el peso de una existencia que no le satisface. Ambos personajes simbolizan de algún modo la Italia que Ettore Scola retrata con la visita de Hitler a Roma en 1938. Mientras tiene lugar el histórico encuentro entre los dos líderes fascistas, los dos protagonistas, intercambiarán sin salir del edificio en el que se desenvuelven sus desmadejadas vidas, secretos, risas y lágrimas. Sofía Loren explora sus recursos dramáticos para bordar un papel de ésos que hacen época, fiel reflejo de un tiempo y de una sociedad (marcial, deshumanizada y machista) que todavía se resiste a desaparecer.

5) 'Vidas rebeldes': es casi imposible no evocar a la persona de carne y hueso, a la actriz tras el personaje, en especial al referirnos a películas como ésta, en la que descubrimos a la Marilyn más auténtica, la más frágil y vulnerable. En definitiva, la más parecida al ser que al parecer cuentan que fue: inseguro y desdichado, obsesionado por agradar a los demás cuando muchas veces no se soportaba a sí mismo. Cuentan que rodar con Marilyn Vidas rebeldes fue un infierno. La última película del gran 'sex symbol' del siglo XX –condición que eclipsó sus más que notables dotes interpretativas- fue un verdadero desastre. La historia que trató de contar John Huston se las traía. Árida, desabrida, estéril como los paisajes desiertos que le sirven de fondo. Además, otro elemento contribuyó a darle ese aire de leyenda propio de las películas consideradas de culto, y es el hecho de que los tres protagonistas Clark Gable, Montgomery Clift y la propia Monroe murieron poco tiempo después de acabada la película. “Choque de trenes psicológicos” es la mejor definición que he encontrado de esta cinta en la que tres personajes en permanente proceso de consumición anudan y desenredan unas pasiones dominadas por el amor, el odio, la desconfianza, el resentimiento...

6) 'Otra mujer': Posiblemente no haya existido un director norteamericano que haya sabido tratar tan prolífica y acertadamente el mundo de las pasiones humanas, las más domésticas, aquellas que marcan la manera en que se relacionan los ciudadanos de las urbes actuales y, de manera concreta, las complejas interacciones entre sexos opuestos. La mujer en la filmografía de Woody Allen ocupa un papel primordial. Hannah y sus hermanas, Annie Hall, la misma Vicky, Cristina, Barcelona sitúan a personajes femeninos en el centro del escenario, pero me quedo con la mirada crepuscular que el director neoyorquino vierte sobre los personajes que interpretan Gena Rowlands, la mujer madura que busca el sosiego necesario para escribir un libro de filosofía, y Mia Farrow, a la que la primera escucha a través de la pared en el apartamento de al lado durante sus sesiones con el psiquiatra, en Otra mujer. El examen que de su propia vida realiza el personaje interpretado por Rowlands a través de las confesiones de su vecina embarazada, nos sumen en una atmósfera de introspección y melancolía que sólo los toques de humor de Allen consiguen deshacer. Un prodigio narrativo articulado a través de un guión que combina sutilmente la palabra hablada con los silencios.

7) 'Solas': Justamente aclamada por crítica y público, Solas, del realizador Benito Zambrano, reúne pese al escaso presupuesto con el que contó y a las dificultades que acompañaron su alumbramiento, méritos más que sobrados para ser considerada una de las mejores películas españolas de la última década. Nos encontramos aquí de una manera incontestable ante una historia de mujeres, de una madre y de una hija y de cómo sus vidas gravitan penosamente alrededor de unos hombres que las hacen sentirse poco más que como trastos inservibles. La relación que establecen, de la distancia sideral al amor filial, los personajes de Ana Fernández y María Galiana (representantes de órbitas opuestas, la urbana y la rural, que finalmente coinciden) se convierte en eje central de una historia de mujeres, sobre mujeres pero dirigida a un público sin distinción de sexo. Conmovedora, honda, tan real como la vida misma pero al mismo tiempo tan capaz de atraparnos como sólo las buenas películas consiguen hacer. Con posterioridad se han ensayado en nuestro cine intentos similares, pero ninguno ha alcanzado el grado de perfección ética y estética que el filme de Zambrano encierra...

