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| "Acción: parados", artículo publicado el 13 de septiembre dentro de la sección "Pantallas" de Frontera D. |
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| "Acción: parados", artículo publicado el 13 de septiembre dentro de la sección "Pantallas" de Frontera D. |

(Final de 'El último suspiro' de Luis Buñuel)
“Al aproximarse mi último suspiro, imagino con frecuencia una última broma. Hago llamar a aquellos de mis viejos amigos que son ateos convencidos como yo. Entristecidos, se colocan alrededor de mi lecho. Llega entonces un sacerdote al que yo he mandado llamar. Con gran escándalo de mis amigos, me confieso, pido la absolución de todos mis pecados y recibo la Extremaunción. Después de lo cual, me vuelvo de lado y muero.
Pero, ¿se tendrán fuerzas para bromear en ese momento?
Una cosa lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que no cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba”.
1.- “Durante la pausa publicitaria, rezaré con la esperanza de que ninguno de sus hijos se haya presentado al casting de Operación Triunfo.”
2.- “...Soy consciente que a la hora de emisión de mi programa solo puede ser visto por un puñado de poli toxicómanos insomnes.”
3.- “Para ir al cine con esta cartelera hay que tener coeficiente intelectual negativo.”
4.- “Llega el momento de la publicidad, disfrutad del cine si podéis. Si no, también tenéis la música, la literatura o incluso la historia, a no ser que queráis ser presidente del Gobierno.”
5.- “Les deseo que pasen una buena semana, sea lo que sea lo que hayan decidido hacer, incluso si es de nazareno autoflagelante.”
6.- “Aprovechen la pausa para revisar su agenda de amigos, encontrarán que han malgastado su preciado tiempo y paciencia en conocer a un montón de ineptos, no se corten, cojan un boli y táchenlos.”
7.- “Nunca se fíen de algo que sangra durante cuatro días y no se muere.”
8.- “...Lo mejor del festival de Venecia, mi acompañante, aunque por desgracia esté enamorada de otro.”
9. -“Buenas noches a todos, pero antes de despedirnos, un consejo: no os droguéis, porque la ingesta de estas sustancias puede producir efectos indeseados. Un amigo mío se tomó el otro día cierta pastilla y creyó ver a George Bush leyendo un libro".
10.- “Llegó la pausa. Estupenda para reflexionar sobre el verano y sus posibilidades lúdicas: sorprender a nuestras parejas con un tatuaje, un piercing en zona íntima, o simplemente un tanga de pedrería para hacer el ridículo en alguna piscina municipal. Como podéis comprobar no puedo evitar decir sandeces.
11.- “Tan guapa actriz como mala la película que ha venido a promocionar.”
12.- “Vamos a una pausa publicitaria, que será tan corta como el sueldo del presentador.”
13.- “Servidor se confiesa seguidor de Philip K. Dick, quizás por ello me he convertido en un trastornado.”
14.- “Y ahora, si nos perdonan, vamos a hablar de cine español.”
15.- “Es incuestionable que ‘Kill Bill’ es una virtuosa obra de dirección. Lo que es cuestionable es si es algo más.”
16.- “¿Qué sería de nosotros sin un país inteligente como es Francia?”
17.- Cierto interés despierta la película ‘Thirteen’, ópera prima de la directora Catherine Hardwick. Una adolescente, su madre, sexo, drogas y piercing en la lengua, algo, por cierto, con lo que todavía no he contactado, pero no pierdo la esperanza.
18.- “Llego la hora de la pausa. Espero que puedan contener durante unos minutos los impulsos sexuales de sus parejas... Si no puede ser, no puede ser... En cualquier caso, volveremos después de la publicidad con el sector más casto de la audiencia.”
19.- “Ahora vamos con ‘El señor de los anillos’, película basada en un famosísimo libro... que yo no me he leído. Sin embargo, les diré como anécdota, que algunos de mis amigos tienen, en una estantería totalmente vacía, junto con su foto de sus vacaciones en Calasparra, un ejemplar de ‘El señor de los anillos’.”
