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domingo, 9 de octubre de 2011

Hambre (¿y empacho?) de Jobs


Steve Jobs ha muerto. Y desde hace días no consigo escabullirme de esa nube de consternación y desconsuelo que se ha formado en torno a su figura. Los medios de comunicación no dejan de inundarnos con informaciones acerca de su biografía (cómo fue su infancia, qué le inspiraba, por qué se vestía de tal modo, cómo forjó un imperio, lo perdió y lo volvió a conquistar…) mientras que las redes sociales distribuyen miles de comentarios por segundo sobre su persona a lo largo y ancho de todo el mundo civilizado. Veo alrededor a cantidad de gente sensible, culta e inteligente afectada y no puedo evitar preguntarme: ¿por qué yo no me conmuevo? ¿Por qué no siento su pérdida como mía?

¿Me he vuelto insensible? ¿Es por no haber tenido un mac, un iphone, un ipad?

Steve Jobs era un genio en su campo. Dotó de realidad a lo que otros simplemente imaginaron. Cómo negar que su aportación en la evolución del ordenador personal, la creación del ‘mouse’ o aplicaciones como la pantalla táctil (entre las más de 300 patentes que llegó a registrar) han transformado nuestra cotidianeidad. Pero, sobre todo, Jobs fue un genio del marketing. Un tipo capaz de mantener en ascuas a millones de amantes de lo ‘último’, de dejar horas y horas a un montón de japoneses estampados contra un cristal esperando a que abrieran la tienda.

Pero, más allá de una serie de innovaciones tecnológicas deliciosamente empaquetadas, sigo sin descubrir qué nuevos caminos abrió Jobs a la raza humana. A cuántos de sus congéneres salvó de la zozobra. Qué preguntas trascendentales trató de responder. Cuántos audaces interrogantes dejó planteados. No, por mucho que me esfuerzo no veo en él a un Leonardo o un Einstein, puede que ni siquiera a un Edison, en todo caso un Bill Gates con más clase, a un Zuckerberg con más talento, un rey Midas, en definitiva, de los tiempos modernos, un gran héroe post.

Si tuviera una tienda de móviles, supongo que lo admiraría. Si tuviera un blog de tecnología lo admiraría. Si quisiera entrar en la lista Forbes lo admiraría. Incluso si fuera un simple autónomo lo admiraría. Qué demonios, no soy un geek, ni un nerd (y no sé si entiendo aún muy bien qué carajo sea un gadget) y no puedo evitar caer rendido ante lo que un solo hombre ha sido capaz de construir partiendo prácticamente desde cero. Pero, ya está.

Steve Jobs ha muerto y no consigo ver en el inventor, en el mago de las finanzas, en el maestro de la mercadotecnia, en la encarnación del sueño global/americano, en el para algunos verdadero "padre de mi generación", al genio redentor que a cada paso me encuentro reflejado. Mi dolor se dirige al hombre que murió joven después de luchar siete años con la muerte, a aquel de pensar sereno que ofreció una lección de vida en la célebre conferencia de Stanford y que ha dejado huérfanos a tantas millones de personas hambrientas. ¿De qué? Él lo supo.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Rumores lejanos (y letales)

Tiempos aquellos en los que el lector interesado debía mandar por correo postal una carta de un máximo de treinta líneas, acompañada de una fotocopia del DNI, si quería exponer su punto de vista sobre los asuntos que le interesaban o ejercer su derecho a réplica, y eso esperando por descontado a que el responsable de la sección decidiera incluir el comentario, lo que raramente sucedía, y en los pocos casos, eso sí, siendo previamente recortado por “motivos de espacio”, y todo para dar rienda suelta a su derecho a la libertad de expresión y sentirse ciudadano de pleno derecho.

Después llegó internet, el periodismo ciudadano, la web 2.0, la 3.0, el Valladolid 1-Real Madrid 0, y todo eso. Los tiempos, que habían cambiado.

Y del exclusivo, pasivo y unidireccional control de la información se pasó al multilateralismo nodal y a la interacción social polidimensional (guau, como analista de medios no tendría precio).

Pero una revolución de este calado debe cobrarse sus propias víctimas. El control ejercido por unos pocos (editores de periódicos, publicistas, programadores de televisión…) ha sido sustituido por algo menos definido, posmoderno, democrático, líquido, que diría Bauman, en ocasiones viscoso (esto ya es mío). Es el usuario como creador de información, como emisor y no mero receptor de contenidos, pero también como grano de pólvora capaz no sólo de ayudar a extender un rumor -algo en sí nada novedoso, recuerden el caso de Ricky Martin, la niña, el perro y la mermelada (el orden de los factores no altera el camelo)- sino de contribuir activamente a su difusión masiva a través de canales de repercusión universal.

Lo que en determinados lugares, y según qué particulares patrones culturales puede resultar letal. Es el caso de la bella actriz surcoreana Choi jin-sil, una celebridad en su país que decidió quitarse la vida después, entre otras desgracias personales, de que un infundado rumor sobre su persona fuese publicado en un chat.

El rumor –básicamente se la acusaba de ser una usurera y se la responsabilizaba del suicidio de un popular actor acaecido unos meses antes- prendió rápidamente entre cientos de miles de internautas que, si bien cortos, en absoluto perezosos –al menos para la cosa ésta de la calumnia on line- empezaron a lanzar ataques personales contra la joven.

