lunes, 9 de junio de 2008

Chafón

Reconozco que no he leído La sombra del viento, la famosísima obra de Carlos Ruiz Zafón. No es que me sienta orgulloso de esto. Simplemente, no lo he hecho. Como tampoco ha caído en mis manos Los pilares de la tierra, El Código Da Vinci o La catedral del mar. No me producen curiosidad, más bien pereza. Y no atribuyo mi falta de entusiasmo a un criterio aristocrático que prejuzga a los best-sellers por el mero hecho de serlos. En esta misma columna he hablado de libros que me han gustado muchísimo, al tiempo que se vendían por cientos de miles: La Carretera, de Cormac McCarthy, sin ir más lejos.

Pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que a Zafón, por mucho que me quede al margen de ciertos corrillos -qué se le va a hacer- no lo voy a leer. Ahora con más motivo. Y todo por una entrevista que le leí al popular escritor hace unos días en El País. El titular, que recogía una de las declaraciones del autor de El juego del ángel, su última novela (un millón de ejemplares vendidos en cinco semanas), esta vez sí, me atrajo totalmente. Decía: “Aquí [por España] la literatura es un gueto de mediocridad y pretensión”.

El título sólo era un aperitivo de lo que iba a venir después. Porque en la página y media de conversación con un hombre que se extraña de que haya quien lo considere “distante y arrogante”, vemos desplegarse en toda su grandeza al escritor español de moda. Un tipo, cuya obra puede ser buena o mala -no seré yo quien lo diga-, pero que desde luego no peca de inmodestia. Después de haber protagonizado el mayor lanzamiento que un escritor ha recibido en la historia del mercado del libro español, Zafón tiene el mérito indudable de afirmar que en esta novela ha nadado contracorriente y que, al recoger elementos del género fantástico y negro, ha tomado “la decisión menos comercial que podía tomar”. Que ha saltado sin red.

Su concepción de la literatura debe mucho a su faceta como creativo de publicidad y guionista, lo que de por sí no tiene nada de criticable, pero esto le lleva a asegurar que “los personajes deben definirse a través de sus acciones y sus palabras, no echando un rollo patatero en un párrafo inmenso”. Vamos que Hugo, Flaubert y Proust eran unos muermos insufribles. ¿Dónde está, pues, la calidad, aparte de en su propia obra? Pues en la televisión, “donde se da cita la gente profesional sin pretensiones ni pedantería ni pose [lo dice él, que parece sacado de un cuento de Poe], la que de verdad sabe construir personajes e historias, o sea, los que de verdad saben escribir”. Le falta decir que al lado de ‘Yo soy Bea’, Virginia Woolf es un bodrio. ¿Exagerado? Qué va. Para él, la tele actual, la de ‘Aída’ y ‘Los hombres de Paco’, es “equivalente a las cuadras de Shakespeare”.

La tele y sus libros son la excepción. Ya que, según Zafón, “En España vivimos en la burocratización, mediatización [no tiene precio] y mediocrización de la cultura”. Síntoma de esta situación es que la industria del libro debe modernizarse, como en Estados Unidos, donde reside y donde debe ver nuestra televisión por internet. Pero, gracias al diablo, en su caso, que hay cosas que van para mejor y, de este modo, por fin ha desaparecido la figura del “librero independiente pequeño muy esnob.” Ya saben, ése que vendía poesía, libros raros y traducciones de novelas de escritores del este. Cosas de mala calidad si las comparamos con una buena novela como las que sabe hacer el señor Zafón.

No le importará perder un lector.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Al contrario, creo que le encantará perder a un lector como tú, esnob, cargado de prejuicios y que pega sermones sobre lo que no ha leído y con orgullo, y encima lo basa todo en una "entrevista" que el propio autor ha desautorizado porque asegura no reprodujo sus palabras y se adulteró con mala leche para precisamente provocar a bobos como tú. Enhorabuena. Si yo fuese escritor, tampoco me gustaría tener lectores como tú.

http://apocalipticoseintegrados.blogspot.com/ dijo...

Estimado anónimo:
Si te hubieras tomado la molestia de leer el post sin anteojeras te habrías dado cuenta de que, como advierto, en ningún momento critico la obra de Ruiz Zafón. Mis superpoderes no llegan hasta el punto de poder hacerlo sin leerla.
Por otro lado, ¿qué eso de desautorizar la entrevista? ¿Cómo que no dijo lo que dijo? ¿Y por qué tendríamos que creerlo a él y no a un redactor del medio escrito más prestigioso de España? ¿No será que se ha dado cuenta de que se ha pasado tres pueblos y ahora pretende recular?
Ah, y por último, si defender la -para mí, claro- buena literatura te convierte en un snob, pues lo seré. Pero de esos peligrosos que ni siquiera insultan.

El pecador de la pradera dijo...

Pues yo creo que un tipo o tipa anónimo no tiene mucho que decir más que su propia cobardía a registrar su e-mail. Recibir anónimos siempre es desagradable, porque cualquier miserable puede insultar tranquilamente tras su parapeto desconocido.
Yo sí he leído a Zafón y reconozco su capacidad narrativa. Poco más. Incluso, si me apuran, reconoceré que La sombra del viento es un libro entretenido. Pero no es de su capacidad literaria de la que habla el apocalíptico, sino de la sucia pedantería y errática filosofía de Zafón, que dice en la entrevista que la tiene más grande que nadie y que después de yo, nadie.
A ver si aprendemos a leer con los ojos abiertos antes de criticar un artículo. Eso sí, me da que el apocalíptico es un poco esnob, como dice mister desconocido: ¡¡¡¡mira que rajar de dios Zafón!!!
¡¡¡Cómo se le ocurre!!!
Zafao, me quedé.

apocaliptico dijo...

Estimado Pecador: Es verdad, he actuado de forma irreflexiva y ahora me expongo a que me desollen las huestes zafonianas. Pero, vamos, que usted tampoco va a salir muy bien parado con eso "de la sucia pedantería y errática filosofía". Vayas pensando en exiliarse en algún país de ciudadanos esnobs y cargados de prejuicios. ¿Qué le parecería Islandia?

El pecador de la pradera dijo...

A Islandia desterraban a los no adaptados al sistema feliz en la novela de Huxley. Allí purgaban sus penas por no saber adaptarse a un sistema donde la gente era condicionada para ser feliz y pensar como todos, hacer lo que todos, comportarse como todos... y leer los mismos libros (y entrevistas) con el mismo espíritu crítico, o sea ninguno.
Me apunto a exiliarme voluntariamente a esa isla siempre y cuando me eviten comentarios de gente que se ampara en el anonimato para insultar. Sólo eso. Ah, y que me dejen decir lo que pienso sobre las entrevistas de Zafón.
Creo, además, que a usted le gustaría exiliarse conmigo.

 
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