20.- “Esto ha sido todo, la próxima semana más. Id pensando en las vacaciones y en el Europeo de fútbol; más adelante Atenas se convertirá en capital mundial de la droga con la presencia de los maravillosos atletas olímpicos.”
21.- “Comenzamos con una película de las llamadas polémicas, que quiere decir que a unos les gusta y a otros no, como todas.”
22.- “Y cómo no, el DVD y sus ofertas, el mejor invento hasta el momento para gozar del cine en la intimidad de hogares, geriátricos o prisiones, lugares donde los humanos consumimos nuestro irreversible devenir.”
23.- “Ben Affleck es a la buena interpretación lo que un pepinillo cocido a la alta cocina.”
24.- “Se estrena estos días la película El último samurai, protagonizada por el ex-marido de Nicole Kidman, único dato destacable de este actor llamado Tom Cruise.”
25.- “Llegó la pausa, alejaros del mando a distancia, cualquier tentación podría conduciros a algún infierno, incluidos espacios electorales.”
26.- “Nos vamos con la esperanza de que ninguno se deje llevar por los fanatismos religiosos, políticos o sexuales: los primeros por no llevar a nada, los segundos porque el objeto de deseo suele ser un idiota de renombre y los últimos por las continuas frustraciones.”
27.- “Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima.”
28.- “Hola, buenas noches. Hoy les hablo desde Torrespaña en Madrid, más conocido como el pirulí, que con su forma fálica es un símbolo de la modernidad de esta ciudad. Como modernas también son las vidrieras de la Catedral de la Almudena y las pinturas del altar de un tal Kiko no sé qué. Por cierto, igual de horribles que algunas películas.”
29.- “Cuando vuelvan de la publicidad me habré desnudado y me tiraré al mar (en Cannes)”. A la vuelta de la publicidad dio su explicación: "Era un patético intento por mantener la audiencia.....”
30.- “Ahora pueden ustedes hacer un montón de cosas aprovechando los interminables minutos de publicidad.”
31.- "Bruce Willis, la persona a la que más he odiado en este mundo; Bruce Willis, ese actor a cuyo club de fans tengo el placer de no pertenecer"
32.- “Llegó la pausa, meditad sobre las vacaciones, compañía, siempre mejor las malas, viajes, con seres queridos mucho mejor, y gastos, la generosidad siempre embellece. Y sobre todo no pertenezcáis nunca a ningún grupo mediático sea del signo que sea.”
33.- “Punto final del programa y como siempre las novedades del DVD. Un regalo magnifico si queréis quedar bien, por ejemplo conmigo este próximo domingo, día de San Antonio.”
34.- “Sed buenos, evitad los tríos amorosos, que aunque tengan su morbo son peligrosos, y bebed mucha agua para el calor.”
35.- “Continuamos con tres estrenos que hemos considerado de interés y de un nivel digno de nuestro programa, tres películas que representan el cine actual. Hay lo que hay y lo demás son sueños deliroides que sólo conducen al autoengaño.”
36.- “Llegó la pausa. Tomaos con filosofía y paciencia las pasiones futbolísticas, sexuales y políticas. Las primeras, porque se trata de un juego; las segundas, porque suelen ser efímeras; y las terceras, las políticas, porque el oscuro objeto del deseo suele ser un mentecato.”
37.- “Comenzamos esta segunda parte hablando de una película de la que me gustaría no hablar. Este es un caso en el que siento un profundo asco y me siento un cobarde por no negarme a hablar de esta cosa. Se trata del último trabajo de Quentin Tarantino, del que soporté los 45 primeros minutos a pesar de la secuencia de arranque, una de las más despreciables de la historia del cine. Un asesinato gratuito y sádico delante de la hija de la víctima. Con esfuerzo soporto que haya en el programa gente que le guste.