Aunque la actriz negó todo reiteradas veces, no pudo resistir las acometidas de la enojada plebe chateadora y a principios de octubre pasado decidió poner fin a su vida colgándose de la ducha de su baño. Choi tenía dos hijos.

El caso de esta muchacha no es excepcional en un país que se considera a sí mismo como el más “conectado” del globo. Solo hay que recordar el caso de la popular cantante, Jun -quien se había ahorcado el año pasado en medio de insidiosas acusaciones de haberse sometido a diversas operaciones de cirugía estética-, para darse cuenta de que la “ciberviolencia” es un problema real, no meramente virtual, de la sociedad surcoreana. De hecho, sólo en 2007 se produjeron casi 200.000 casos, y aunque en la mayoría de estos no se llega a los extremos anteriormente reseñados, la combinación de este tipo de ataques con el extendido y particular sentido del “honor” que caracteriza a las sociedades orientales en general y a Corea del Sur en particular puede llevar con demasiada frecuencia a desenlaces mortales.

Estrellas del cine, la canción y la televisión, pero también ciudadanos corrientes están en el punto de mira. Y es que el correcto ciudadano se transforma en la Red, fruto de la impunidad que ésta proporciona, para convertirse en un moderno energúmeno de la era digital.

En Corea del Sur el debate está en la calle. Y los políticos están empezando a tomar nota. De nuevo, la dialéctica entre libertad de expresión y derecho a proteger el honor se dirime con la Red de telón de fondo. ¿Se deben poner más barreras, crear más filtros? Y de ser así, ¿quién modera al moderador? ¿Por qué Buroaga habría de resultar más neutral que mi primo el del butano?

En España, este asunto despierta menos interés. Estamos más entretenidos viendo si una cadena de televisión le cede imágenes (sus imágenes) a otra; o si, por ejemplo, un conductor de autobús que se ha descargado a través del e-mule una b-side de Camela para ser degustada a través del i-pod –y que, por tanto no puede evitar que los pasajeros de la primera fila también lleguen a escucharla a través de los auriculares- tiene que ir a la cárcel por pirateo con agravante de gusto dudoso o solo prestar servicios a la comunidad lavando los urinarios de la SGAE, para pararnos a observar si nos parece bien o mal que alguien, amparándose en el anonimato, ponga en duda el holocausto, insulte al autor de un artículo sobre los frutos subtropicales por no incluir a la caipiriña junto al aguacate o el mango, o se cague en tu árbol genealógico setenta veces siete porque no comparte tu visión sobre el concepto de “sociedad civil” en Marsilio de Padua.

Es lo que hay. Mientras tanto, multan a un profesor, con sus nombres y apellidos, y su DNI, por llamar "tonto indecente" a otro a cara descubierta. Y eso, que éste había llamado fascista a Federico García Lorca. Que ni siquiera se puede defender.

[artículo recomendado por soitu]

viernes, 7 de noviembre de 2008

El "cambio" no espera, al menos en internet


Tan claro lo tenía el equipo de Obama respecto a las posibilidades del candidato demócrata de salir elegido presidente que tenían preparado todo un gobierno de transición preparado de aquí a que el 20 de enero próximo el senador de illinois sea investido como presidente de los EE.UU.

El candidato del cambio no ha querido esperar más para enviar sus primeros gestos tras la victoria y ha escenificado en internet -canal que ha sabido utilizar como nunca ningún político antes como vía de contacto con simpatizantes y posibles votantes- su voluntad de renovación.

No habían transcurrido no 24 horas de su aparición en el Grant Park de Chicago cuando change.gov (la web del presidente 'electo') tomaba el relevo a barackobama.com, después de tan buenos servicios prestados. Es el cambio que va de ser candidato a presidente en capilla.

jueves, 2 de octubre de 2008

Pensamiento fósil

El mundo está lleno de iluminados, de personas que pretenden revelarnos una Verdad en medio de este caos de confusión, tinieblas y volatilidad en el que vivimos. Adnan Oktar es uno de estos autoerigidos. En su caso su Verdad trata de desmontar una gran Mentira, la que han concebido Darwin y sus epígonos evolucionistas para convencernos de que las especies no fueron arrojadas al planeta ahí, porque sí, con todos sus complementos ya de serie, sino que se han ido transformando lentamente librando su particular lucha por la vida durante millones de años. Menuda chorrada.

Oktar, toda una celebridad en su Turquía natal, no está dispuesto a dar su brazo a torcer. Como cualquier iluminado, no se mueve en el mundo de lo racional, si siquiera de lo razonable. Sabe que los caminos del Señor son inescrutables pero que al final todos parten o conducen a Él. Así, ha lanzado un órdago a los científicos de todo el mundo. Al primer darwinista que le presente un fósil de la etapa intermedia en el proceso evolucionario le ofrecerá un premio de diez billones de liras turcas (6,2 billones de euros o 7,3 billones de dólares). Una bagatela al lado de lo que supone desmontar uno de los grandes timos de la Historia, comparable a afirmar que la tierra es redonda, que el sol no gira alrededor del planeta azul o que el hombre tiene algo que ver en las causas del calentamiento global.