8) 'Mi vida sin mí': No sé si existe una manera femenina de hacer cine, como tampoco conozco si existe una mirada propiamente masculina (aunque no me imagino a una mujer dirigiendo Río Bravo). El caso es que la ópera prima de Isabel Coixet, para mí con diferencia su mejor trabajo, es un dechado de sensibilidad a espuertas. Contar los últimos días en la vida de una mujer que sabe que va a morir de cáncer pero que no quiere que sus familiares sepan que va a morir, supone situarse al borde del precipicio narrativo. Hacen falta grandes dosis de talento para pasar la prueba y Coixet, armando un personaje femenino sólidamente anclado en un poso de autenticidad, la supera con nota. Fundamental para lograrlo, una vez trenzado un guión adecuado, la interpretación de la actriz protagonista, Sarah Polley. La madre, esposa y ¿amante?, ha descubierto lo maravilloso que puede llegar a ser vivir cuando tomamos conciencia de que nuestra existencia tiene fecha de caducidad y decide exprimir su vida ocultando al resto del mundo su verdad.
Mi vida sin mí es una película hermosa, sencilla, delicada y triste. Pero, a pesar de todo ello, o por todo ello, imprescindible.

9) 'Persépolis': Persépolis, primero el cómic y después la película que fielmente lo adapta a la gran pantalla es la historia autobiográfica de la iraní Marjane Satrapi, la narración gráfica de cómo creció en un regimen fundamentalista islámico que la acabaría obligando a abandonar su país. La historia empieza a partir de 1979, cuando Marjane tiene diez años y desde su perspectiva infantil es testigo de un cambio social y político que pone fin a más de cincuenta años de reinado del sha de Persia en Irán y da paso a una república islámica. Marjane Strapi que, tras estudiar Bellas Artes en Teherán, y cansada de la censura y de la discriminación de la mujer que tenía que soportar en su país, abandonó su país para instalarse en Francia, se sirve del cómic y más tarde del cine de animación como herramienta para reflejar la irracional involución de su país durante los últimos treinta años. Y es que Persépolis constituye una denuncia del fanatismo religioso y de manera concreta de la represión ejercida por los fundamentalistas contra la mujer iraní. Lo que no impide que un mordaz humor salpique aquí y allá el cómic y la cinta haciendo más digerible la historia y sin que pierda fuerza el mensaje.

10) 'Million dollar baby': “Al nacer pesé un kilo y ochocientos gramos. Mi padre decía que tuve que luchar para venir a este mundo y que tendría que luchar para salir de él”. Estas palabras, proferidas en uno de los momentos determinantes de la película y que mantengo frescas en la memoria tras haber visto la cinta hace sólo unas horas-, define el tono de uno de los personajes femeninos más sugestivos del cine norteamericano reciente, el que interpreta la soberbia Hillary Swank en la que puede ser la película –con permiso de Sin perdón- más redonda de Clint Eastwood. Perseverancia rayana en la obstinación, capacidad de sacrificio, lealtad, inocencia…, describen el alma de Maggie Fitzgerald, una aspirante a boxeadora que, contra toda oposición, y gracias en parte a los buenos consejos de Frankie, su entrenador (interpretado por Eastwood) y del ayudante de éste (el siempre convincente Morgan Freeman) conseguirá llegar a disputar el título de campeona del mundo. Million dollar baby es una historia conmovedora, todo un canto a valores como el coraje, la honestidad o la amistad, que nos habla también de manera subrepticia de las dificultades de muchas mujeres, especialmente las de las clases menos favorecidas, para abrirse camino en terrenos tradicionalmente reservados al varón.
[artículo recomendado por soitu]

viernes, 6 de marzo de 2009

Más Vigalondo que nunca

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Si eres de los que cree en el humor inteligente, este anuncio te interesa, y si no también.