38.- “Hasta el próximo programa. No sabemos ni qué día ni a qué hora nos pondrán, de modo que estén atentos.”
39.- “Buenas noches, una semana más ‘Días de cine’ interrumpe vuestra intimidad para informaros sobre esto que algún insensato calificó como arte, pero que hay que reconocer que en algunas ocasiones es maravilloso.
40.- “Seguimos con otros temas, la película ‘Carne viva’ de la directora Jane Campion, un thriller gozosamente sexualón, con la estupenda Meg Ryan a la búsqueda de verdades y algún que otro orgasmo. Temas por cierto nada desagradables.”
41.- “Llegó la pausa, recordad la necesidad de hacer la declaración de la renta y tened en cuenta que casi todo lo que hace feliz no desgrava, pero siempre queda el consuelo de comportarse como buenos ciudadanos. No sigo porque comenzará a crecerme la nariz.”
42.- “Buenas noches, de nuevo en Madrid con sus zanjas, obras y taladradoras ensordecedoras y también hay que reconocerlo, con cosas buenas, como alguna zona todavía del barrio de Salamanca. A continuación la actualidad en esto del cine, tan lleno de obras maestras según escuchamos, pero que nosotros no vemos por ninguna parte. Tras el sumario con los contenidos comenzamos.
43.- “Sé que aguantarán a estas altas horas de la noche el momento de publicidad ya que al regreso tenemos un especial del salón del cine erótico de Barcelona.”
44.- “Quiero aprovechar, como amante de la Fórmula 1, para felicitar al corredor alemán Michael Schumacher por su triunfo en el Gran Premio de San Marino. Da gusto ver en lo más alto del podium a personas ni fatuas, ni engreídas, ni desagradecidas. Espero que continúe la racha.”
45.- “Esto ha sido todo, este fin de semana serán los Oscar, premios por los que no siento el más mínimo interés. Aunque son buenos para descubrir el índice de estupidez de algunos informadores en función del número de veces que utilizan la palabra “glamour". Palabra que por cierto nunca he conocido bien su significado. Por supuesto, interpretaciones tan ridículas y lamentables como la de Charlize Theron y Renée Zellweger serán premiadas, no tengáis ninguna duda.”
46.- “Jeunet es el director de ese engendro, película para algunos (estaban equivocados), ladrillo para otros (estábamos en lo cierto) que fue Amelie.”
47.- “Llega a nuestras pantallas con cierto retraso la película ‘Full frontal’ del director Steven Sorderberg, autor desigual y en ocasiones magnífico. Esta película pertenece al grupo de sus rarezas, pero la verdad es que engancha bastante una vez que hemos renunciado a entenderla en su totalidad.”
48.- “Veamos el reportaje de ‘Mar adentro’ que ha realizado mi compañero y amigo Alberto Bermejo, el único de todo el equipo al que le ha gustado la película.”
49.- “La verdad es que hay días que no sé dónde refugiarme políticamente.”
50.- “Buenas noches en esta nueva edición del programa ‘Días de cine’, un clásico en esta isla de buen gusto que es la 2 de TVE. Como no tengo muchas ganas de hablar pasamos directamente al sumario con los contenidos de esta semana y comenzamos.”
“Oyendo hablar a un hombre fácil es/acertar dónde vio la luz del sol,/si habla bien de Inglaterra será inglés, /si habla mal del alemán es un francés,/y si habla mal de España es español”. El célebre pasaje lo firmaba el poeta Joaquín Bartrina, aunque le debemos su puesta al día a Sánchez Dragó, quien utilizó el último verso como título para uno de sus últimos libros.