Para este creacionista musulmán, famoso por haber lanzado a nivel mundial y de manera gratuita un lujoso “Atlas de la Creación”, no existen fósiles que sirvan para apoyar las teorías de Charles Darwin. Vamos, que durante millones de años las formas de los organismos vivos no han evolucionado. En todo caso, hemos asistido a un gran Montaje, una especie de prueba divina que un puñado de ateos sin escrúpulos no han superado. A ellos, no cabe duda, les están reservadas las penas del Infierno.

Quizá todo esto no pasara de ser la excentricidad de un lunático si no viniera acompañada de hechos como los que recientemente acontecieron en Turquía, cuando un tribunal obligó a cerrar el acceso en este país a la web del científico Richard Dawkins a causa una demanda interpuesta por el mismo Oktar – que escribía bajo el pseudónimo de Harun Yahya-, en la que se quejaba de que Dawkins - divulgador científico con numerosas contribuciones a la teoría evolutiva, como “El gen egoísta” o “El fenotipo extendido”- le había insultado al permitir ciertos comentarios realizados en los foros y blogs de su web.

Dawkins, que ya había calificado en su web el “Atlas” de Okar- de “ridículo” y su contenido de “inane”, ha visto así cómo la corte criminal segunda de Estambul ha ordenado a Turk Telekom a bloquear el acceso a su página, no fuera a ser que cualquier internauta distraído terminara intoxicado a causa de las emanaciones de azufre.

No es, sin embargo, la primera vez que algo así sucede. De hecho, Oktar y los suyos consiguieron cerrar el 2007 el acceso a WordPress.com, alegando que los blogs ahí alojados contenían material insultante y algo parecido lograron con Google.

Sobrevuela así la pregunta de si estas sentencias vienen a salvaguardar el derecho al honor de algunos o a cercenar la libertad de expresión de otros, teniendo en cuenta el intenso debate en torno a la religión que la presuntamente laica Turquía está protagonizando en los últimos años. La eterna candidata a entrar en la Unión Europea está gobernada por un partido musulmán moderado y se debate entre quienes apuestan por propiciar un mayor acercamiento a Occidente (como el Premio Nobel Orhan Pahmuk) y quienes intentan convertir al país de setenta millones de habitantes en un nuevo bastión del fundamentalismo islámico. Todo, ante la atenta mirada de los militares, tradicionales vigías –curiosa inversión- de la normalidad laica y democrática del Estado.

Desde luego, noticias como las anteriores no hacen sino acrecentar los recelos de la ya repelosa Europa de cara a una posible integración. Aunque tampoco se trata de sembrar el pánico, o al menos de focalizar el problema en una región concreta. Todos recordaremos el papel que en los últimos tiempos han jugado a la hora de intentar imponer la enseñanza de sus creencias los creacionistas cristianos de Estados Unidos, el país más “libre” del mundo.

Los errores de unos, claro está, no enjuagan los de los otros. Todo lo más nos avisan de las amenazas de involución –nunca mejor dicho- que asoman aquí o allá. El próximo 12 de febrero se cumplen 200 años del nacimiento de Darwin. Su celebración puede ser una buena oportunidad para seguir levantando un muro de razón y conocimiento frente a las abatidas del pensamiento mágico.

Aunque, bien pensado, supongo que tal perspectiva resulta bastante ingenua. Como escribía Amos Oz: “el fanatismo es extremadamente pegajoso, más contagioso que cualquier virus. Se puede contraer fanatismo fácilmente, incluso al intentar vencerlo o combatirlo”.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Crisis y medios

Leo en la bitácora de Francis Pisani en soitu que de los 133 millones de bloggers que hay en el mundo sólo 1.5 son activos, esto es, únicamente un 1,1% actualiza al menos una vez por semana. Casi me siento culpable, pues en los últimos meses no he tenido precisamente una ratio muy superior. El trabajo, cierto agotamiento y unas merecidas (os lo aseguro) vacaciones (no sé exactamente por qué orden) me han impedido cumplir con lo que las más de las veces es un placer y de vez en cuando una auto-exigencia. A ese puñado de pacientes héroes que se pasean de vez en cuando por aquí, mis disculpas.

Está visto que la crisis económica mundial no termina de abrirse sobre nuestras cabezas. Al contrario, la incertidumbre -los economistas hablan de "volatilidad", palabra de resonancias poéticas que aplicada al dinero da bastante más miedo-, la incertidumbre, digo, se extiende como una sombra siniestra, como las que avanzan por el adoquinado de una película expresionista.

La crisis está acelerando a su vez, la revolución de los medios, quienes sí o sí han debido tomar conciencia no sólo de que estamos en un mundo nuevo, con nuevas reglas para la profesión periodística, sino de que igual que se acabó el petróleo barato, las empresas de comunicación tradicionales están obligadas a transformarse de arriba abajo, adaptándose a las posibilidades y necesidades de las sociedades avanzadas actuales, si no quieren ser barridas. El fenómeno no es tampoco nuevo (¿desde Hearst hasta ahora ha habido algún momento de "tranquilidad"?), pero la comunicación escrita no había experimentado un cambio tan profundo desde Gutenberg.

Juan Varela, responsable de periodistas 21 y voz autorizadísima en todo lo que tiene ver con la relación medios-tecnología, preparó para un foro celebrado recientemente en Argentina una ponencia en la que ofrecía algunas claves del futuro digital de la prensa, desgranando "los modelos de negocio posible y las necesidades de contenidos, profesionales y tecnológicas". Aunque lo que reproducimos no deja de ser un esquema, me parece sumamente útil como herramienta para un debate sobre el estado de la cuestión.