Buen provecho:

lunes, 2 de marzo de 2009

Vidas paralelas: de 'slumdogs' a héroes nacionales

Hay una escena en Slumdog Millionaire (y no revelo nada que no se sepa desde el inicio) en el que Jamal Malik, el joven nacido en los suburbios de Bombay que acaba de hacerse millonario en un concurso televisivo de preguntas y respuestas, es jaleado en diferentes rincones de todo el país por una multitud enfebrecida que celebra el éxito del que ha pasado a convertirse en la representación viva de la esperanza. El chico analfabeto, una rata más perdida entre las cloacas de una de las megalópolis indias, el mendigo huérfano acostumbrado a danzar con la muerte para mantener su estacionariamente miserable existencia, ha triunfado. De golpe y porrazo se ha convertido en un héroe, en un símbolo, en la encarnación del hasta ayer conocido como “sueño americano”, en cuya onírica existencia ha empezado a creer todo el planeta.Hasta aquí la ficción. Pero el destino -un elemento que se torna central en la película- se muestra trágicamente irónico.

Caramelos, guirnaldas y cientos de fotógrafos se agolpan en Mumbai un jueves de febrero. La expectación es máxima. La euforia se desata. De pronto la ficción se ha vuelto real. Y Jamal Malik deja de ser un personaje creado por Vikas Swarup para que Simon Beaufoy escriba un notable guión con el que Danny Boyle, el de Trainspotting, hará una fantástica película. La muchedumbre lo aclama. Pero, ahora es de verdad. El pequeño regresa junto a sus pequeños compañeros de reparto después de que su película haya triunfado en la última gala de los Óscar. Pese a los esfuerzos de la policía por llevárselos en volandas -la misma policía que en la cinta se emplea a fondo contra todo aquel que carezca de defensa, o hace la vista gorda mientras el enésimo conflicto religioso tiñe de sangre las calles-, y librarlos de la multitud, brillantes guirnaldas cubren en unos instantes los cuellos de los sonrientes menores.
Hay que protegerlos de la realidad.

Ésa en la que el niño que interpreta al hermano del protagonista se aloja en una vivienda sin camas con una lona por tejado; en la que a la pequeña heroína le aguardaría un minúsculo hogar situado junto a una vía férrea, en las mismas calles atiborradas de basura. Un lugar, que es la imagen misma del infierno para un ciudadano común en Europa, en el que las alcantarillas están destapadas y disponer de agua corriente es tan improbable como ganar ‘Quién quiere ser millonario’.

Sin embargo, a estos pequeños les ha tocado el premio gordo. Podrían haber sido otros entre cientos de millones de candidatos en un país que está llamado a convertirse en no demasiado tiempo en el más poblado de la tierra. Pero, gracias a que sólo en EE.UU la peli ha recaudado más de cien millones de dólares -una barbaridad si tenemos en cuenta que se trataba de una producción modesta-, podrán disponer de casas nuevas. De ésas en las que el agua fluye como si fuera cosa de magia y no hay que pagar unas rupias por defecar a cubierto de las miradas ajenas, entre cuatro tablas.

Todavía hay quien ha protestado en la India porque la cinta transmite una imagen irreal del país. Y tienen razón. Porque la película, extraordinaria por momentos, aunque a mi juicio sobrevalorada por la crítica, procura en lo posible endulzar cada uno de los momentos dramáticos con un terrón de optimismo por antídoto. Este bollywoodiense recurso supone sin duda un alivio para el espectador, que bastante tiene con haberse dejado los 7€ de la entrada, y al que una sobredosis de drama podría terminar por proyectarlo de la butaca, rompiéndose los cuernos de la mala conciencia contra el techo de la sala, pero encubre de algún modo la percepción final que sobre la India puede quedar.

El Arte, en todo caso, es libre.

martes, 30 de septiembre de 2008

Paul Newman, más que un guapo de Hollywood

Pese a la visión que tradicionalmente han intentado vendernos las revistas de moda y demás partidarios del fashion system Paul Newman, fue más que un guapo de Hollywood. Su magnetismo personal -como en los casos de Cary Grant o James Dean, a quienes interpretativamente supera- es inseparable de su condición de actor. Pero, quien no esté dispuesto a pasar de aquí estará cometiendo una injusticia con un auténtico creador de personajes capaces de trascenderle (lo que no ocurre necesariamente con tipos como el encantador George Clooney).