Pero, ¿podemos dar por buena esta lúgubre afirmación? ¿Tan poco respeto nos tenemos los españoles? Le daba vueltas yo a esta idea mientras observaba algunos debates generados en la red sobre cuestiones candentes de la actualidad. Las descargas en internet, la cumbre sobre el calentamiento global, la gestión del caso ‘Haidar’ por parte del Gobierno, el editorial de los periódicos catalanes... Allí donde centraba mi atención, podía percibir, por un lado, una cruda polarización, una especie de actualización de la dialéctica de las dos Españas; y por el otro, un subterráneo desprecio hacia nuestro país, que desembocaba en una especie de resignación colectiva.
Escarbando un poco en la cuestión, y con el recuerdo reciente de mi última visita a la extraordinaria Viridiana de Buñuel, me puse a pensar en el estigma que ha acompañado al cine español a lo largo de su historia. Al que llenaba las salas durante la época oscura de la dictadura, no tardamos en tildarlo de “casposo”, de “españolada”, cuando conquistamos las libertades civiles. Y el siguiente, el de las últimas décadas (pese al reconocimiento internacional de directores como Almodóvar o Amenábar) casi ha sido obligado a pedir perdón por su mera existencia.
¿No será acaso que existen motivos extra artísticos que justifiquen el juicio sumarísimo al que tiene que hacer frente, la permanente chanza de la que es objeto, la ridiculización permanente a la que es sometido por parte del gran público. En definitiva, ¿no será que el cine español en su conjunto, es malo, principalmente, porque es español?
De no ser así, cómo explicar que una filmografía que ha dado directores como Buñuel, Berlanga o Bardem, entre los clásicos, y películas como Tesis, El día de la bestia, Los sin nombre, Solas, Hable con ella, Nadie hablará de nosotras, En la ciudad sin límites, Los lunes al sol, La lengua de las mariposas, Azul oscuro, casi negro o El laberinto del Fauno, en los últimos años, sea tan maltratada en su propio país.
Está claro que nuestro cine es modesto. Se producen pocas películas y éstas gozan de escasa distribución. Pero, parece injusto que mientras industrias como la estadounidense (de la que me reconozco devoto deudor) infestan el mercado con cientos de títulos mediocres por cada filme de valía, abominemos de un cine en el caben más cosas que Yo soy la Juani o Mentiras y gordas.
El odio al colectivo de “la ceja” (por el que no siento especial simpatía), ha hecho el resto, dejándonos caer de nuevo en nuestro adorado maniqueísmo. Y pudiendo elegir bando, entiendo a los que prefieran estar en frente del que engrosa Willy Toledo. Pero, ¿qué hay al otro lado? ¿La última versión del Apocalipsis made in Hollywood?
Seamos serios. Desterremos la demagogia roja y la demagogia blanca, que diría Castelar. Juzguemos las obras por lo que encierran. Por su valor per se. Eso, siempre que no queramos vernos reflejados en los tullidos cainitas que con gran clarividencia retrató Buñuel.

Entro a la sala a ver Ágora con un saco de prejuicios cargado a mi espalda. Desde que la película se estrenara hace unas semanas he tenido tiempo de visionar en televisión un buen puñado de fragmentos, no he podido evitar tragarme algún pedazo de 'making off' y, por supuesto he escuchado los más diversos comentarios por parte de espectadores y críticos. Con ese bagaje a cuestas me siento en la sala casi vacía (a pesar de que la peli está siendo un éxito de taquilla, la afluencia en lunes a los cines es verdaderamente exigua) preparado para ver un filme tildado a la vez, según la particular exégesis de cada uno, de “correcto pero frío”, “pretencioso”, “emocionante hasta las lágrimas”, “parte de una campaña ideológica orquestada por la izquierda” (sic), “aburrido”, “impropio de la talla de su autor”, “obra maestra” y otra serie de calificaciones y descripciones que, aisladas o combinadas a veces hasta de modo contradictorio, han conseguido anular cualquier juicio anticipado de valor por mi parte, pero que de algún modo han ido acrecentado mis deseos de ver el resultado hasta el punto de arrancarme del sofá (y esto es lo más que se pudiera decir para alguien que hace tiempo cambió la sala por la salita) para ir a verla en la gran pantalla.