Digitalizar la prensa local
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P.S: Si alguien duda todavía de cómo la crisis se está cebando sobre la prensa escrita en los grandes diarios de nuestro país, el siguiente párrafo, extraído de un post más reciente del propio Juan Varela, les arrojará algo más de luz (o de oscuridad, según se mire): "Bajas incentivadas en El País. Recorte drástico de colaboraciones en El Mundo con un ajuste duro de personal en Unedisa en ciernes. La mitad de la redacción de La Gaceta afectada por la regulación de empleo. Zeta comienza su ajuste a la espera de un futuro tras su frustrada venta. Ajustes y recortes generales en la prensa regional y local".

Un solo dato nos da la medida del desastre: la media de la pérdida de publicidad en prensa durante los primeros seis meses fue de un 16,2%.

jueves, 22 de mayo de 2008

"Experience is the new reality"



¿Ciencia ficción o simple predicción? Desde luego, el contenido del vídeo (que descubro en el blog de Borja Ventura) no parece descabellado y deja en pañales muchos de los presupuestos sobre el futuro de la literatura o el cine fantástico.
Deja también en el aire algunos interrogantes: ¿está Google llamado a dominar el mundo? Y de ser así, ¿le importa a alguien?

miércoles, 19 de marzo de 2008

A tortas por el mando

A nuevos bienes, nuevos males. Esta expresión podría servir para definir algunas de las características de nuestras sociedades avanzadas. El ‘malestar en la cultura’ es el signo de nuestro tiempo. Nunca la felicidad pareció tan al alcance de nuestra mano. Pero al mismo tiempo, jamás la felicidad se nos antojó más escurridiza. Muchos autores llevan años devanándose los sesos a la hora de intentar aprehender la realidad humana en la era global, posindustrial, poscapitalista, o como quiera que se la llame. Uno de mis favoritos, el siempre crítico ensayista francés Gilles Lipovetsky ha dedicado su último libro a tratar de desentrañar las contradicciones de nuestro tiempo en La felicidad paradójica. ¿Su conclusión? Básicamente que, aunque no estamos en el mejor de los mundos posibles (pobre Leibniz, esta desacertada tesis te perseguirá toda tu muerte), podríamos estar peor.

Pero, ¿cómo no sentirnos inquietos ante la avalancha de noticias que a diario reproducen los medios de comunicación? No hablo ya de las guerras abiertas o silenciadas, de las andanadas nacionalistas, del holocausto (“sacrificio por el fuego”) medioambiental, o de la represión que los más fuertes ejercen sobre lo que menos tienen. Qué va, de hecho, el desencadenante de este “arrabal” parte de un titular más cómico que otra cosa. Decía así: “el mando de la tele provoca una de cada cuatro peleas entre las parejas españolas”. Es de risa, ¿no? Sobre todo cuando seguimos leyendo y descubrimos que son las mujeres quienes se muestran más posesivas con el aparatito que los hombres. Entonces pensamos en lo que Freud hubiera dicho de esto y soltamos, puede que acompañando el movimiento con un gesto obsceno, un par de carcajadas más.

Pero, al cabo de un rato, cuando hemos agotado los chistes, releemos el titular y pensamos: pero seremos cretinos. Lejos de lo que algunos sostienen, el amor no ha desaparecido mi mucho menos de nuestra esfera de pretensiones. Posiblemente en ninguna época anterior esta palabra se utilizó tanto y con semejante alcance universal. Tras el desprestigio que el concepto se ganó en los años 60-70 con la revolución sexual, el amor volvió a situarse en el centro de nuestras vidas. Vamos, que ni todos nos hemos lanzado a hacer camas redondas ad infinitum ni somos tan transgresores como pensábamos. Prueba de esto es el nivel de exigencia que este retorno del paradigma amoroso ha supuesto. El aumento del índice de divorcios, el crecimiento de las viviendas unipersonales, la creciente falta de compromiso entre las parejas no son síntomas de nuestro descreimiento en el fenómeno, sino precisamente los efectos de nuestra visión idealizada del amor. Que una de cada cuatro peleas de pareja sea por el mando a distancia sólo quiere decir que, tras la emancipación de la mujer, la secularización de la sociedad y el salto tecnológico - los cantos de la sirena de la publicidad se encargan de hacer el resto- no es que no aspiremos a conseguir un amor para toda la vida, sino que simplemente no soportamos que nuestras parejas no sean tan “perfectas”, como habíamos pensado.

Así que un poco de tranquilidad. Y cuando tu pareja quiera ver el Fashion y tú seguir un emocionante derbi de la segunda división eslovena lo mejor que puedes hacer es comprarte otra tele. Amar es compartir, ¿no?

lunes, 17 de marzo de 2008

¿Quieres montar el primer sencillo del último disco de REM?