Existen muchos Newman: el socarrón, el dramático, el expansivo, el contenido, el melancólico, el tímido, el seductor, el dandy, el gamberro, el perdedor... También, el joven, el hombre maduro, el anciano. Se trata de reivindicar a ese Newman como antihéroe frente a la visión idealizada de los cazadores de mitos eternamente jóvenes. Entre otras cosas, porque no podemos perder de vista que parte de lo mejor de su carrera está inscrito en plena madurez -sólo hay que recordar sus magníficas interpretaciones en 'Al caer el sol' o 'Camino a la perdición'.

sábado, 22 de marzo de 2008

Arthur C. Clarke. El centinela


Cuando uno ha puesto la semilla de una de las mejores películas de todos los tiempos, como es el caso de 2001. Una odisea del espacio, puede decirse que se “ha cumplido”. Arthur C. Clarke ha fallecido en su amada Sri Lanka a los 90 años. De él pueden destacarse muchas cosas. Que fue un maestro de la Ciencia ficción, género en el que llegó a ser comparado con maestros como Asimov o Robert Heinlein; que fue un astrónomo notable (presidió la Sociedad Interplanetaria Británica); que fue un excelente divulgador (narró como comentarista para la CBS la llegada de la cápsula Apolo a la Luna); o que su labor científica y filosófica –publicó más de cien trabajos en estas disciplinas- ejerció una gran influencia en su tiempo (planteó, por ejemplo, por primera vez la idea de que los satélites geoestacionarios podían ser importantes centros de telecomunicaciones).
Pero fue la escritura de ‘The sentinel’ lo que terminaría abriéndole las puertas de la fama entre el gran público. Este relato escrito en 1951 sería la piedra angular (el “monolito” nuclear, podríamos decir) de la obra que llevaría al cine Stanley Kubrick a finales de los años 60 y que supondría un verdadero hito dentro de la historia del cine.

El éxito de la cinta, obligaría al escritor inglés a escribir la novela del mismo título, al tiempo que lo proyectaba como uno de los grandes nombres de la Ciencia Ficción en el siglo XX.
Porque Clarke no se limitó más o menos a supervisar el guión del filme, sino que trabajó codo con codo con el obsesivo cineasta estadounidense para dar forma y contenido a una película tan inquietante como envolvente. 2001 es un viaje alucinante por la historia de la Humanidad -de hecho, incluye la elipsis más vertiginosa de la historia del cine, allí donde el filme “salta”, a través del hueso lanzado al aire, del amanecer del hombre a la era espacial- e incluye entre sus virtudes la capacidad de generar lecturas infinitas –al gusto del espectador- sin perder en cualquier caso la unidad de una trama que puede ser seguida pese a todo.

La presencia extraterrestre atraviesa la película por medio del enigmático monolito ("Tycho Magnetic Anomaly") que, a modo de puerta interestelar, va secuenciando la historia. Junto a este elemento tan querido para Arthur C. Clarke, la película contará con un curioso protagonista, el enigmático y neurótico computador, modelo 9.000, HAL (Heuristic Algorithmic Computer, aunque hay quien ha querido ver detrás el acrónimo de IBM, formado por la reunión de las letras posteriores), encarnación de la inteligencia artificial capaz de adquirir rasgos humanos (egocentrismo, megalomanía, crueldad, pero también nostalgia, como cuando al ser desconectado por el astronauta David Bowman se pone a cantar una canción de su “infancia”).

La caracterización psicológica de los personajes –de una contención casi inhumana-, la acertada apuesta musical, los avanzados –aunque nunca gratuitos- efectos especiales… Todo en 2001, como ocurre en la mayoría de trabajos del casi siempre genial Stankey Kubrick, opera para perdurar en la imaginación del espectador. Pero, no podemos olvidar que gran parte del éxito de la cinta se debe a un guión sin concesiones en el que la visión de Arthur C. Clarke juega un papel decisivo.

