jueves, 9 de abril de 2009

Mari Trini, mi madre y la memoria

Ha muerto la Édith Piaf española. Casi sin hacer ruido. Olvidada. Angustiada. Deprimida. Sola.

La murciana hacía mucho que había visto declinar su estrella, tal vez atrapada entre los ramajes de un jardín que hacía mucho que había visto secarse sus últimas flores. Pero ha tenido que irse, con apenas 61 años, para que quienes amamos la música popular nos demos cuenta de lo que supuso su figura.

Cuentan quienes la conocieron, que Mari Trini era “tremendamente suya”, un ser reservado, esquivo, celoso de su intimidad y también de su propia música. “Nadie más que ella interpretó sus canciones”, afirman con sorpresa quienes no entienden que haya artistas que no están dispuestos a ver cómo otros le ponen imágenes a sus novelas, cantan sus poemas o versionan sus canciones; en definitiva, que apartando la más que golosa rentabilidad de este tipo de transacciones, no admiten que nadie se interponga entre ellos mismos y su arte.

Quién sabe. Puede que fueran esos seis años que permaneció de niña atada a una cama a causa de una grave enfermedad, y que terminarían dándole ese aire tan característico, casi canallesco. A lo mejor tuvo algo que ver ese temple murciano, proclive a la circunspección, esquinado, de hombres enjutos y mujeres de madurez precoz. Quizá fuese solo una cuestión de genes. El caso es que ya desde muy joven, compañeros como Luis Eduardo Aute, con quien colaboró en sus inicios, pudieron constatar el temperamento a la vez discreto y apasionado -rasgos que, lejos de lo que se suele creer, no son en absoluto contradictorios- de una artista inconfundible que estaría llamada a firmar algunos de los trabajos más importantes de nuestra música en los años 70.

Y es cierto. No hacía falta saber nada de la vida de Mari Trini -vida que en lo profesional nos ofrece curiosos golpes de azar, como el hecho de que Nicholas Ray la descubriera en Madrid y decidiera representarla, pero que ella custodió pretorianamente en el terreno personal-, para descubrir un cierto desequilibrio interno, un malestar, un desasosiego que le conferían algo así como una aureola de drama. Esto explicaría su temprana muerte. El hecho de que hiciera meses que ni sus más íntimos consiguieran ponerse en contacto con ella. El desconocimiento acerca de las causas de su fallecimiento. El olvido al que ya en vida -y pese a algún tibio homenaje como el que la SGAE “generosamente” le rindió por sus más de diez millones de discos vendidos- en este país de rácanos, peluseros y desagradecidos la habíamos condenado.

Con Mari Trini se va también un pedazo de nuestra biografía, de quienes crecimos con ella cuando descollaba en el panorama de la música española antes de que la “movida” la barriera para las nuevas generaciones. En mi casa teníamos un disco de ella, una placa, que decíamos entonces, que incluía la mítica “Una estrella en el jardín”. La recuerdo sonando una y otra vez en el viejo Toshiba que nos compró mi padre, un incombustible aparato de radio que casi tres décadas después aún sigue dando guerra.

En lo que hoy llamaríamos el playlist de mi casa Mari Trini se turnaba, previo shuffle manual, con Camilo Sesto, Rocío Dúrcal, Mari Fe, la Jurado, Juan Pardo o Isabel Pantoja. Pero a mí Mari Trini me gustaba especialmente. Tal vez me cayera simpática porque veía en ella algo así como una paisana (aunque yo hubiera nacido ya en Andalucía). Nunca tuve la oportunidad de preguntarle a mi madre, tan coplera, por qué le gustaba Mari Trini. Desgraciadamente, ahora ya sé que nunca podré preguntarle a Mari Trini qué secreto escondía su voz para que le gustara tanto a mi madre.

[artículo recomendado por soitu]

1 comentario:

tarsicio dijo...

Era una grande si, casi oculta pero brillaba con luz propia.
tambien estuvo presente en mi casa en la niñez... tendria algo especial, quizas fuera esa forma de cantar con pasion e inocencia que estos tiempos actuales ya no comprenden.
me voy a permitir enumerar algunos otros musicos que fueron la banda sonora de mi infancia:
mercedes sosa, juan pardo (tambien), los calchakis,el recopilatorio llamado poetas en nueva york, manzanita, violeta parra, sabina, olga manzano. etc.

saludos

 
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