La tecnología avanza que es una barbaridad. Y si no que se lo digan a la industria del ocio, y en particular al campo de la música. Mientras unos tratan de ponerle puertas al campo, y otros nos gravan (y nos graban también) con impuestos por ser unos niños malos (aunque haya quien no lo sea) grandes y pequeñas bandas se incorporan, ahora sí con mayor fe -pobre Teddy, es normal que no se entere de la misa la mitad con tanto avance-, a la promoción vía Internet. Artistas como Prince o Madonna hacen tiempo que no le hacen ascos a esta novedosa forma de vender su música. Radiohead, por ejemplo, consiguió aumentar sus ingresos vendiendo su último álbum en la Red a un precio inferior al que hubiera supuesto su venta en la tienda. Y ahora, los R.E.M. que siempre han sido unos modernos preparan en la web el lanzamiento de su próximo álbum, Accelerate, que saldrá a la venta este 31 de marzo. Para ir haciendo boca, primero colgaron el audio del primer sencillo en su web, y después hicieron lo propio con el vídeo.

Hasta aquí nada fuera de lo normal. Sólo que Stipe y cía. querían hacer algo diferente después de una racha de viodeoclips no demasiado afortunada. Así que contactaron con Vincent Moon, uno de los directores de la Blogotheque y éste les proporcionó el revulsivo que andaban buscando.

A primera vista parece que nos encontramos ante un sitio web en el que se recogen algunas actuaciones de R.E.M, en diferentes lugares (el Lower East Side de Nueva Cork, la furgoneta, el estudio…). Pero, en realidad, se trata de un total de 12 vídeos de una misma canción. Pero, además, si el usuario pincha en el interrogante de la esquina inferior derecha, podemos descargarnos todo el material para “compartir, remezclar o reusar” –como nos advierte el propio Moon. Una vez editados los vídeos –primero hay que registrarse- la idea es que los subamos a un canal de Youtube donde podrán ser compartidos con quien lo desee.

Original, ¿verdad? Seguro que muy pronto veremos cosas parecidas en el cine o la literatura (aunque, bien pensado, Cortázar ya lo hizo, ¿no?). En tiempos de customización y del 'hazlo tú mismo', el usuario tanto puede montar su salón comprando sus muebles en Ikea como hacer el montaje del espectador o del lector. Otro tema es que al final la cosa quede bien.

Yo, por si acaso, me quedo con una de las versiones "hechas". Ya si eso, en otro momento, igual me atrevo. Por cierto, temazo.


viernes, 15 de febrero de 2008

Las 'honeydolls'


El gran sueño del hombre, hablo del varón, no del ser humano en genérico, está a punto de convertirse en realidad. Y todo, cómo no, gracias a los últimos avances tecnológicos. ¿De qué creen que puede tratarse? ¡Pues de sexo a voluntad las 24 horas del día, los siete días de la semana! Lo que Dios no pudo, o no se atrevió a hacer, lo va a hacer posible la cibernética. No es ciencia-ficción. Expertos como David Levy, autor de Sexo con los Robots: la evolución de las relaciones Humanos-Robots, afirman que será posible a mediados de este siglo al ritmo que marchan los avances en inteligencia artificial.

Pero no se desanimen. Pese a que los progresos alcanzados en la reproducción de los músculos y los movimientos, así como en la imitación de emociones ‘humanas’, todavía no son ni mucho menos definitivos, no habrá que esperar tanto. De un tiempo a esta parte, el desarrollo de la compañera perfecta, bella, sumisa y gentil, ha dado saltos espectaculares. Un ejemplo lo podemos encontrar en la página www.honeydolls.es, de la empresa japonesa Axis, donde ya para el público español se puede conseguir el primer robot sexual femenino en sentido estricto.

La filosofía que ha impulsado a estos auténticos benefactores de la humanidad es muy clara: “¿Te sientes solo? Con ellas nunca tendrás esta sensación. ¿Deseas una sonrisa y un beso? Ellas te darán una sonrisa encantadora y un beso apacible, y si quieres… algo más. ¿Tienes una fantasía inusual? Con ellas puedes realizarlas. No comen, no enferman, no protestan…, se dejan hacer de todo y a un módico precio.” Admirable.

Ya sea en las versiones ‘hentai’ o con rasgos occidentales (que el amor ya se sabe que es ciego), las dulces muñecas nos invitan a compartir un paraíso de delicias sin fin. Sus inmarcesibles rostros angelicales, sus sensuales faldas de colegialas, la promesa eterna de su piel, no tienen parangón dentro del género humano. Olvídense de esos cascajos de muñecas sin dedos, con pelucas platino y bocas recauchutadas en congelada espera de la era industrial. ¡Si hasta raspaban! El verismo de las ‘honeydolls’ supera toda previsión. Tanto como sus atributos físicos (donde domina el prominente busto que “reproduce con total fiabilidad la flexibilidad y suavidad del pecho de una mujer real”) y sonoros (con sus cuatro excitantes tipos de jadeo). La empresa nos asegura, además, que son extremadamente flexibles, aunque sabiendo mantener la necesaria firmeza en cada lance de amor, ideales para el sexo oral en virtud del material especial de los labios, resultando, por si fuera poco, la vagina fácilmente desmontable para su limpieza. Y sólo es el principio.

La ‘honeydoll’ es la promise land masculina, pero aquí y ahora. Se acabó el miedo al rechazo, la sensación de fracaso, el temor a no estar a la altura. Se acabaron las interminables e irrelevantes conversaciones, la impostura de la igualdad, los ya-no-me-quieres-como-antes. Porque, además, ¿quién dijo que así desaparecen los sentimientos? Se puede amar a una robot tanto como a una mujer. Qué demonios. Puede que más. Su actitud solícita, su frescura, su saber estar son arrebatadores. Nunca oiremos de ellas un reproche. Ni un jadeo más alto que otro. Y es que, según cuentan, se hacen de querer las jodidas.