El sello de la película se deja ver en trabajos posteriores recientes, como en Solaris de Steven Soderbergh, quien basándose en otro relato de un genio del género, Stanislav Lem, nos sorprendía a principios de este siglo, y por lo tanto más de tres décadas después, con una arriesgada historia espacial en la que juega un papel no menos destacado una presencia extraterrestre en forma de planeta inteligente. Como el monolito de 2001, Solaris actúa sobre la mente humana como una poderosa fuerza que tutela nuestra existencia.

En los dos casos, constituyen sendos ejemplos artísticos del modo en el que el ser humano afronta la posibilidad de que exista vida inteligente fuera de nuestro planeta y el modo en que ésta podría modificar nuestra experiencia. En una de sus últimas entrevistas el también autor de Childhood´s end o Rendezvous with Rama se reafirmó en su deseo de ver alguna evidencia de vida extraterrestre. Por lo que sabemos, no le dio tiempo a verlo cumplido. Aunque no albergamos dudas sobre lo que realmente pensaba sobre este particular.

martes, 25 de diciembre de 2007

Impresiones de Navidad

Cada año me coge más desprevenido la Navidad. Vamos, que su llegada de un tiempo a esta parte es inversamente proporcional a mis ganas de que llegue. Porque uno no pasa por la Navidad, sino que es ésta la que nos pasa por encima como una apisonadora. Y es que por ateo o agnóstico que se sea es imposible no terminar formando parte de ella. Es como pasar en Sevilla una Semana Santa. Por mucho que te escondas tarde o temprano terminarás con la ropa oliéndote a incienso y el ojo incrustado en la punta de un capirote (mejor ahí que en el pábilo de una vela, ¿no?).
Sin embargo, supongo que con los años uno se acostumbra a sus alergias. Tras una primera fase infantil de euforia, como la que caracteriza al que se ha criado en una de esas familias “de toda la vida”, viene el rechazo. Si has superado sin traumas el descubrimiento de que tus padres son los Reyes tarde o temprano algo o alguien vendrá a dar argumentos para la fase de desencanto. En mi caso fue descubrir que había quien se iba al otro barrio poniéndole las luces al Belén. Macabro, ¿no? Y así, de esperar con anhelo la llegada del puente de la Constitución para inundar de bolas de colores la casa uno termina entendiendo la Navidad como uno de los personajes de A casa por vacaciones de Jodie Foster (aunque ellos celebran el Día de Acción de Gracias, qué más da).
Pero, ya digo, esta etapa también pasa. Aunque sea por no parecer un ‘esaborío’. Y uno acaba cogiéndole cierto placer morboso a las cenas familiares, al Belén con un niño Jesús sin brazos en la chimenea (“¿Y si la encendemos, cariño?”), a gozar de una salud espléndida el día de la lotería, y especialmente a los ritos televisivos, tanto, que hasta termina uno por indignarse cuando estos desaparecen. Ays, aquellos tiempos en los que uno aguardaba las vacaciones para volver a ver Lo que el viento se llevó, Casablanca, Dr. Zhivago, o, cómo no, Qué bello es vivir. No hace tanto tiempo de esto. Vamos, que el vídeo ya era algo generalizado en muchas casas, pero la gracia residía en ver todas estas pelis en familia, con los primos venidos del quinto pino relegándonos a los brazos del sofá (“que para una vez que vienen…”), con interminables bloques de anuncios formando cola en la puerta del baño, la boca llena de mazapanes y el estornudo presto a causa del polvillo de las hojaldrinas.

De pronto, hemos descubierto que el nacimiento de Jesucristo –que ya sabemos que no fue un 24 de diciembre-, lo que cuentan los evangelios, la misa del gallo y demás gaitas nos traen al pairo pero que sentimos la urgencia de ver a James Stewart tirándose por un puente o a Humphrey Bogart más triste que la hija de Juan Simón lanzando rayos de tebeo al insoportablemente buena persona de Victor Laszlo –y ya me dirán qué tiene que ver una peli de los años 40 sobre la resistencia francesa con la Navidad (lo mismo, me dirán que Lawrence de Arabia con la Semana Santa).

Por eso, este año, y pese a que como he dicho al principio, la Navidad me hubiera cogido a contrapié, y hayamos puesto los adornos (vaya, yo no, Mari Carmen) cuando ya sabíamos que tampoco esta vez nos iba a tocar el gordo, esperaba también mi ración anual en forma de peli cursi a “anque” fuera en versión de pesadilla navideña burtoniana.