Durante los primeros minutos todavía procuro encajar algunas de las críticas que espumean en mi mente y así intento formarme una idea de conjunto a través de la lectura separada de cada una de las primeras secuencias. Así me voy diciendo alternativamente “qué bien rodada está”, “esto tiene pinta de bodrio”, “la fotografía, espectacular”, “para mí que ésta es de ésas lentas”, “¿sería Alejandría realmente así?”, “mucha pasta y pocas nueces” … Hasta que llega un momento en el que, de modo inconsciente, aparto todas esas inútiles conjeturas y simplemente me dejo llevar. A partir de entonces –e insisto, la sensación es prácticamente imperceptible- me convierto en cautivo de la historia que Amenábar quiere contar.
Y menuda historia.
Porque hay que ser un tipo como Amenábar, un tipo capaz de debutar con una de las mejores películas de la historia del cine español, un tipo capaz de componer sus propias bandas sonoras (aunque no es el caso), un tipo capaz de camelarse a Tom Cruise y Nicole Kidman para rodar una película de fantasmas, un tipo que ha ganado un Óscar a los treinta y pocos años, un genio, en definitiva, para atreverse a recrear la Alejandría del siglo IV y contar la historia de la primera mujer filósofa de la historia.
Y hay que ser Amenábar, un maestro consorte del guión (junto a Mateo Gil son como los Furthman-Brackett del cine contemporáneo) para poner en imágenes uno de los mayores atentados contra la Cultura de Occidente (la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, más concretamente del Serapeo que conservaba los documentos que no habían sido aniquilados en los atentados anteriores); para narrar la peripecia vital de la infeliz Hipatia –así la describía Antonio Escotado en lo que me supuso mi primera referencia sobre el personaje- conociendo de antemano el espectador su funesto sino, y encima salir airoso.
Desde el primer momento, el director/narrador nos demuestra que juega con un material altamente sensible, que navega por un mar gélido que en cualquier momento puede cerrarse ante él y dejarlo atrapado en el hielo. Es tal la fuerza icónica del personaje central que cargar las tintas a base de pergeñar grandes trazos dramáticos en torno a su figura podría suponer convertirlo en caricatura. Por otra parte, corre el riesgo de perderse en la abstracción y dejarse seducir por el reino de las ideas puras en el que se mueve quien al fin y al cabo es por encima de todo una filósofa, una científica, y a fin de cuentas, lo que está haciendo es una película. En ese difícil equilibrio entre los dramáticos hechos históricos (modificados a conveniencia de acuerdo a las necesidades narrativas, a veces de modo poco justificable como ocurre con el personaje de Silesio de Cirene), el carácter paradigmático de la pensadora (su condición de intelectual, de mujer, de mujer intelectual) y el deseo de contar una historia que sea a la vez reflejo de un tiempo y denuncia universal de la barbarie, que emocione y entretenga, pero sin concesiones a la frivolidad, se mueve el director.
La Historia entrevista con pasión, pero bañada con luz fría. La obsesión por el tempo narrativo. La perfección formal. El dibujo detallado de unos personajes a menudo arquetípicos pero a los que se les ha tocado en muchos casos con la varita de la incertidumbre, son las herramientas de las que se vale Amenábar para situar la lucha entre las tinieblas de la ignorancia, el dogmatismo y la barbarie (que representan los cristianos sí, pero también los judíos que se preparan para una nueva diáspora e incluso los propios paganos idólatras que han levantado la Biblioteca pero también estatuas a las que adorar de hinojos); y las luces de la inteligencia y el conocimiento que representa Hipatia.