¿Están preparados para el futuro? Porque yo no.

miércoles, 23 de enero de 2008

El libro futuro

Desde hace algunos años estamos asistiendo a un curioso debate en torno a la irrupción del llamado "libro electrónico". De forma general, se han creado dos frentes compuestos, por un lado, por aquello "apocalípticos" para quienes tal aparición vendría a darle la puntilla a cierta forma de cultura escrita, predominante desde la aparición de la imprenta -con todo lo que ello traería aparejado de deterioro y decadencia- y, por el otro, por el grupo de los "integrados", quienes, lectores habituales o no, ven en este fenómeno el triunfo definitivo del nuevo paradigma informático sobre la cultura anacrónica que representa el libro impreso. Vencer al contrario en su propio terreno.

Desde luego, el desarrollo del libro electrónico parece imparable, y a mi juicio, tiene aparejadas más ventajas que inconvenientes, como trataremos de observar. Para ello es necesario distanciarse en la medida de lo posible de nuestro objeto de análisis, lo que supone dejar a un lado prejuicios de cualquier tipo, y situar el fenómeno en su proceso histórico. Esto, por ejemplo, es lo que Félix Sagredo Fernández y Mª. Blanca Espinosa Temido intentaron hacer casi la friolera ya de diez años (¡la prehistoria en la era informática!) en un artículo en el que abordaban detenidamente esta cuestión: "Del libro, al libro electrónico-digital".

Entre otros argumentos a favor del "libro electrónico", y con la intención de superar determinadas barreras que podríamos llamar sincrónicas, estos profesores trazan una analogía con el "éxito" que obtuvo el libro después de Gutenberg, "al recoger una serie de modalidades ergonómicas que lo identificaron con el hombre y lo hicieron una extensión de sus mismos sentidos. Qué son, cubiertas y hojas, -dicen- sino una especie de fruto del gran árbol del conocimiento que, con sus ramas, manos en cierta sentido, nos presenta ese mismo fruto que el intelecto contempla, consume y disfruta, mientras lo sostiene con cariño quasi reverente. Hasta a veces le trasmitimos esa misma indirecta veneración, al traspasar a sus páginas con los dedos, como un ósculo el húmedo tacto de nuestra lengua." Si la humana es fundamentalmente una cultura del cerebro y de la mano es normal que tras 500 años de íntima relación a muchos nos parezca tan ajena la vida de un ser humano sin libros, como para un pez resulta inviable la vida fuera del agua.

Sin embargo, los autores del artículo están en lo cierto cuando afirman que "la cultura y la civilización están en continuo devenir". Y hoy en día ya estamos haciendo esa transición con otro "objeto", más frío, si se quiere, pero que ejerce sobre nosotros una enorme fascinación: la pantalla. "Esa pantalla que convive con nosotros, que nos sirve universalmente para trasmitir ideas, cultura, creación y conocimiento; y sin la cual nuestra vida, en estos precisos momentos, quedaría frustrada y truncada en muchos de sus aspectos; porque nos es tan vital o más que la misma lectura."

¿Exagerado? Me temo que no. En un artículo aparecido en el último Cultural de El Mundo se hablaba de la actual coyuntura en estos términos: "Hoy más que nunca arde la vetusta Biblioteca de Alejandría y resulta urgente comprender los mecanismos, las rutas, de las nuevas y virtuales salas en las que nos adentramos." Una vez nos ponemos a leer las opiniones de los autores y editores consultados, nos percatamos de que buena parte de los actores del mercado tradicional del libro aún no se ha dado cuenta de la revolución que tenemos a la vuelta de la esquina. Quizá porque no creen en ella, o quizá porque -como ese editor que ni siquiera sabe mandar un e-mail, pues le dicta las cartas a su secretaria- no se enteran. Pero, al margen de esto, cada vez menos dudan de que el libro electrónico ha dejado de llamar tímidamente a nuestra puerta para colarse en la sala de estar. Y lo ha hecho para quedarse.

Un ejemplo muy claro de la moderna fe en el Progreso que ofrece el libro electrónico nos lo ofrece un autor que viene profundizando desde hace años en este terreno. Se trata de Cory Doctorow, responsable de boing-boing, quien en una disertación a este respecto ("Libros electrónicos: ni libros, ni electrónicos", traducción de Javier Candeira) hace una encendida defensa de este dispositivo.

Doctorow, parte de dos "certezas": 1) Más y más gente está leyendo más palabras en más pantallas cada día; y 2) Menos y menos gente está leyendo menos palabras en menos páginas cada día. No estamos, pues, en el ámbito de lo hipotético sino radiografiando la realidad actual.
En este sentido, Doctorow, en sintonía con los anteriormente citados, está convencido de que el libro, esencialmente, es una "práctica" y no un "objeto", lo que es un concepto bastante "radical". Reconoce, que "los libros electrónicos no ganan a los libros de papel en cuanto a tipografía sofisticada, no están a su altura en cuanto a la calidad del papel o al olor de la cola". Pero, a su vez, destaca sus limitaciones: "intenta mandarle un libro de papel a un amigo que vive en Brasil, gratis, en menos de un segundo. O cargar mil libros de papel en un dedal de memoria flash que llevas enganchado al llavero. O buscar en un libro de papel cada aparición del nombre de un personaje para encontrar un párrafo querido. Demonios, intenta copiar un párrafo lúcido y conciso de un libro de papel para ponerlo en tu firma de correo."