Así, y cuando ya iba cual Pablo cabalgando descreído por el desierto, cayó en mi pueblo la mayor granizada que los mayores del lugar (mi suegra, sin ir más lejos) recuerdan. Y hete aquí que yo, con años para alicatar dos cuartos de baño, incluido el gresite de las duchas, me vi tirando bolas de granizo que como níveas bombas de racimo se descuajeringaban (sin llegar nunca al objetivo, esto es, mi sufrida novia) sobre el manto blanco que cubría las calles de mi barrio. La navidad había llegado a la ciudad. Al día siguiente Vélez-Málaga saldría en los informativos y tendríamos que recoger las ramas destrozadas por tan mágica visita.

Pero, la Nochebuena televisiva aún nos tenía preparada una sorpresa. En medio de tanto refrito navideño, de programas especiales grabados semanas atrás, Cuatro tuvo el acierto de pasar (eso sí a las 2 de la mañana) La vida de Brian, la iconoclasta mirada de los Monty Python sobre la historia en este caso de un salvador involuntario elevado a Mesías por una turba de judíos alucinados en tiempos de Pilatos. La vida de Brian me parece ahora –como algunos de los trabajos más logrados del grupo inglés, El sentido de la vida, sin ir más lejos -una cinta brillante, pero tengo que reconocer que, como en otras tantas ocasiones en mi vida, tuve que darle más de una oportunidad a la película antes de considerarla como “una de las mías”.

Como el agua del mar con los guijarros de la playa, así el paso del tiempo va eliminado ciertas resistencias que debo atribuir a los mil y un prejuicios heredados de una educación “moralmente” estricta. Así, lo que en una primer acercamiento se me había antojado como un escándalo, poco a poco me fue pareciendo una muestra mayúscula de humor e ingenio. Escenas como las que nos muestran a Brian siendo obligado por unos centuriones a repetir cien veces una pintada que "invita" a los romanos a marcharse de Jerusalén ("Romanes Eunt Domus"), y todo porque la frase estaba mal declinada; o aquella en la que el mismo protagonista es obligado por un mercader a regatear cuando está dispuesto a darle el precio real del producto, forman parte de la mejor antología del género de comedia en el cine.

Y constituyen desde luego un antídoto contra el espíritu de seriedad con el que tantas veces se quiere rodear la desconocida existencia de uno de los personajes más influyentes y a la vez enigmáticos de la humanidad. Sin ir más lejos, también en Cuatro, Iker Jiménez preparó para la noche del día de Navidad un especial que quería mostrarnos al Jesús más oculto. Ése cuya vida recrean más de 50 evangelios, entre ellos los cuatro oficiales, y que trae de cabeza a los tripulantes de la “nave del misterio”. Imagínense. A través de un vídeo se recrea un pasaje del Evangelio apócrifo de un tal Tomás ‘el filósofo’. En la dramatización se ve a un niño rubio y blanquito como un noruego pero con ropajes presuntamente judaicos del siglo I fulminando (“secando”, en sentido literal) con sus poderes a otro pobre chaval que ha decidido llevarle la contraria. Al niño se le queda la cara como el parto de un gremlin. En la siguiente escena los padres del muchacho van y reprenden a José y María como diciéndoles: "¡Hay que ver tu niño la mala leshe que manea!" Por si fuera poco, me entero después de que el buey y la mula no aparecen en los evangelios sino que alguien se los inventa en el siglo VII. Qué revelaciones más terribles.

En fin, decido terminar el puente, y mientras voy asaltando de forma intermitente la cesta de dulces navideños –debo preguntarle a Iker si los Ferrero Rocher son o no canónicos- escribo estas impresiones al tiempo que escucho a Oscar Peterson interpretando a Gershwin. Otro que nos abandona en este infausto año. Y es que la Navidad, como la naturaleza, es neutral.

Por eso Belén es un pueblo ruinoso de un país en ruinas. Y a mí se me han acabado las sales de frutas.
 
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