Es en este sentido que la película consigue no sucumbir en la trampa del maniqueísmo, incluso del legítimo resentimiento hacia quienes se convierten, en nombre del Dios Único, en artífices de la destrucción de lo que de sublime aún conserva el mundo antiguo. Por eso, aunque ciertamente resulte exagerado el considerar el capítulo que desarrolla Amenábar como el final de una era esplendorosa que cede el testigo al empuje de la superstición la intolerancia) al mundo pagano al que somos invitados a asomarnos, no le son escamoteados sus tintes más sombríos, como el fanatismo religioso que también se encuentra instalado, o la perpetuación de una esclavitud física y moral que sirve al mismo tiempo de caldo de cultivo para movimientos insurgentes que, como el propio cristianismo, beben del rencor hacia un gobierno despótico e hipócrita que como el que representa el Imperio Romano los mantuvo durante siglos en la pobreza, en la semiclandestinidad, sojuzgados.
Amenábar se eleva así sobre la contingencia histórica y apunta directamente al fanatismo como categoría, sabedor de que allí donde una vez los cristianos fueron instrumento de destrucción –aunque hay que reconocer que prolongarán durante mucho tiempo su reinado de oscuridad-, más tarde podrán ser otros –los propios árabes que siglos después reducirán a cenizas cualquier volumen que hubiera podido escapar al ansia liberticida del patriarca de Alejandria, Teófilo y de otro santo de la Iglesia, su sobrino Cirilo- los encargados de consumar la purga (porque “Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo con la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos”)
Quizá por este motivo donde la película, a mi juicio, brilla con más luz es en la representación de la Razón abriéndose camino a través de los estudios de Hipatia. Éste es verdaderamente el eje en torno al que orbita –y nunca mejor dicho- el filme. Podrán quemar buena parte del conocimiento acumulado, podrán reducir la espiritualidad a un sucedáneo de fe, estrecho, ridículo, obsceno, pero allá donde una mente libre se abra paso, donde unos ojos intenten escrutar en las estrellas la dinámica celeste, donde un alma se interrogue sin cerrojos sobre el destino de los humanos, podrá haber esperanza.
Éste es el mensaje, si tuviera alguno, de Ágora. Ésta es la lectura que sus responsables y, sobremanera la protagonista, Rachel Weisz (de la que no diré que me ha sorprendido, pues ya en El jardinero fiel nos demostró de lo que es capaz delante de una cámara) consiguen trasladar en las algo más de dos horas que dura la cinta. El que mientras el mundo se desangra, Roma cede el testigo a un nuevo imperio, y los predicadores se disputan las almas, con el libro único en una mano y la espada en la otra, sobre el tablero de la ignorancia, el hombre –en este caso una mujer investida de una sobria dignidad (sofrosine) que trascenderá la furia de sus perseguidores- será capaz de elevarse sobre su propia podredumbre para aspirar a rozar siquiera un trozo de absoluto.
Hipatia, alcanza así la categoría de símbolo y se inscribe en la lista mártires laicos que, como antes Anaxágoras y Sócrates, o más adelante Galileo, Spinoza, Bruno.., tendrán que sufrir las acusaciones de incitación al desorden, impiedad o herejía, siendo obligados a retractarse, condenados al exilio, asesinados o amablemente conducidos al suicidio. La imagen de los siniestros parabolanos, la facción más extremista del cristianismo imperante, su voluntad homicida, sus gritos desesperados de “Dios es uno” hace que resuenen en nuestra memoria los “mueras a la inteligencia” que, entonados en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, un día de octubre del 36 trataron de acorralar a una de las mentes más lúcidas del siglo XX español.También nuestro Miguel de Unamuno ("venceréis pero no convenceréis"), como aquella sabia alejandrina mil quinientos años antes, se negó a abjurar de sus ideas.
Éste es el mensaje, si tuviera alguno, de Ágora. No el cerril anticatolicismo del que se le acusa. Ésta es la póstuma victoria de la hija de Teón. De Hipatia, la más grande.

Puede que a usted también le haya sucedido descubrir que un hecho que había quedado impreso en su memoria, que aún hoy es capaz de percibir con sus sentidos vívidamente, jamás tuvo lugar. Simplemente, se había producido un desajuste en la sustancia blanca en la que se encuentran las fibras nerviosas que conectan las diferentes regiones del cerebro.