Doctorow no es un "integrado" al uso. Proviene de una cultura libresca. Reconoce poseer 10.000 ejemplares repartidos en dos bibliotecas. "Ahora bien -afirma-, tanto como me gustan los libros, me encantan los ordenadores." Y así se detiene a comparar la revolución actual con otras producidas en épocas precedentes. "Los ordenadores son fundamentalmente diferentes de los libros modernos, del mismo modo en que los libros impresos son diferentes de las biblias monásticas (…). En aquel tiempo, un "libro" era algo producido durante muchos meses de trabajo por un copista, normalmente un monje, sobre un sustrato duradero y sexy como la piel de feto ovino." La fotocopiadora de Gutenberg alteraría todo aquello. Copias en minutos, nuevas texturas, mayor accesibilidad, democratización progresiva del libro, al fin y al cabo.

"Olvidémonos de todo ese asunto de que el modelo de copia de Internet es más disruptor que las tecnologías anteriores. Por el amor de Dios, los artistas de vodevil que pusieron un pleito a Marconi por inventar la radio tuvieron que pasar de un régimen en el que tenían el cien por ciento de control sobre quién podía entrar en un teatro y escucharles actuar a un régimen en el que tenían el cero por ciento de control de quién podía comprar o fabricar una radio y sintonizar una grabación en la que ellos actuaban. Por las mismas, comparen una Biblia manuscrita y una Biblia de Lutero; junto a ese cambio de fase, Napster es una nadería."

De momento, algo que ha impedido en la práctica una mayor profundización es la ausencia de un prototipo ideal de libro electrónico que pueda suplir esas cualidades "materiales" del libro que conocemos. Existen numerosos ejemplos de estos dispositivos de e-book, el iLiad (fabricado por una filial de Philips), el Reader de Sony, el HanLin eBook, el STAReBOOK STK-101, el Bookeen Cybook y ahora el nuevo Kindle, producto de Amazon. Este último, en concreto, había levantado una euforia que fundadamente algunos se han encargado de apagar (xataka, alt1040.com ...).

Pero, que a nadie le quepa duda de que esos modelos electrónicos capaces de rivalizar con los actuales, orgánicos, llegarán. Y no tarde.

Mientras eso sucede, los "apocalípticos" siguen moviéndose en sus propias contradicciones. No prescindirían de sus equipos de alta fidelidad, de sus potentes ordenadores, de sus navegadores, ni por supuesto de los escáneres de los hospitales. Pero ven en el libro impreso la última frontera. Ya no se trata de mantener los ricos códices. Estos no serían más que los generales de la guerra que se está librando al frente de ejércitos compuestos en su mayoría por la soldada que representan los libros de bolsillo. Se trata, aseguran, de salvar la Cultura. Su idea de Cultura, claro.

Si nos ponemos puristas, los códices eran "mejores" que los libros impresos, los gramófonos y la radio netamente "deficientes" ante un buen recital, ver películas en DVD "menos" excitante que hacerlo en una gran sala de proyección, pasar las láminas de un tomo de Arte "incomparable" con pasear por el Prado. Pero, como señala Doctorow esto "no quiere decir que los viejos medios mueran. Los artistas siguen haciendo manuscritos iluminados, los grandes pianistas siguen subiendo al escenario del Carnegie Hall, y los estantes siguen repletos de reveladoras biografías de músicos, más detalladas que ningún folleto del interior de un disco. "

Sin embargo, lo que no está tan claro todavía es que la experiencia lectora sea "peor" en un libro de papel o en el digital. Será quizá peor en unos sentidos que en otros. A mí personalmente la posibilidad de poder disponer en un mismo aparato de, por ejemplo, la obra completa de un autor, descargarme en segundos los volúmenes que me apetezca, pasar los textos que me interesen a mi ordenador personal, aumentar o reducir a placer la fuente del texto (o cambiársela), o de las imágenes, no me parece un escenario dramático. O desde luego, menos traumático que saber que en dos o tres décadas los volúmenes que ahora compramos se habrán convertido en un mazo de serrín deshilachado. Reconozco que hasta fecha muy reciente, era realmente escéptico ante las bondades de muchos de los nuevos sistemas de comunicación, incluido el libro electrónico. Pero desde que tuve la oportunidad de ver el cortometraje francés '¿Possible ou probable?', mis viejas resistencias se quebraron.

Algo me dice en el fondo que esto no está bien. Un prejuicio de "apocalíptico". ¿O un prejuicio de clase? Al fin y al cabo, mi biblioteca personal contribuye a reforzar mi estatus. E incluso mi patrimonio.
No lo sé. Pero, de lo que no me cabe duda es de que todo esto me resulta apasionante.


jueves, 29 de noviembre de 2007

La Red y los videojuegos tiran del mercado del ocio

Pues sí. Ya nos lo imaginábamos. Pero los datos vuelven a confirmar esta certeza: las nuevas tecnologías –con Internet como cabeza de lanza- están poniendo patas arriba el mercado de la comunicación y el ocio, tal y como lo habíamos conocido hasta hace unos pocos años. Según un informe publicado por PriceWaterhouseCoopers, en 2008 sólo el acceso a la Red y el sector de lo videojuegos crecerá por encima del 10%. En concreto, el gasto por acceso y publicidad en Internet se verá incrementado el año que viene en un 15,3%, por un 10,6% de los videojuegos. Y las previsiones para España no resultan menos elocuentes. En nuestro país el informe otorga a la televisión de pago un incremento de mercado cercano al 20%, por un 15% de Internet y un 9,4% de los juegos para consolas y ordenadores para el periodo 2007-2011, de lo que se deduce que prácticamente la mitad del crecimiento total del sector durante los próximos cinco años estará debido a las tecnologías digitales y móviles.

El mercado publicitario y el gasto en acceso a Internet generarán de este modo casi 60.000 millones de euros, gracias en buena parte a la influencia de uno de los factores decisivos en esta tendencia, como son las ofertas “triple play”, es decir, aquellas que incluyen conexión a la Red, teléfono y televisión.

Pero uno de los campos en los que se notará de forma más importante “el factor Internet” será el de la industria discográfica. En los próximos años sufrirá un descenso medio de 1,1% anual, hasta los 6.947 millones de euros de beneficio. El mayor descalabro se producirá en las ventas de CD, que bajarán un 7,5% de media hasta 2011. ¿Supone esto un agravamiento en la tan traída “crisis” del sector? Según se mire. Porque las descargas de música por la Red subirán un 57,9% de media anual hasta 2011, de modo que el efecto de la piratería seguirá siendo un elemento dañino pero afectará más a la distribución en soporte físico que a la industria musical en general.

Por su parte, la distribución de libros y prensa tradicional (2,3% y 2,2% respectivamente) y la cinematográfica (4,5%) verán descender su cuota de negocio a causa de las nuevas tecnologías. Y en el último de los casos citados también se vuelve más compleja. Las salas de proyecciones digitales –que aumentarán de las 400 actuales a las 6.000 que se esperan en 2011- y la alta definición serán fundamentales. Las primeras, además, abaratarán los costes de distribución, lo que habrá de permitir un crecimiento de los ingresos por venta en taquilla. Además, las descargas legales generarán beneficios mayores que hasta ahora. Pero, sin duda, será el mercado de los videojuegos, en franca expansión, uno de los sectores clave dentro de la industria del ocio en los próximos tiempos. En España, este mercado ya es el quinto de Europa y una cuarta parte de los hogares del país cuentan con una consola. Las nuevas “evoluciones” (Xbox 360, de Microsoft, Wii, de Nintendo, y PS3, de Sony) serán su principal impulsor y provocarán que la demanda de videojuegos crezca un 6,3% anual.

La consecuencia de todo esto, aparte de los sustanciales cambios que para el mercado en general las nuevas tecnologías están introduciendo, es que se ha creado una clase de nuevos ricos ligados a estos sectores. Sin ir más lejos, el presidente de Apple, Steve Jobs, encabeza la lista elaborada por la revista estadounidense Fortune de los 25 empresarios más poderosos del mundo, mientras que el magnate de la comunicación Rupert Murdoch se posiciona en segundo lugar. Cómo no, los fundadores de Google, también están muy arriba, en concreto cuartos, tras haber revolucionado el mundo de la publicidad a través de su motor de búsqueda. Bill Gates, el “probe”, sólo es séptimo y en mi pueblo dicen que ya lo han visto vendiendo copias piratas del Windows Vista por los mercadillos.


Los 10 más poderosos

1. Steve Jobs. Apple.

2.
Rupert Murdoch. News Corp.

3.
Lloyd Blankfein. Goldman Sachs.

4.
Eric Schmidt, Larry Page, Sergei Brin. Google.

5.
Warren Buffet. Berkshire Hathaway.

6.
Rex Tillerson. Exxon Mobil.

7.
Bill Gates. Microsoft.

8.
Jeff Immelt. General Electric.

9.
Katsuaki Watanabe Toyota.

10.
A. G. Lafley.Procter & Gamble

jueves, 8 de noviembre de 2007

Clarin.com o el nuevo periodismo

Primero fue la Imprenta. Después vino Internet. Tal vez dentro de diez o quince mil años resuman así la evolución de la comunicación en las primeras etapas de nuestra era –que posiblemente no exista siquiera como tal. A los que nos dedicamos a la comunicación, incluso a los que lo hacemos en el ámbito local la actual revolución tecnológica nos lleva como en volandas. Al periodismo, que durante unos pocos siglos sólo se había visto alterado –en niveles irrisorios si lo comparamos con la actualidad- con la aparición de la fotografía, no lo reconoce ya ni la madre que lo parió. Y aunque el nuevo, el que estamos inventando no sea la panacea, a pesar de que la pluralidad de miradas y voces, en suma el aroma a fresca libertad que irradia no sea tan verdadero como pudiera parecer, no podemos negarle el hecho de que abre posibilidades casi ilimitadas y hasta hace nada impensables a quienes lo hacen y a quienes lo disfrutan, extremos antaño antagónicos que hoy con frecuencia se entrecruzan. Por esta vez no me enrollo más. En realidad lo que quería era enseñaros, si aún no lo habéis visto por ahí, ya que es un vídeo que está teniendo un amplio recorrido, cómo funciona la edición digital de un gran diario. Es la del rotativo argentino Clarín y resume en buena parte lo que unas líneas más arriba trataba de exponer.


 
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