Inquietante, ¿verdad?
Sabemos que los sentidos nos engañan, pero la posibilidad de que nuestro disco duro termine alterando los datos que creíamos tener a buen recaudo, nos llena de desconcierto. Una cosa es no poder rememorar algo y otra, muy diferente, es que nuestras percepciones sobre el pasado sean meras ficciones.
Dicen los responsables del estudio, realizado por el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge y la Universidad de Barcelona, que para generar el recuerdo falso utilizamos información que ya tenemos, pero que parece tan real y creíble que el individuo acaba creyéndoselo. Algo que puede arrojar sombras tremendamente alargadas en según qué ámbitos de la vida, como al afrontar un juicio.
El maestro del suspense, Alfred Hitchcok, que nunca tuvo miedo de asomarse a los abismos de la mente y que se sirvió en sus tramas de todo un abanico de filias, fobias y desarreglos varios (voyeurismo, vértigo, trastorno bipolar, histeria, megalomanía, paranoia...), nos mostró hasta qué punto una serie de sujetos y sujetas es capaz de identificar como culpable de un crimen a un tipo totalmente inocente. Y todo porque el personaje interpretado magistralmente por Henry Fonda guardaba algún parecido con el verdadero criminal.
Así, ¿quién nos dice, por ejemplo, que Felipe González no puede recordar que él siempre defendió a capa y espada la energía nuclear; o que otro ex presidente, en este caso José María Aznar, también podría almacenar el recuerdo de que en verdad su nombre es Fernando y está casado con una tal Isabel, reina de Castilla? Incluso no es improbable que Francisco Camps pudiera albergar también este tipo de recuerdos falsos y pensara que él se pagó de sus bolsillo los famosos trajes (por mucho que olvidara, vaya por Dios, dónde guardó las facturas).
Para Magritte la memoria era un bello y sereno busto clásico del que manaba sangre a la altura de uno de sus ojos. Pocas imágenes evocan con mayor fidelidad su ambigua condición, ésa que hace que olvidemos lo que no nos interesa y a veces recordemos incluso lo que nunca ha sucedido.

Hay una escena en Slumdog Millionaire (y no revelo nada que no se sepa desde el inicio) en el que Jamal Malik, el joven nacido en los suburbios de Bombay que acaba de hacerse millonario en un concurso televisivo de preguntas y respuestas, es jaleado en diferentes rincones de todo el país por una multitud enfebrecida que celebra el éxito del que ha pasado a convertirse en la representación viva de la esperanza. El chico analfabeto, una rata más perdida entre las cloacas de una de las megalópolis indias, el mendigo huérfano acostumbrado a danzar con la muerte para mantener su estacionariamente miserable existencia, ha triunfado. De golpe y porrazo se ha convertido en un héroe, en un símbolo, en la encarnación del hasta ayer conocido como “sueño americano”, en cuya onírica existencia ha empezado a creer todo el planeta.Hasta aquí la ficción. Pero el destino -un elemento que se torna central en la película- se muestra trágicamente irónico.
Cada año me coge más desprevenido la Navidad. Vamos, que su llegada de un tiempo a esta parte es inversamente proporcional a mis ganas de que llegue. Porque uno no pasa por la Navidad, sino que es ésta la que nos pasa por encima como una apisonadora. Y es que por ateo o agnóstico que se sea es imposible no terminar formando parte de ella. Es como pasar en Sevilla una Semana Santa. Por mucho que te escondas tarde o temprano terminarás con la ropa oliéndote a incienso y el ojo incrustado en la punta de un capirote (mejor ahí que en el pábilo de una vela, ¿no?).
“No hay nada que la gente no pueda ingeniárselas para elogiar, reprobar o encontrar una justificación acorde con sus inclinaciones, prejuicios y creencias”.
Molière.